Concierto Salduie y Ekyrian (25/06/2022 – Sala Independance, Madrid)

En pleno éxodo “Madrid-metalero” hacia tierras de promisión festivalera y vacaciones playeras. El sábado 25 de junio, en la Sala Independance se produjo una sin par invasión de bucaneros e Iberos que atrajo masas de fieles seguidores, propiciando un magnífico botín. Perdón, quiero decir, taquilla. No es que no cupiese un grumete, pero ¡vive Dios, que había gente!

La sesión comenzó a su hora (ya sabemos cómo se las gastan en estas salas), eso sí, ya con el grueso de la parroquia dentro, deseando ver a los teloneros, Ekyrian. Tardaron poco en encontrar su ecualización, apenas el primer tema que fue El Aprendiz, con su estribillo, muy pegadizo, que enganchó al público desde el minuto uno. Sin casi saber cómo, estábamos en el segundo tema y podías notar el aliento del compañero de detrás canturreando las letras y con las pupilas dilatadas disfrutando de un comienzo trepidante.

La tercera fue La Travesía del Navegante, avanzando por el álbum Más Allá de la Tempestad. Fue coreada por toda la sala que seguía el ritmo rompiéndose las manos para dar palmas. Ahí comenzaron algunos problemas de sonido cuando dieron más caña. Se llegó a apreciar por unos momentos, un poco roto el sonido del bajo. Hubo un mínimo descanso para recordar el vigésimo quinto aniversario de Saurom y ¡hala! vuelta a las hostilidades.

Se marcaron Estrella sin Luz, que resultó un momento muy emotivo y emocionante. Manos en alto sin ningún atraco de por medio y los problemas de sonido ¿qué problemas de sonido? se esfumaron. Vale, no sonó como los cabeza de cartel, pero en todo momento hubo agilidad para resolver los inconvenientes. Seguimos la travesía. Las palmas arrastran a la banda que se ve cómoda en el escenario. Arriba y abajo, todos disfrutan. Divisamos, en la más brumosa lontananza, el final de la actuación. Por entre las luces más azules comenzamos a otear Más allá de la Tempestad. El archiconocido tema, que da nombre a su segundo disco, resuena del uno al otro confín, cual famoso bajel pirata y se crea una atmósfera muy bonita de comunión con la gente, que se agolpa junto al escenario. Es el momento elegido para presentar a la banda. Un gran final para un gran concierto.

Y ¿ya se ha acabado? No. Aquí viene la anécdota de la noche. Tras la foto de familia, y cuando todo parecía finiquitado, preguntan si queremos más. La respuesta la sabéis. Entre dudas, salen de nuevo a tocar. Un mar de confusión agita la nave. Un micrófono no suena, las guitarras tampoco pero guitarra y gaitera, se les oye cantar. Los instrumentos acústicos mantienen sonando la base rítmica a buen volumen; pero la voz, va y viene, alguna guitarra medio, medio; el bajo, no. ¡Algo ha ido mal! Aún así, terminan como pueden y la gente se lo agradece deshaciéndose en aplausos y cuernos al aire. Finalmente, descanso para la tripulación.

Unos se apresuran a introducir y expulsar humo de los pulmones, en cubierta y otros prefieren aprovisionarse de bebida para la gran contienda de la noche… No tardan mucho en llegar las hordas iberas, bien armadas y dispuestas a presentar desigual batalla sobre el escenario. ¡Son, ni más ni menos que Salduie! Como ya sabéis, porque Google lo cuenta todo, Salduie es el nombre de la ciudad ibérica sedetana que existía donde hoy en día está Zaragoza y es que estos chicos se han bajado hasta Madrid a compartir con nosotros sus lecciones de historia hispana, a través de los textos de sus canciones.

Arrancan los maños con gran fuerza tocando Kenis y Caraunios , El público, ya caliente por la buena labor de Ekyrian, está preparado para todo. El sonido, desde el comienzo es de buena calidad. Se nota un salto cualitativo en relación al dedicado a Ekyrian y ya, el público está concentrado en la descarga ibera que se les viene encima, directa desde el escenario.

Es turno para Tagus que ahonda en la unión que se ha producido entre público y banda. Las 3 voces se alternan, juguetean, combinan y el público se une a este carrusel bailando y coreando la letras.

No hay compasión en el campo de batalla, que hoy es el escenario. Es tiempo de pasear el estandarte mientras suena Tvrma Sallvitana, de su álbum Belos. Demuestran la calidad de las voces que lucen en la banda.

