Carlos Citoler.

Y es que, a veces, las cosas más pequeñas son las que más gustito dan. Las más pequeñas, o en este caso, las que no te esperas, no planeas, y sin embargo, te cornean, zarandean y te sacan de tu anodina tranquilidad.
Estos días atrás han sido un goteo continuo, coincidiendo con la época de festivales, de cancelaciones, aplazamientos y cambios de cartel de última hora. Cambios cachondos, cuanto menos, en los cabezas de cartel de un festival con las entradas vendidas hace más de dos años, en el que se han caído muchas de las bandas inicialmente anunciadas. Y, por desgracia, también lo habrán hecho muchos de los asistentes que finalizada la edición de 2019, se tiraron de cabeza a por la entrada del año siguiente.
Giras canceladas por falta de venta de entradas anticipadas, «oportunos» contagios que duran días, hasta el siguiente bolo rentable, pérdidas de vuelos y demás catástrofes aduaneras. Pero, al fin y al cabo, nos guste más o menos, rompa o no la magia y el glamour de la escena, la música no deja de ser un modo de vida como otro cualquiera.
Si que es verdad que somos muy de jalear a nuestro guitar heroe cuando clava un solo ya sea en directo o en estudio, más de lo que hacemos con nuestro fontanero cuando viene a casa y nos corta la fuga de agua para que no inundemos el piso. Y eso que, a fin de cuentas, el caché de uno y otro se han igualado bastante en estos tiempos.

Pero no hemos venido a hablar de festivales, fontaneros ni demás robos a mano armanda, veremos como evolucionan en el futuro tanto los unos como los otros.
Cómo decíamos, un buen día, o mejor dicho, un jodido lunes por la mañana, te encuentras con un regalo que te hace empezar la semana con un subidón de aúpa.
Ponte en situación: como protagonista, un señor o caballero al que tú no conoces, y que ha dedicado parte de su existencia a organizar conciertos en su ciudad, pequeña ciudad, para uso y disfrute de sus paisanos. Para celebrar su XX cumpleaños, se da el lujazo de llamar a su amigo-cliente-proveedor Santiago Campillo, para proponerle que, cubriéndole los gastos y poco más, se suba de Murcia a la inhóspita Huesca, a un pueblecito perdido de la mano de Dios, para darle el gustazo a los colegas del cumpleañero y ofrecerles un concierto íntimo del amiguete. A cambio, el cumpleañero propone a sus colegas que, sin dar publicidad a la fiesta (porque somos así, ni Dios compraría el último trabajo de Santiago, pero si nos enteramos que toca gratis en la finca de al lado, lo de Iron Maiden hace pocos días en Barcelona se habría quedado pequeño, el sold out habría sido bestial,…), pillen cuatro cervezas y una tortilla y pasen con él la tarde-noche del sábado, en compañía de Santiago Campillo. Ya ves, todo muy apartado de la «profesionalidad» que campa a sus anchas por el mundillo musical, lejos de contratos, cláusulas y contra-clausulas.

Y fíjate tu, ya ves, que el Maestro Santiago va y acepta, ida de olla en toda regla, el ofrecimiento del cumpleañero; y por el simple gustazo de volver a ver a su viejo amigo, pasar unas horas con él y felicitarle en persona, se cruza media península, a pleno sol, para darle el gustazo y, de paso, dárselo a si mismo. Con estas actitudes, el señor Campillo nunca llegará a nada en este mundillo musical,…
Y hasta aquí la ironía, porque ahora ya nos toca hablar en serio.
El simple hecho de que el señor Campillo, desafiando todo atisbo de sensatez, se deje llevar por las palabras y el ofrecimiento de un viejo amigo, se fie de que éste y sus colegas le halla preparado un escenario al menos lo suficientemente sólido y nivelado para no acabar desmoronándose al segundo tema, seguro sin un camerino donde cambiarse de ropa, y rodeado de peligrosos norteños, merece una mención de honor. Ya no hablamos de ir a recogerle al aeropuerto, por ausencia del mismo, ni de llevarle a comer a los mejores restaurantes de la zona, que seguro que acabó visitando en compañía de su viejo amigo. Que si, que nadie trabajamos gratis, y si a mí no me pagasen, por las narices abandonaría la cama cada mañana. Estamos aquí, todos, cada uno en nuestro sector, por la pasta. Y punto. No hay más.
Pero si te paras a analizar la jugada, si tienes un minuto, tiene tela la historia, porque igual no está tan claro el nicho de dónde está la pasta. El amigo Santiago tocó aquella noche en el horario estrella del festival, a la hora punta del mismo, con el 100% de la audiencia pendiente de él. Lo mismo que hace el grupo local que abre la jornada del jueves del macro festival «XX ZZ 2022». Por los cojones!!!

