Fuego y Rammstein, una tragedia abrasiva en la noche de San Juan. 23-06-23. Estadio Metropolitano, Madrid.

Crónica de Alberto Monreal.

Fotos de Alberto Monreal, Maro Black y Estopon (Rockmania)

Este pasado 23 de junio, quiso la más sarcástica de las ironías que en la noche de San Juan, la de las hogueras y la de los petardos asustando a los perros del vecindario, tocara Rammstein en la capital del reino. No teníamos suficiente con la subida de las temperaturas, hacía falta un empujón más para convertir a Madrid en un infierno en la tierra. Así vimos como uno de los mayores espectáculos escénicos y musicales de la actualidad se entremezclaba con las pasiones más ancestrales de este país, dibujando a su paso un bosque de fuego, olor a azufre y varios valientes saltando sobre el fuego. Uno de estos jugadores que de tanto saltar sobre el fuego ha salido ardiendo, es el cantante Till Lindemann, investigado por la fiscalía de Berlin en relación a las denuncias de varias mujeres por abuso sexual durante sus fiestas privadas en sus conciertos. A pesar de la deriva de Till en los últimos años, estas serias y contundentes denuncias nos ha pillado a todos los fans con el paso cambiado.

Precisamente por estas sombras de duda, el ambiente general olía a ciertamente a chamusquina. La gira europea está resultando muy extraña. Por un lado, tenemos todos los tickets vendidos, enormes legiones de fans, que les siguen religiosamente con una pasión y fe ciegas. En el Civitas Metropolitano había gente de todo el globo terráqueo, venidas de lugares remotos, una familia hermanada por la pasión irracional de la música industrial de, un aria wagneriana anclada en las raíces mismas del romanticismo alemán, como me expresó en una entrevista que tuve durante sus comienzos con el teclista Chistian “Flake” Lorenz. Pero por otro lado, muchos fans declinaron la oferta, vendiendo sus entradas. La situación no era fácil.

Quiso la providencia que en uno de los bretes más complicados para la banda, con rumores de cancelación en varias fechas de la gira, rodeados por el escándalo de las terribles acusaciones sobre su cantante, con protestas alrededor de algunos de sus conciertos europeos, quiso la providencia, repito, que el siguiente concierto cayera en Madrid. Aquí estamos educados para barrer la suciedad debajo de la alfombra, da igual que sea el enésimo caso de corrupción política, o una peligrosa pandemia letal, aquí todos los problemas se ocultan bajo tierra, y nos tiramos al monte por bulerías, que fue lo que pasó este día. No hubo muchas protestas ni críticas a la banda. En Madrid nunca pasa nada, siempre apostamos por las terrazas y por la fiesta antes que por la búsqueda de la verdad. Justo lo que Rammstein necesita.

Días atrás, los golpes iban cayendo uno tras otro en el bunker del grupo germano. Su discográfica, Universal Music Alemania, les ha puesto en cuarentena con un frío comunicado en el que paran cualquier acto de promoción hasta que se clarifique la situación. La empresa Rigging Werk, encargada de producir los conciertos de Rammstein, ha decidido poner fin a la relación con la banda, además ha certificado la existencia de esa famosa habitación pequeña y oscura debajo del escenario a través del director de la empresa, Aeneas Hohenadl, a la que ha puesto nombre, la conocida como la “Suck Box”, utilizada supuestamente por Till en el descanso del concierto. La editorial KiWi verlag, editora de los poemas de Till Lindemann, daba por terminada la colaboración con el artista, y así podríamos seguir con una larga lista de empresas que han huido ante una posible publicidad negativa. Incluso el gobierno alemán solicitó medidas para proteger a las jóvenes en estos conciertos a través de la ministra alemana de Familia, la ecologista Lisa Paus, que comentó muy seriamente que “sería útil un debate serio sobre la responsabilidad de los artistas y organizadores respecto a sus aficionados”.

Alberto, momentos antes del infierno.

Finalmente, parece que Rammstein han provocado el incendio más grande de su historia. Han creado un fuego imposible de apagar y que puede convertirlos en cenizas. La situación es desesperada, y el grupo y su gira europea marcan una deriva difícil de soportar. Por supuesto, han cortado de raíz las fiestas en los backstages, no hay ya zona zero con chicas seleccionadas con poca ropa, e incluso el repertorio del concierto ha cambiado. “Pussy”, uno de los temas de contenido sexual más explicito, ha sido borrada de su lista de temas en sus conciertos. No está el ambiente general para sacar una polla gigante plateada al escenario y bañar del espuma al público precisamente. Eso sí, la camiseta de “Pussy” se sigue vendiendo, al menos hasta terminar las existencias.

