Juan Carlos López.

Incrédulos nos íbamos acercando el pasado martes 23 de agosto a la Sala Wurlitzer. Nada menos que los Imperial Triumphant, dentro de su gira “Mother of Greed Tour”, anunciaban su comparecencia frente al público de Madrid. Que vengan a vernos, es un acontecimiento en sí. La última vez fue en noviembre de 2019.
En aquella ocasión, el lugar seleccionado fue la malograda Caracol. El agravio comparativo de sala se hacía patente para todos aquellos con los que, en la previa, pudimos comentar el tema. Fueron muchos. Estábamos “todos” allí, nadie se lo quería perder ni tampoco quería entrar tarde, dado el tamaño tan reducido del sitio y la notable asistencia de público que ya se veía que iba a petar la sala. Sin entradas en la puerta y con dificultades para obtener acreditaciones. Nada importaba, ¡Coño, son los Triumphant y están aquí! Ya, en la cola, nos lo empezamos a creer.

Han venido a Europa, estos señores, en una gira extenuante. Desde su comienzo, el día 10 de agosto y hasta el día 8 de septiembre, fecha de finalización, tan solo dejan 3 fechas para el descanso y hay que tener en cuenta que ellos se lo guisan y ellos se lo comen todo.
Vienen en un formato de trío con su ingeniero de sonido y todos tienen que arrimar el hombro. Se nos antoja que extenuante es poco. Agradecemos, no solo el esfuerzo y la dedicación de los Imperial Triumphant y nos congratulamos de que nos pille justo tras uno de esos días de asueto. Todo esto no hace más que engrandecer, aún más, la enorme figura de esta banda de virtuosos, comprometidos y particulares blackers, aunque clasificarlos, es un poco grosero. ¡Ellos son Imperial Triumphant y tocan lo que les da la gana, punto!!!

Ya dentro, nos apresuramos a pillar un sitio a la vera del escenario para no perder detalle. Les vimos llevarse los instrumentos para afinar, todavía a cara descubierta y sobre las 22:00, salieron, ya de verdad, con la indumentaria que les caracteriza, en la que reflejan la decadencia de una sociedad injusta, superficial, de muerte y destrucción del propio ser humano que la sostiene y alimenta. Esto es, sus trajes negros de parca, con los oropeles dorados y gastados, sin brillo ya, de sus máscaras “art deco”.
¡…Y comienza la sesión de vapuleo para nuestros cerebros!
Las letras ácidas, duras, directas, incluso brutales, comprometidas que golpean donde más duele, los acordes disonantes y patrones complejos, que no son aptos para todos los oídos ni mentes, porque a Imperial Triumphant tienes que ir a verles, a escucharles y hacerlo con la mente muy abierta esperando cualquier cosa, dejándote llevar, introduciéndote en su dialéctica, en su música, inmaculadamente llevada por la batería de Kenny Grohowski y el bajo magistral y apabullante de Steve Blanco que brilló por encima de oros y diamantes, sin dejar de lado la guitarra de Zachary Ilya Ezrin, a pesar de su maestría quedó algo eclipsada por el rotundo sonido del bajo que, en mi opinión se salió, de la sala, de la ciudad y del planeta.

A ver, la sala no era la indicada, por diversas razones; aforo, condiciones geométricas, mobiliario y sonido. Agolpados contra el escenario, a pie del mismo era imposible escuchar la voz y el sonido general era malo. Lo peor del caso es que había mucha gente en esas circunstancias. Aquellos apostados en el lateral del escenario, en el pasillo hacia el servicio tuvieron la mala suerte de no contar con bafles que les asistieran. En el frontal, si coincidían en uno de los dos bafles, ni tan mal, pero la diferencia era abismal con el sonido a la altura de la mesa. Sé que me váis a decir que eso es una máxima de todos los conciertos, pero tales diferencias que se daban, pienso, excedían lo deseable y es que estamos teniendo que acostumbrarnos demasiado a eso. La cosa no va a mejorar si siguen cerrando salas, las que resultan, son caras y seguimos sin alternativas.
¡Una pena esto del Rock and Roll en la Capital! Pero los Imperial Triumphant, inasequibles al desaliento y al cansancio, se marcaron un bolo de ensueño. Al menos a mí, una vez me pude acodar en la esquinita de la barra, junto a la mesa, me hicieron volar la cabeza en un par o tres de ocasiones. El resto de las veces que casi me vuelan la cabeza fue porque un hígado a una persona pegada trataba de recoger o dejar un casco de cerveza con evidente peligro de mi integridad física.

Consiguieron envolverme con su representación, porque son más que música, son Arte con mayúsculas, en el que caben la imagen, su interpretación, su concepto del mundo y los sonidos que acompañan sus creaciones. Lograron trasladarme ese concepto distópico. No es el bajo, la guitarra, la batería o la voz. Es el conjunto de una coreografía que, cuenta con la necesaria aportación de los sonidos pregrabados que traían preparados para el show. Éstos son los sonidos de las fuentes de inspiración que han propiciado la obra y los agentes que facilitarán la atmósfera necesaria en el show. Entre ellos, no faltan la voz soprano de Andrómeda Anarchia, los desgarradores screamings de Yoshiko Ohara, trombones, sintetizadores, pianos, y fragmentos sonoros de filmes que han marcado a los autores tanto como la propia ciudad de Nueva York donde residen.
Descargaron en esta ocasión material de sus dos últimos discos, Alphaville, su trabajo de 2020 y Spirit of Ecstasy el flamante nuevo álbum de este mismo año 2022. Doble presentación, doble lujazo para nuestras orejas. Abrieron y cerraron con temas de su nuevo álbum Tower of Glory, City of Shame y de cierre, Merkurius Gilded. Entre medias; hubo lugar para un par de temas de Alphaville; para un baño con champán, al más puro estilo “Edad Dorada de los Estados Unidos”, que se agradeció, dado el calor que se estaba soportando (no quiero pensar en el que estaban pasando estos hombres, en el escenario). No podía faltar, Chernobyl Blues del álbum Vile Luxury.

No hubo teloneros ni falta que hacía, había que preservar el momento en la memoria y tampoco hubo lugar más que para un bis. Swarming Opulence. Después, la música enlatada de la Wurlitzer comenzó a sonar. Acostumbrados a salir tardísimo de esta sala, que acostumbra a programar los conciertos bastante tarde, se hizo raro poder acceder al metro para volver al hogar sin problemas, un plus. Así, “triunfantes”, con el gustito de haber visto y haber saludado a los Triumphant, en todo momento cercanos y simpáticos, volvimos a la madriguera.
Quisiera, para terminar, agradecer a César Ruiz su inestimable ayuda al compartir conmigo sus conocimientos y experiencia.


Un comentario sobre “IMPERIAL TRIUMPHANT (23-08-2022, Sala Wurlitzer, Madrid)”