Texto y fotografías: Juan Carlos López Aguilar
Metidos ya en plena primavera, todos conocemos sus efectos más llamativos. A saber… “Favorece la liberación de serotonina, dopamina, oxitocina… Todas están relacionadas con la felicidad, el placer y el alivio del estrés”. Al menos eso dice Google, pero lo que no cuenta es que también es un momento agridulce en el que puedes aliviarse de la chupa de cuero cuando vas a los conciertos de sala; al acabar el concierto, más ahora que acaban tan pronto, puedes disfrutar de unos “cacharros” en las terrazas de los alrededores, compartiendo con los colegas las experiencias durante las actuaciones; pero al mismo tiempo, ese medio agónico sentimiento de que estás disfrutando uno de los últimos conciertos antes de que “los grandes” abandonen los locales cerrados para hacer el agosto o el julio, según se den las cuentas, en los múltiples festivales de verano que salpican Europa.
En este caso, Madness Live se aplicaba en traer, para nuestro disfrute, la oscuridad de Swallow the Sun, antes de que el sol abrasador del estío apague las sombras de las salas y carbonice pieles incautas en macroconciertos al sereno. Fiesta por todo lo alto para recibir tan jugoso cartel, no sólo venían los Swallow, sino que les acompañaban dos bandas de solvencia contrastada; los veteranos Draconian y los romanos Shores Of Null. He de reconocer que si bien tenía muchas ganas de ver a los primeros y conocía a los segundos, los italianos me resultaban bastante desconocidos. Algunas escuchas preparatorias no me consiguieron enganchar y me aprestaba a dejar pasar sin pena ni gloria el primer disparo de la noche.


¡ERROOOOOOR! Shores of Null saltaron con elegancia, sigilo y humildad a una sala bastante poblada. Cierto que no hubo sold out, pero sí una magnífica entrada, ayudada por el hecho de no coincidir ninguna contraprogramación metalera, digna de hacer sombra a tan magno evento. Cuando las luces se encendieron y ellos dibujaron sus primeros acordes, el flechazo se produjo. Ciego o mejor dicho sordo había estado durante esas escuchas preliminares. Me parecieron soberbios.
Una batería peleona y sólida, secundada por un bajo que mostraba una presencia incontestable haciendo temblar el suelo, junto a una voz que alternaba guturales profundos con melódicos de calidad. El punto débil de la actuación fue el sonido de las guitarras. No por incapacidad de los músicos, que lo que podíamos apreciar sonaba a gloria, sino porque no se escuchaba bien. Sobre todo la Gibson Studio Gothic de Gabriele Giaccari, que con poca salida quedaba muy apagada. Por el contrario, la Gibson SG Voodoo de Raffaele Colace, sonaba más alta. Al juntarse, en algunos momentos de la actuación, el sonido se hacía bola y era imposible distinguir el muro sonoro que generaban. Era el bajo quién lideraba y se subía encima de las guitarras.


Una pena porque lo que se podía apreciar indicaba que merecían mejor ecualización. En otro orden de cosas, traían bajo el brazo, calentito como pan recién salido del horno, su último trabajo, titulado The Loss of Beauty. Como no podía ser de otro modo, nos lo presentaron extrayendo 6 temas del mismo y dejaron espacio para el recuerdo de sus dos anteriores LPs con los temas homónimos Quiescent y Black Drapes For Tomorrow. Quedó un set interesante que preparó perfectamente el ambiente y se benefició de una alta presencia de público que siempre es más ilusionante para los músicos. La noche empezaba bien. En breve, Draconían saltaría al ruedo de la Sala Changó.
Los veteranos Draconian arrancaron su show. Habían congregado muchos aficionados que emocionados esperaban a sus ídolos. Desarrollan un Death/Doom/Gothic metal muy sencillo de digerir que les hace tener una numerosa base de fans. El sonido, ya desde el inicio se veía o mejor dicho se escuchaba con mucha más claridad y definición. Una gozada poder escuchar la voz de Lisa Johansson en toda su extensión. Elegancia en las formas, atención al público. Una banda de sonido impoluto, perfectamente coordinados y unos guturales de Anders Jacobsson que daban perfectamente la réplica a Lisa. Une todo ello con la impresionante actuación del resto de la banda y tienes un espectáculo de primer nivel. Draconian interpretan un metal romántico sin dejar de lado la crudeza de las guitarras que suenan impactantes y arrebatadoras cuando llega el momento de ejecutar los cálidos solos que se marcan a lo ancho y largo del show.


Con su álbum, de 2020, Under a Godless Veil como último trabajo, decidieron dedicar al mismo una primera parte, que constó de 4 temas , tras los cuales recordaron Sovran y Turning Season Within para volver al primer momento “mágico” de la noche que fue la interpretación del esperado Sorrow of Sophia, donde el público se entusiasmó y se produjo una conexión absoluta banda/fans. Continuaron revisitando álbumes anteriores hasta que llegó el segundo momento “mágico” de la noche.
En este caso lo protagonizó Andrea Casanova de la banda Rainover y amiga de la banda que compartió, dos temas antes del final, una canción con ellos. Fue el momento más emotivo de la noche, que captó las miradas del público y la empatía de éste con ambas vocalistas a las que se veía muy unidas en un reencuentro emocionante. Finalizaron con Daylight Misery de su entrega de 2005, Arcane Rain Fell. Un set pasional, un show de entrega y de sentimientos a flor de piel que el público disfrutó, sintió y paladeó con fruición.


Quedaba el plato fuerte. los ansiados, al menos por mí, Swallow The Sun. Subieron a trabajar su set que resultó un repaso somero a su carrera. A pesar de contar con Moonflowers como su último LP, dedicaron sólo 4 temas al mismo. Es normal que con una carrera extensa de éxitos y un Moonflowers, que tiene ya casi 2 años, repartan algo más el protagonismo de la actuación. Recordaron también el magnífico When a Shadow Is Forced into the Light, dedicándole 2 de sus cortes; Songs from the North I; New Moon; para acabar con los temas Descending Winters, de Ghosts of Loss y Swallow (Horror, Part 1) de, The Morning Never Came.
Su performance fue austera, envuelta en enormes nubes bruma artificial y oscuridad, rota sólo por chorros de luz, mayoritariamente blanca y amarilla que propiciaban un ambiente fantasmagórico, en el que durante buena parte del cual, mostraban tan solo sus siluetas oscuras, contra el fondo con su logo. Mikko Kotamäki, portó gran parte del concierto con capucha, lo que alimentaba esa imagen enigmática y distante que tanto acompaña una música emotiva, dolorosa que transmite sufrimiento y pesar sobre el alma y, que aunque pueda sonar paradójico tanto nos atrae y reconforta. Una vez finalizado su repertorio, salimos de la sala con sensación de paz y satisfacción en el cuerpo, tras haber presenciado un espectáculo turbador y a la vez electrizante.


El sonido acompañó en todo momento y la interpretación fue exquisita. Fue, en definitiva, una gran noche de Death/Doom/Gothic metal, emocionante y reparadora para el espíritu. Por qué no decirlo, también para el cuerpo, ya que las últimas crónicas en las que me he visto envuelto versaron sobre bolos cargados de pogos y contacto físico. Cosa no del todo aconsejable si andas con una cámara en la mano. Este remanso de paz era de agradecer y unos músicos, como los que nos visitaron la noche del viernes y que venían bien rodados, siendo ésta, la penúltima cita de la gira, hicieron el resto.
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