Por supuesto también hay otra lucha, la que se libra en internet, encabezada por la fan de la banda que les denunció por abuso en el primer concierto de la gira europea en Lituania, la irlandesa Ashley Lynn, shelbys69666 en instagram. Ashley recopila en esta plataforma varios testimonios de varias chicas expresando el modus operandi montado por Till para captar y elegir chicas jóvenes a través de las redes sociales, e incluso en los alrededores del concierto con fines meramente sexuales. Para este fin, se cuenta con dos chicas rusas, Alena Insania y Alena Makeeva. La primera, cuyo nombre es el que aparece en su cuenta de instagram, es una colaboradora habitual de Till Lindemann y aparece en su polémico y pornográfico vídeo del tema “Till the End”. La segunda es una famosa groupie cuya lista de conquistas en el mundo del espectáculo es ciertamente bastante extensa. Aparece en el tour como directora de casting. Según Ashley, ellas preparan a las chicas para que vistan de determinada manera, incluso hasta en el color de la ropa dependiendo del humor de Till esa noche, las conducen a la zona 0 y las llevan a las fiestas de Till, que son varias, una pre-concierto, las famosas visitas a la “Suck Box”, una reunión post concierto, a lo que se suma la posibilidad de seguir con la traca final en el hotel de Lindemann. Hay que reseñar que estas fiestas nada tienen que ver con las oficiales de la banda, como bien se encargo de subrayar el batería de la banda Christoph Scheneider, en su emocionado y tibio comunicado. Muy relevante es la frase en la que comenta que Till se ha distanciado de ellos y ha creado su propia burbuja.

Ashley subraya en sus comunicados que fue llevada a esta Suck Box por Joe Letz, conocido personaje enfant terrible de la escena industrial, actual batería del proyecto en solitario de Till, y ex de Combichrist, del que salió por la puerta de atrás, a esta habitación secreta con Till. Ella se sentía aturdida y sospecha que había sido drogada o que algo han puesto en su bebida. Esta declaración de Ashley es de vital importancia porque de ser probada sí que supondría un grave problema para el cantante de Rammstein, pero los análisis de drogas dieron negativo. Till protestó, pero Ashley comenta que no la tocó, y no recuerda mucho más, ni del concierto ni de casi nada. Así mismo comenta que se despertó al día siguiente con varios golpes y moratones en su cuerpo, por lo que procedió a denunciar en la Policia Lituana, que tras una investigación declinaron presentar cargos por falta de pruebas. A la vuelta de esta traumática experiencia, Ashley ha estado investigando, y ha encontrado otros testimonios que han surgido después de su declaración, como por ejemplo los de la famosa youtuber alemana Kayla Shyx, cuyo relato corrobora su versión.

Evidentemente, estos testimonios no son oficiales, y cierto es que quizá Ashley no parezca la persona más equilibrada del mundo. Muchos fans de Rammstein la han criticado sobre todo por un vídeo en el que aparece junto a Joe Letz en una actitud que no parece cuadrar mucho con lo expresado por ella en sus denuncias. Realmente, la realidad a veces es muy extraña y complicada. No seré yo quien caiga en el error de juzgar a Ashley, a la que escucho con atención, pero tampoco sentencio a Till. Creo que toca arremangarse las mangas y encontrar postura digna que nos haga avanzar y comprender todos los cambios que estamos viviendo, y de una vez por todas, afrontar los problemas derivados de esta situación, un problema que me temo viene ya de muy lejos y que está instaurado de forma sistémica en la industria de la música.

Habrá quien piense que las jóvenes chicas que pasan estas fiestas con sus héroes son unas afortunadas, y que son mayores de edad y que pueden disponer de su sexualidad como ellas gusten, siempre que no se cruce la linea de la agresión y el abuso, y hay quien piensa que realmente existe una clara situación de desigualdad entre el artista y sus fans, que además viene determinada por una estructura conducida para explotar sexualmente a las chicas. Es un tema realmente complejo. Lo que es evidente es que este suceso concreto expone de manera terrible unas situaciones lamentables, que todos los que nos hemos dedicado a este mundo de las celebridades musicales hemos tenido que ver alguna vez. Demasiadas veces. El fenómeno de las groupies, de las bandas buscando sexo de manera patética, de su relación de poder sobre las chicas, todo esto, tiene que ser expuesto y tenemos que pensar si es sano que esto pueda seguir sucediendo en una sociedad justa e igualitaria. Los indicios al respecto de la situación acontecida con Till no son muy halagüeños, la verdad. De primeras, ya solo con la creación de está zona privilegiada para chicas guapas, se me cae el alma a los pies. Veamos qué más aportan las invergaciones.