Y no te digo nada del puesto de merchand, que, doy fe, fue tomado al asalto por la concurrencia una vez acabado el show. Igualito, igualito que lo que le pasó a la banda de apertura del macro festival, sí, éstos, como era, que ahora no me viene el nombre,…
Ya ves, un nicho de mercado este de los conciertos «no multitudinarios» que puede dar mucho de sí. Seguramente, el domingo por la tarde, tras comer con su amigo y desearle muchos cumpleaños más, Don Santiago emprendió camino de regreso a Murcia con el corazón más despierto, la legión de seguidores ampliada y el maletero vacío de copias de su trabajo Cadillac Blues.
Así de simple, efectivo y real!!!
Y tú me diras, por que el cansino este me cuenta esta historia, de un guitarrista alejado del metal, perdido en un pueblo de la vacía Huesca? Para pasarnos por la cara que ha podido asistir a un concierto íntimo de Santiago Campillo?
Pues no, porque no estaba entre los invitados (no es ironía, ya se acabó en el párrafo anterior, ya lo avisemos; a fecha de hoy, desconozco quién era el cumpleañero,…)
Para criticar los grandes eventos y apoyar los pequeños bolos?
Pues tampoco, cada uno que gaste como desee su dinero y su tiempo, en cervezas a 12€ y colas interminables para conseguirlas y mearlas, por ejemplo. Y cada grupo que trague lo que les entre por la boca a cambio de poder abrir el jueves a las tres de la tarde en el festival que le venga en gana. Es tu tiempo y tu dinero, en ambas alturas del escenario.
Para reivindicar la descentralización de los conciertos? Pues si, esto no estaría mal reivindicarlo, que por sitio y espacios para tocar en la España vaciada no será. Ya el tema de afluencia sería otro cantar, por desgracia,…

Seguramente, acabado el show, pudo departir y fotografiarse con todo aquel sorprendido asistente al festival que se lo pidiese. Y eso, quieras que no, a nosotros, los fans, nos llega a base de bien; una buena foto hace olvidar un bodrio de bolo en pocos segundos. Somos fans, fans, fans, unos viejos y locos rockeros, y nos gusta más presumir de una buena foto con el artista que de una Champions League.
No, nada de eso. Y si, todo eso y más.
Lo que quería pasaros por la cara es que, el lunes tras el festival, aquí el mendas entró en su lugar de trabajo y se encontró sobre la mesa una copia del Cadillac Blues firmado por Don Santiago. Y esto sí que es un motivo para sacar pecho y alardear de ello ante el respetable. Toma ya, ya lo he dicho.
Que sí, que si te pones a hurgar por internet, te puedes hacer con el trabajo gratis, en cualquier portal de descargas. Con este y con todos los trabajos discográficos del mundo mundial, publicados y por publicar.
No te digo que no, pero reconoce que no es lo mismo.
Que si, que de metal no tiene nada. Pero ojo, no sigas por ahí, porque después de quemar el CD del Maestro, te digo yo que es disfrutable desde la primera a la última canción; que con menos notas y mejor escogidas te pone los pelos de punta y el corazón más oscuro que el más grande de los guitar heroe que te puedas imaginar. Ojo, por ahí no tires, que es una auténtica delicia de trabajo, a la altura de la trayectoria del Maestro, y que no puedes dejar de escucharlo girar si caes en la trampa.
Y lo más importante, que es físico, cojones!!!
Que lo puedes tocar, darle la vuelta, para un lado y para el otro, lo quitas y lo vuelves a poner, sin miedo de perderlo entre los cuarenta millones de MP3 que tienes descargados en tu disco duro. Y, más importante todavía, que me lo regaló un colega, un amigo, como hace más de treinta años que no me pasaba; cuando nos juntábamos los enanos del pueblo, bocata en mano, tras la jornada de tarde del colegio, para alardear de las cintas de cassette que teníamos, grabaciones de grabaciones, las que soñábamos con tener, y las novedades que estaban al salir, tirando de la TIPO, quién estuviese inscrito,…
Pues eso, que un lunes por la mañana te quiten más de treinta años de encima, bien merece un post, no?
Gracias, Ramonchu, no sé si te lo había agradecido antes, ya sabes, con las prisas y el ajetreo diario, …
