De nuevo un martes madrileño con concierto ilusionante, por cuenta de Madness Live. La icónica Tarja venía a finalizar su gira en Madrid. Esta vez se realizó en la sala MON, bien ubicada para mis satánicos planes de volver al hogar a una hora prudencial. Desde muy prontito había cola en la calle. Los más madrugadores se abalanzaron hacia el escenario con apremio de adicto por la sustancia de sus desvelos. Por suerte había un foso que aún estrechito, cumplió su cometido a las mil maravillas.
La hora de comienzo llegaba y los Serpentyne, en pleno, pasaban entre nosotros saludando con gran cordialidad y simpatía. Realmente majetes. ¡Aaaaaarrancamos! Serpentyne descargaron su Folk Metal, que contaba con aires del Oriente Medio coloreando sus temas, en muchas fases del concierto. Tienen mucho oficio y saber estar. Una puesta en escena dinámica y trabajada que mantiene la atención del público. Las luces también bastante activas proporcionaban texturas y tonalidades muy atractivas. Cerraron su set que calentó la sala y resultaron muy entretenidos, especialmente por su expresiva front, Maggiebeth Sand.


Para redundar en lo que viene aconteciendo últimamente con los horarios, los cambios se sucedieron con presteza y precisión. No tardaron mucho en aparecer en el escenario los segundos teloneros. En este caso, Temperance. Los italianos llegaron con una formación en la que contaban con dos cantantes Kristin Starkey y Gabriele Gozzi. Desplegaron una actividad infernal durante toda la actuación.
¡No pararon! Eso motivó especialmente al público que se animaba al ritmo de sus idas y venidas. Nos presentaron su último trabajo, el larga duración Diamanti. Disco muy melódico y escuchable que cuenta con temas muy pegadizos como el homónimo. Cómo no, lo tocaron y se me quedó durante un buen rato en la cabeza dando vueltas. En este caso, las luces escasearon más, pero consiguieron el propósito de presentar bien presentado su trabajo y preparar el terreno para, nada menos que, ¡Tarja!.


El plantel de esta noche repetía el que vino a Madrid hace casi 3 años. Era indudablemente una noche de diosas, pero como en toda mitología pagana, siempre hay diosas mayores y menores. Nadie puede, a día de hoy, arrebatarle la escritura de propiedad del Olimpo a la diosa entre diosas, Tarja. El escenario se vestía de oro y cuero, a la velocidad de la luz, para recibir a la dama del Metal Sinfónico.
Una gran pantalla tras el escenario proyectaba luces, formas, fragmentos de vídeos que acompañaban a los temas. Magníficas luces reforzaban la imagen de “La Diosa” que flotaba por el escenario repartiendo sonrisas, pasión, complicidad con un público boquiabierto, prendado y con pupilas tamaño “manga”. Hubo una banda sobre el escenario que sonó de manera excepcional, un set técnico que hizo que todo lo que sucedía sobre las tablas llegara nítido y cristalino a nuestros oídos. Excelente puesta en escena para un concierto que supo a poco.

No voy a detallar cada uno de los temas que Tarja desplegó en su show, porque me repetiría en halagos y fue, además, un set ya conocido para los seguidores de la diva. Sí que destacaría momentos, puntos de inflexión, de los que hubo varios y que marcaron la velada desde mi humilde punto de vista.
Comenzó con fuerza tocando muy pronto un poderoso Demons in You. Tras un par de temas llegó Diva. Es uno de mis temas favoritos y Tarja me consiguió poner los pelos (de la barba) de punta. No acabó ahí el tema. Tarja abandonó el escenario para dejar a la banda para que dieran un recital ellos solitos. Los solos se sucedían, un dueto espectacular de cuerdas entre bajo y guitarra me ató, como no podía ser de otra manera a lo que estaba sucediendo delante de mis oídos. Chelo, batería…


Es éste, uno de esos momentos que marcan la diferencia, entre una DIOSA y quienes tienen una banda para mayor gloria y disfrute de sus actividades vocales, por los escenarios del mundo. Haberlas las hay, pero esta noche no. Esta noche fueron todas diosas. Todo fue elegancia, buen gusto, buen trabajo y respeto exquisito entre músicos y con el público.
Cayó Silent Masquerade, por el que también tengo especial filia, pero la locura se desató cuando llegó el cover de Nightwish. Wishmaster fue el elegido para este hito glorioso en el devenir de las canciones, donde se crea más sintonía con el público que lo adora, lo tiene grabado a fuego en su cerebro y lo demuestra coreando y cantando junto a Tarja.


Un momento para el recogimiento y el silencio que trajo el piano de Tarja. Sola ante la sala desgarró corazones con Loputon Yö / You and I. La sala cayó para poder disfrutar de la voz de Tarja sin más aderezos que sus dedos acariciando el piano. Concentrados escuchábamos y la voz nos envolvía hasta que el siguiente tema, Undertaker, rompió el embrujo del momento y nos enganchó de nuevo, suavemente, a un concierto de Metal Sinfónico.
En un “pis pas”, llegaron los bises. Arrancaron con Innocence, al que acompañaron imágenes proyectadas en la pantalla. Es duro confesar, para un “rudo metalero” como yo, que me emocioné. Aprovecho para revelar esta debilidad, ahora que no nos escucha nadie. Bueno, espero que al menos alguien, si que lo lea. Tras ello y con la lagrimita escapando del ojo, Tarja se dirigió a todos nosotros, hablando en un muy correcto castellano con cierto deje argentino; de hecho, está instalada en España.

Recordó cuando hace 16 años, durante los comienzos de su carrera en solitario vino a España, se preguntaba si habría alguien que quisiera compartir su espectáculo. “¡Si, siempre estáis!” y la gente rompió a aplaudir en señal de asentimiento. Una frase con la que me quedo y que dedicó a sus fans fue «Thanks you for making my dreams come true, every day«. Esa es la frase que se marca en el parón tras varios bises, presentar a la banda y encarrilar el final. Cómo no se iba a deshacer la sala si después cae un clásico, Until My Last Breath, interpretado con magnífica precisión y máxima elegancia.

La noche acabó entre abrazos efusivos sobre el escenario en los que los integrantes de la banda se deshacían en un emotivo momento y entre aplausos de todos los asistentes. Finalmente quedó sólo Tarja que dedicó unos momentos a despedirse de su público con elegancia y consideración hacia todos los que allí nos habíamos reunido para verla y escucharla. Yo, marché, blandito, hacia mi cubil, abrazado a mi cámara, pero, no os preocupéis, ningún artefacto de hacer fotos resultó dañado en esta grabación.
Texto y fotografías: Juan Carlos López Aguilar.