Mientras en mi cabeza no para el debate, surge también la magnificencia de la música. Hay que decir también que el espectáculo que brindan Rammstein en directo es impresionante, de eso no cabe duda. Me resulta muy descorazonador que toda está lluvia de inmundicia haya caído en uno de los momentos más especiales de la banda. Su último disco, “Zeit”, es una obra maestra, el disco que necesitaban para recuperar cierto prestigio perdido. El listón estaba muy alto, y Rammstein ofrece lo que se le presupone, un sobrecogedor espectáculo, basado sobre todo en el imponente escenario del arquitecto Florian Wieder, una construcción retrofuturista, de clara inspiración art deco y steam punk, con seis torres como seis lenguas escupidoras de fuego, un fuego monumental del que es responsable el actual tour manager de la banda, Nikolai Sabottka. El escenario es el protagonista principal de la velada. Es apabullante. El ambiente de Blade Runner, Tron y Metrópolis, en un solo escenario. Hay un ascensor gigante en su parte frontal por el que van apareciendo sus integrantes, o que sirve de cabina de dj para Richard Z. Kruspe realice un homenaje a Kraftwerk con su versión electrónica de “Deutschland”. Hay focos de luces imposibles, que van creando atmósferas según venga o vaya determinado riff. Eso es lo que más me gusta, que primero va la música, y luego los efectos especiales, que van sincronizados para apoyar a la música, no para enredarse en ella ni quitarla protagonismo. Todo, el fuego, las luces, los efectos especiales, todo, gira alrededor de los instrumentos del sexteto, que son los que marcan el ritmo.

El set list ofrece la colección de temas que se le presupone, no hay riesgos ni apuestas, suenan los hits de la banda, los temas más importantes y que mejor funcionan en directo. Del excelente último album, Zeit, sólo caen Zeit, Angst, Giftig y Adieu. Y no desentonaron con el resto lo cuál habla muy bien de la potencia de estas canciones. Muchos acérrimos seguidores de la banda se quejan de este setlist predecible y conformista, pero el espectáculo está diseñado para las masas, es accesible para todos y no caben experimentos. Todos estos problemas menores explotan en mil fragmentos de luz y fuego cuando caen como meteoritos “Du Hast” y “Sonne”, el momentazo de la noche que puso broche a la primera parte del concierto antes de los bises. Cada uno de los espectadores, por muy lejos que estemos, sentimos los golpes de calor de las llamaradas volando sobre nuestras cabezas. Y no es una metáfora. El bombardeo cae fluido y sin concesiones, en ningún momento el sonido un tanto monótono de la banda se hace patente , en parte gracias sobre todo a ese sentido teatral de la puesta en escena. La interpretación suavizada de “Engel” junto al dúo de pianistas Abélard en un pequeño escenario lateral adjunto a una de las torres da buena prueba de ello. Fue un karaoke dirigido, 50.000 españoles aprendiendo alemán, una proeza que ya quisiera para si el Goethe-institut. Para volver al escenario nada como unas lanchas hinchables navegando sobre el público. Ahora que no tocan “Seaman”, el famoso número de las lanchas ha perdido protagonismo, pero se niega a desaparecer..

“Rammlied” fue la lanza con la que empezaron la fiesta, y no es más que una canción ambiental para ponernos en buena predisposición, la primera granada fue “link 2-3-4” una marcha industrial que siguen tocando porque es una canción vital para la banda, con esta famosa declaración de intenciones que es decir que el corazón late a la izquierda, una respuesta lírica para aquellos que les acusan de pertenecer a la extrema derecha. De esta manera, con el público ya en el bolsillo, sólo hubo que seguir pelando la mandarina, cayendo como obuses temas pesados como “Bestrafe Mich” o “Giftig”. Cuando terminaron tuvimos que buscar en el suelo entre las pieles de las mandarinas nuestras castigadas orejas y seguir con la batalla que nos estaban proponiendo. “Puppe” es un gran momento teatral, con ese carrito de bebé ardiendo en llamas. No sólo de música vive el espectáculo de Rammstein, hay momentos para todo, lo cual es bueno para el resultado final. En los bises dejaron algunos de los temas más emblemáticos como “Rammstein”, “Ich Will” y “Du Riechst so Gut”, con mucho fuego y por consiguiente calor en el escenario. En uno de los parones vino uno de los grandes momentos del concierto, con esos primeros fans de la banda esperando por los bises, entre los que estaba una marioneta de Fraguel Rock, que cada vez que salía en pantalla era coreado por las 50.000 almas presentes. Finalmente se despidieron como no podía ser de otra manera con la triste “Adieu”, un tema que suena a despedida en la banda y que acongojados cantamos todos apurando la copa de vino. Cuando todo terminó y miré a mi lado, había un buen número de altos y fornidos hombretones vestidos de negro llorando desconsoladamente. Lloraban como niños. Había tristeza en el ambiente. Qué dura es la realidad cuando uno se despierta de un buen sueño.

Parte del staff de REA en el festival.

Alberto Monreal, creador del artículo.

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