Crónica de César Ruíz Scheitan
Fotos de César Ruíz Scheitan y Maro Black.

Dicen que año nuevo, vida nueva. Es momento de propósitos, con energías renovadas, de dar segundas (o últimas) oportunidades, de abandonar rutinas y vicios, o de entrar y/o apuntalar nuevos. Por la parte que me toca, uno de estos propósitos es la apuesta firme por REA como gran medio, al calarme del todo su filosofía de querer profundizar, en contratendencia. De querer tratar todas las posibles variables del asunto, de no estar sujeto a plazos ni compromisos y donde ningún soborno es capaz de modificar su doctrina. Hogar intenso este, pero donde la palabra underground cobra significado.
Una de estas nuevas (o últimas) lo, era la que le daba a la sala Silikona de Madrid, tras anunciar equipo de sonido y luces renovado, y por suerte o por desgracia, lugar elegido por los siberianos Grima para presentar «Frostbitten» en la capital junto a los catalanes, y reyes del otoño, Perennial Isolation.
Séptima fecha de cincuenta de esta extensa gira europea, que tendrá a los rusos por todos los rincones de Europa, y que a pesar de empezar con una furgoneta averiada, con gran parte del merchan en el taller nada más arrancar en Francia, según nos comentaban, llevan una inercia envidiable. En el caso de Madrid, cuarto día de seis por nuestro país, llegaban contentos tanto rusos como catalanes ante la buena marcha de la venta anticipada y los estupendos datos de asistencia y crítica en Bilbao, Oviedo y Vigo.

La cosa empezaba extremadamente puntual para ser viernes…¡Y que manera de comenzar!!. «Autumn Legacy Underlying the Cold’s Caress» reventaba a las más de cien personas ya dentro de la sala. Temazo que se brindaba inmejorable para chequear el renovado equipo de sonido al conocerlo perfectamente, y para mí, buque insignia del increíble «Portraits». Un tema gigante que ya había tenido el gusto de comprobar que en directo sonaba grandioso, y que una vez más confirmaba por qué ando diciendo que esta banda llena en mi, en cuanto a riqueza, el vacío dejado por leyendas del black catalán como Asgaroth o Symawrath. De entrada, por no ser muy brasas con eso del sonido, deformación profesional, observar que la banda usaba in-ears ya era una buena señal para evitar complicaciones y pelotas sónicas. Enlazaban con «The Breathless Season Bane» al igual que en el disco, con ese erizante grito «Mist comes on fireeeee!!!» y seguían con la cautivadora de aire post «…and Then, Her Eyes Created» de «Epiphanies of the Orphaned Light» (2016), para rematar un inicio más que prometedor con «Unceasing Sorrows from the Vastness’ Scion» y la compleja a la par que maravillosa «Through Fire upon Fire». Temazo que me tiene enamorado y nueva demostración del fantástico trabajo que hay tras las guitarras de esta banda. Había magia ocre en el ambiente y esa conexión interior genuina del black atmosférico (insuperable lo de Alcest en octubre), pero si cerrabas los ojos… La sala petadísima, sumado a la poca altura del escenario, dificultaban mucho la visibilidad, por no hablar de la molestia que causabamos la gente de prensa a las filas traseras al no disponer de espacio habilitado. Además, la ausencia de humo y unas luces estáticas, deslucian mucho el audiovisual, hasta el punto de molestar al propio Albert.

La segunda parte del concierto arrancaba con «Above the Essence…», momento en el que se vino todo un poco abajo coincidiendo con la última oleada de gente entrando a la sala. Desde ese instante dejó de sonar bien, bajada drástica del volumen hasta el punto de escuchar a la gente hablando y la consiguiente desconexión. En «…To Ephemeral Dusk», mira que es buena, sonaba solo la batería, gigante Víctor todo el concierto por cierto, pero no entendía nada, con lo bien que estaba sonando… Cerraron el concierto y el repaso a «Portraits», y con ello mi pequeña esperanza de poder ver en escena a alguno de los colaboradores en el flamante disco, con el mayúsculo «The Silent Solace», «Embers in the Slumbering Threshold» y «Emanations from the Swallowed Twilight», donde tocó hacer un nuevo ejercicio de imaginación ya que solo se escuchaba batería y voz, desluciendo un poco el gran show que estaban llevando a cabo. Una pena de cierre, que fue mejorando paulatinamente a modo de reinicio, y que no empaña la descomunal profesionalidad de esta excelente banda, para mí gigantes del under extremo nacional, comandada por un maestro y portento vocal, como es el gran Albert Batllé. Se borraron voluntariamente del bolo en su Barcelona de esta gira, en favor de Erzsébet, para dar el protagonismo merecido al bolazo que se marcaron el 30 de Diciembre celebrando sus 10 años y evitar así tocar tan seguido en su ciudad. Pero mucho ojo a los planazos que tienen para su decimoprimer año en activo, empezando por la gira con Noctem e Insaniam en primavera.

