
Cesar Ruiz Scheitan
Desde su publicación a finales de marzo, y con el hype de los buenos adelantos, he ido acumulando escuchas del segundo larga duración de Kvaen, titulado «The Great Below» hasta poder ofrecer mi opinión sin hacer sangre. Disco publicado nuevamente a través de Black Lion Recs como continuación del magnífico debut «The Funeral Pyre», de lo mejor de 2020 para mí, en el que el multiinstrumentista Jacob Björnfot nos abofeteaba con una soberana lección de dinamismo, amor por la tierra, velocidad, crudeza y respeto hacia el black melódico desde su punto de vista tan personal. Un disco que catalogué de antitrve y que alabé al estar tocado por la varita de un dios como Pierre Törnkvist, de los inigualables Scheitan. Pues bien, «The Great Below» no es para nada un mal disco, pero me da la impresión que no debí ser el único que habló/opinó/percibió (yo lo dije como algo favorable), de falta de pureza, de excesivo dinamismo e incluso de indefinición. Jacob esta vez ha ido al grano y presenta un álbum mucho más plano, más pureta y respetuoso con el melodic black sueco, pero que a su vez pierde el poco paganismo que ofrecía además de la gran riqueza y gracia del debut, ese speed/thrash navajero y sucio como branding a golpe de tachuelas y fuego.

Entrando de lleno en «The Great Below», Jacob ha contado, tal y como hiciera en el debut en dos temas, con Tommi Tuhkala para la grabación de baterías en los ocho cortes que contiene el disco, pero vuelve a tirar de buenas colaboraciones como hiciera en su predecesor. Dejando a un lado las comparaciones, el disco tiene benevolencias incuestionables, como el gran arranque, directo y poderoso en «Cauldron of Plagues». Velocidad de crucero sueca y dinamismo marca de la casa, con arpegios gélidos arropados por un buen arreglo de teclado que la torna noruega y que a la que te despistas te sacude con un riff thrash en toda la cara. Un temazo que pierde algo de gracia cuando escuchas «Ensamvarg» y te preguntas si es la misma banda. Tema compuesto en su sueco natal por el joven Kristian Gustavsson que abusa del colchón sintetizado, esta vez protagonista, en el que ni el acordeón de Rasmus Rova (eso solo le queda bien a Grima), ni el solo del gran Sebastian Ramstedt (Necrophobic), remontan un tema que se queda perdido en la frontera entre Suecia y la Noruega de los peores Dimmu Borgir. Un único intento de contraste, que esta vez es menos acertado que en el debut, ya que como decía, el grueso del disco es directo y más pureta. Muestra de ello, «The Great Below», tema adelantado donde sobre una base sólida de melódic black de corte gotemburgués quiere redondearse a niveles de temón entre el solazo de Loomis (Arch enemy, Nevermore), metido siempre en mil fregaos, y el toque metalcoreta, pero que se queda a medio camino también. O «Damnations Jaw», probablemente el tema que mejor respete del melodic black sueco. Suena a los grandiosos Naglfar en su vertiente más descafeinada, pero que también quiere sonar a Watain o Dissection e incluso respeta la sagrada temática de la serpiente Grafvitniana, pero de éxito dudoso hasta que luce el solo de Mike Wead (Mercyful-Diamond), tornando el tema a una vertiente de aire más tenebroso. O el insulso «Your Mighty Has Fallen», con virtuosismo, pero que ya suena hasta forzado, al igual que el cierre «The Fire Within Him Burns», a años luz del prodigioso «Hymn to Kvenland» que cerraba el debut de la mano del magnífico Mathew Wicklund. El disco se quedaría en flojo, de no ser por «Sulphur Fire», segundo adelanto y 100% Naglfar. Es punzante, furioso, poderoso, y con una base old school antológica sumada al tremolismo neperiano de clase mundial donde Jacob luce alumbrado de nuevo por el fuego. Temazo para dejarse el puto cuello aplicando la máxima de menos es más. Y por supuesto «In Silence». Un paseo a la mismisima muerte de tremenda atmósfera, de concepto rico, gran desarrollo y regusto pagano tal y como ocurría en la formidable «Yee Naaldlooshii», ese temarral que les valió el fichaje por Back Lion Recs.

Otro punto a favor para «The Funeral Pyre» reside en el capítulo de las colaboraciones. En este participaron diferentes baterías a altísimo nivel (Perra Karlsson,Freddy Ortscheid yTommi Tuhkala) y para «The Great Below», Jacob ha contado con el servicio de Tommi Tuhkala para la grabación de todos los temas, en los que se muestra académico y correcto sin más. Dejando a un lado las comparaciones, el disco tiene benevolencias incuestionables como el gran arranque, directo y poderoso en «Cauldron of Plagues». Velocidad de crucero sueca y dinamismo marca de la casa, con arpegios gélidos arropados por un buen arreglo de teclado que la torna noruega y que a la que te despistas te sacude con un riff thrash en toda la cara. Un temazo que pierde algo de gracia cuando escuchas «Ensamvarg» y te preguntas si es la misma banda. Tema compuesto en su sueco natal por el joven Kristian Gustavsson que abusa del colchón sintetizado, esta vez protagonista, en el que ni el acordeón de Rasmus Rova (eso solo le queda bien a Grima), ni el solo del gran Sebastian Ramstedt (Necrophobic), remontan un tema que se queda perdido en la frontera entre Suecia y la Noruega de los peores Dimmu Borgir. Un único intento de contraste, que esta vez es menos acertado que en el debut, ya que como decía, el grueso del disco es directo y más pureta. Muestra de ello, «The Great Below», tema adelantado donde sobre una base sólida de melódic black de corte gotemburgués quiere redondearse a niveles de temón entre el solazo de Loomis (Nevermore, Arch enemy), metido siempre en mil fregaos, y el toque metalcoreta, pero que se queda a medias. O «Damnations Jaw», probablemente el tema que mejor respete del melodic black sueco, suena a los grandiosos Naglfar en su vertiente más descafeinada, pero que también quiere sonar a Watain o Dissection e incluso respeta la sagrada temática de la serpiente Grafvitniana, pero con dudoso éxito. Aquí sí luce el solo de Mike Wead (Mercyful-Diamond) tornando el tema a un lado de gusto más tenebroso. O el insulso «Your Mighty Has Fallen», con virtuosismo, pero que ya suena hasta forzado, al igual que el cierre «The Fire Within Him Burns», a años luz del prodigioso «Hymn to Kvenland» que cerraba el debut de la mano del magnífico Mathew Wicklund. El disco se quedaría en flojo, de no ser por

Kvaen mostró todas sus cartas con los tres adelantos, que daban continuidad en mayor o menor medida a lo ofrecido en su debut, más el single transicional «Northbotnia», para acabar presentando un producto en su conjunto decente, sin riesgo, más clásico, más primer que segundo disco y que no pedía una producción tan buena. Consiguieron aumentar repertorio y ofrecer sus primeros conciertos en festivales, seguir creciendo y todo eso, pero para mi gusto, pierden esa magia tan difícil de adquirir y toman la mala decisión de querer jugar en la liga de Naglfar, Dissection, Necrophobic o Watain de forma precipitada.