El cuarto tema es Mores Maiorum que comienzan cantando a capella con el público hasta que van entrando la batería, el whistle y el resto de los instrumentos, lo que implica más, si esto es posible, al público con los músicos.

Es tiempo para un pequeño “descanso del guerrero”, coger aire, beber un poquito de agua y recordar los tiempos de restricciones que hemos pasado recientemente, y es que “ésto” es una constante que va a costar eliminar de nuestra memoria. De hecho esta banda sufrió muy directamente el parón que representó para la promoción de su reciente disco, todo el “tema” del COVID.

Comienza Carus de Sekaiza y ya venidos todos arriba se monta un “wall of death” a petición explícita de la banda. Esto hace las delicias de los aguerridos seguidores. Ya es un no parar. en la pista no hay descanso. Los pogos van a sucederse uno tras otro hasta el final. Llega el turno a El fuego de Belenus y también es el turno de la primera colaboración, Clara Palomares, de Ekyrian que sale armada con su whistle. Buen rollo en el escenario y fuera de él.

Sin descanso, cae Ataecina. En esta ocasión, es otra Clara, Clara Gallego quien va a encarnar a la Diosa Ataecina, poniendo su voz al servicio de Salduie.

Es un tema en el que la dulce voz de Clara quedó un poco tapada pero de igual manera fue emocionante y poderoso. Netón, dios panhispánico del rayo y la guerra toma el escenario y arranca con una demostración de voz. Canción que se comparte con los asistentes que responden, “como un sólo hombre”, con fervor religioso. de nuevo se pone de manifiesto la calidad de las voces.

Ahora, va a sonar Sertorio, pero antes, pequeño respiro para los músicos. Los vocalistas no han parado ni un momento, yendo y viniendo. El concierto y la gira, ya va notándose y hay que hidratarse y respirar. Se aprovecha la colaboración incondicional del público para arrancar el tema, hasta que entran sin compasión y a degüello, los instrumentos, flautas, bajo y batería en un tema que tiene una gran fuerza ya desde su inicio. Hay cambio de instrumento a estribor y con ello, cambio de ritmo. La guitarra eléctrica se torna en buzouki irlandés, como por arte de druida, y comienzan a esbozarse los primeros acordes de Caelia. Arriba y abajo hay que relajarse un poco.

Ha llegado el momento esperado de Ambaxtos, eje central de su último álbum, de cuyo tema toma el nombre. Disco conceptual en el que se tratan conceptos y hechos históricos de los pueblos celtíberos en los que se aprecia una enorme labor de documentación y trabajo, por parte de estos señores, que lo son, para crear textos que sean educativos, despierten la curiosidad del oyente y al tiempo, sean emotivos, subyugantes y hermosos.

La colaboración en este tema es de Pablo Merchante, de Kinnia y me gustaría destacar la espectacular interpretación de flauta travesera que hace Sergio Serrano. Tema lento y muy emotivo que se siente abajo, en la pista.

Por un momento se vacía el escenario, pero vuelven mientras permanece sonando el backing track. Hace calor en la sala y debe hacer mucho más en el escenario. La capucha de Daniel Galbán queda en el backstage y es que ya llevamos un buen rato de concierto y la recta final se aproxima inexorablemente, pero antes va a sonar Viros Veramos. Vuelve a hacer presencia sobre el escenario la guitarra eléctrica, la gaita y el pogo estalla de nuevo.

El siguiente tema es Imbolc. El bajo, se nota en el pecho. Un sonido más pesado hace que el pogo se retome. Se han ido sucediendo en casi todos los temas, señal de que la gente se está divirtiendo y no quiere parar.

Llega el éxtasis. Es el último tema. El escogido es Descarnatio. Se ha caído uno del set list. No hay tiempo para más. Toda la sala salta, baila, canta, muchos participan en el pogo, levanta los puños y disfruta porque, esto, está a punto de terminar, pero no puede terminar sin que recordemos a la ciudad de Numancia, auténtico himno de su álbum Imbolc y con el que todos cuentan. Con él, sigue la fiesta en la pista, agotando los últimos temas de la noche, porque aquí no se acaba todo. queda solo un bis. Queda hidratarse porque la brega ha sido extenuante y nada mejor que, y lo sabéis, ¡Hidromiel!. La festiva y borrachuza canción que es también un “have to” en el repertorio de Salduie. Todo el mundo lo sabe, la espera, la pide, la corea, la vive y Daniel Galbán se da un paseo entre el público, bajo en mano, tocando las notas de esta locura que se ha desatado. ¡Hidro, hidro, hidromiel!, ¡Hidro, hidro, hidromiel!

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