Muchísima gente, más de 200, congregada en el descanso, los de siempre, algunos eventuales y otros recuperados para la causa cuya alternativa ese día era acudir a algún tributo pero que decidieron dar una oportunidad al extremo o reencontrarse con este. Año nuevo, vida nueva. Bravo por ellos.

Saltaba Grima al escenario, tan solo seis meses después de su anterior visita a Madrid, de nuevo en cuarteto y con su indumentaria habitual. Los gemelos Sysoev junto a sus compañeros en Ultar, Vlad a la batería y Denis a la tercera guitarra. No acabo de asimilar el excesivo uso de pregrabados en casi ningún concierto, llegando a entender en este caso, el hecho del bajo y teclado. Hay que tener mucho valor (y pasta) para girar con un tío tocando el bayán/acordeón, pero cuando es elemento protagonista de tu propuesta y pareces dispuesto a dar el gran salto… En fin, mismas luces, mismo problema de visibilidad condenando el audiovisual, mismo problema para fotógrafos, solo quedaba ser presa de la capacidad de los rusos de helarnos el alma a base de sus melodías envolventes.

Arrancaban como lo hace «Frostbitten», con «Gloomy Heart of the Coldest Land» y un gran recibimiento por parte del respetable, de entrada entregadísimo. El sonido más que decente, con volumen bajito, fue mejorando en la mezcla tras cada tema, sobre todo en la parte trasera y gracias a un técnico hiperactivo y entregado. No me canso de repetir lo importante y tranquilizador que es contar con un profesional en la sombra, como miembro extra de una banda. «Giant’s Eternal Sleep» sonó fabulosa, empastada, gélida y punzante. Siguieron con «Moonspell and Grief» y su viento helado, pero con la guitarra limpia tambien lanzada, no lo entiendo. En este punto la peña se vino un poco abajo, no sé si es que ya habían tirado todas las fotos a la banda de groots, como escuché por ahí, o el idioma que tampoco ayuda para ser cantado. Se reactivó ligeramente la cosa con el golpeo tremendo y velocidad de «Hunger God» con las tres guitarras, ahora sí, pasándonos por encima. Para continuar con la joya de «Frostbitten» para mí, «Winter Morning Tower». Atmoblack mayúsculo, con Gleb dando buena cuenta de su gran multiregistro, y ese break que protagonizó el momento más cautivador del evento al enlazar con la contaminante y adictiva «Cedar and Owls». Único tema que sonó de «Rotten Garden» con el que brotó por la Silikona la sensación de arraigo, de amor por la tierra y sus leyendas ancestrales. Espectacular.

Y es aquí, cuando arrancaba un nuevo concierto, donde enlazaron cuatro temas de «Will of the Primordial» (2019), ese disco que nos encandiló a todos en su día por su mística. En la directa «Enisey» hasta algún compatriota entre el público se arrancó a cantar. Gleb decidió colgar su guitarra en los tres últimos temas, detalle que rompió la estática puesta en escena durante todo el concierto, cosa que ánimo bastante a la peña. Con «Leshiy» sacaron pecho estos señores del bosque, sonando increíble (aunque bajito), con «Shrouded in Darkness» hicieron lo propio y remataron con la plomiza y desoladora «Siberian Sorrow», como no podía ser de otra forma.
Lo cierto es que Grima ha pegado fuerte y ha demostrado el increíble poder de convocatoria para propios y extraños en esta gira por la que han decidido apostar fuerte. Gira, que en su parte inicial, me deja un poco frío, en un concierto con fases amuermadas, y con la sensación de ver que iban con el piloto automático puesto, en parte comprensible, pero deslucida por el enlatado excesivo, el nulo audiovisual y la incomodidad de la sala. Probablemente una noche que apreciaremos más con el paso del tiempo.
