Crónica INSOMNIUM, sala Razzmatazz 2 (Barcelona) 27.11.23

Por Jimmy Escorpión

Una noche escuché a Jeff Walker, en un concierto con Carcass y justo antes de acometer “Heartwork”, pedir perdón por haber supuesto aquel disco la semilla para la proliferación desmedida del llamado death melódico durante los años siguientes. Entiendo que Walker no hablaba en serio – de hecho, preguntado al respecto en entrevistas, ha negado esta afirmación – y que simplemente tiró de ironía en aquella ocasión para (I) reivindicar el innegable legado musical que dejó “Heartwork” y (II) implícitamente trazar una frontera entre lo que significa Carcass y la senda melódica – e incluso, en algunos casos, melosa – que continuaron sus numerosísimos supuestos discípulos.
Como en casi todas las chanzas, hay una parte de verdad y otra de hipérbole. Ni Carcass pueden arrogarse – al menos con carácter exclusivo – la paternidad del death melódico, ni lo que abarcó esa etiqueta puede considerarse en su totalidad una pastelada. Y aunque lo fuese, no sólo de Morbid Angel vive el hombre.
Intuyo que lo que siempre ha escocido a la ortodoxia del death metal es el apabullante éxito del que su vástago melódico ha disfrutado durante las últimas décadas hasta (casi) convertirse en un estilo maisntream, al menos en los países escandinavos, que fue donde la semilla germinó en mayor abundancia. En este sentido, Göteborg fue la cuna de las bandas pioneras del género y las más exitosas (véanse In Flames, Dark Tranquillity, At the Gates…), pero la conocida fertilidad musical de esas tierras nórdicas hizo que la especie expandiese rápidamente su hábitat a los países vecinos, hasta que pronto devino en plaga, con el consiguiente hartazgo del público y la consecuencia indirecta del volantazo de estilo de algunos de sus fundadores.

Insomnium son hijos de todo aquello. Su gran mérito es que el tiempo – el mejor juez – ha pasado el filtro sobre toda la miríada de bandas de melodeath que surgieron en los 90 y ellos han sobrevivido. No sólo siguen vigentes sino que su trayectoria viene sosteniendo un ritmo ascendente y ahora mismo llenan aforos medios con mayor facilidad incluso que algunos de los padres del género. Prueba de ello fue su concurrida convocatoria el pasado 27 de noviembre en la Sala 2 de la Razzmatazz, más meritoria si cabe por ser lunes, en la que tuve la ocasión de participar.
Como yo nunca he tenido reparos en reconocer que me gustan Camela o José Luis Perales y como la mayoría de mis amistades metálicas son igualmente promiscuas (al menos en lo musical…), no tengo a la vista talibanes del death metal que me puedan excomulgar por confesarles que me pongo muy tontito escuchando Insomnium una tarde de resaca otoñal. Y que si le siguen añadiendo teclados y voces limpias a sus álbumes, tampoco pasa nada grave. Eso sí, el límite está en que no se marquen un “In Flames”, ya me entendéis…

Por todo ello, comparecí en la Razz 2 pese a ser lunes, si bien este hecho me obligó a prescindir de los dos teloneros por mor de mis obligaciones profesionales. Que me disculpe el lector que esperase una reseña sobre alguna de esas dos bandas y se haya tragado ingenuamente los cinco párrafos anteriores de diarrea verbal. Debe resultar tan frustrante como comerte sin hambre un indigesto huevo Kinder para que luego dentro no haya juguete alguno.
En mi opinión Insomnium realizaron un concierto notable en Barcelona, aunque lastrado por un sonido deficiente, al menos donde yo me ubicaba (al final de la barra lateral izquierda). Lo preocupante de esto último es que parece ser algo demasiado frecuente en las giras de la banda, por lo que he podido leer. Ciertamente, yo sólo los había visto en una ocasión anterior, en la carpa del Rock Fest 2018, donde el sonido se hizo una bola. Pero bueno, aquello era un festival y les tocó en el escenario menos noble, por lo que su responsabilidad sobre ello resulta difusa. En cambio, me cuentan que en esta gira en Madrid falló por completo el sistema de PA y en algunos tramos se escucharon más las conversaciones entre los asistentes que al propio grupo. Ese es un error que una banda profesional de la envergadura de Insomnium no se pueden permitir. Parece evidente que este es un apartado a mejorar.

El otro inconveniente, aunque este sólo fue aparente, era que la formación con la que nos visitaban no incluía ni la presencia del guitarrista fundador Ville Friman, atareado en su otra ocupación como profesor de Microbiología en la Universidad de Helsinki, ni las del virtuoso Jani Liimatainen, incorporado como miembro oficioso a las giras desde 2015 y con rango de miembro oficial teóricamente desde 2019. Por este motivo, la dupla de guitarristas con los que Insomnium están girando viene prestada de sus paisanos Omnium Gatherum, otros hijos de la hornada noventera del melodeath, merced a la presencia de Nick Cordle y de Markus Vanhala.
Este último, por el apellido, imagino que primo finlandés de los Van Halen… Vale, ya paro…
Ambos, pese a alguna pifia fugaz, cumplieron sobradamente con sus labores y se entregaron en actitud, especialmente el segundo. No obstante, el hecho de que Niilo Sevänen (vocalista y bajista) no presentase a los miembros del grupo, ni hiciese alusión alguna al respecto de las ausencias, creo que siembra confusión sobre el actual lineup. Sin perjuicio de lo anterior, como digo, los guitarristas dieron la talla, al igual que Markus Hirvonen en la batería y el referido Niilo, ambos militando en la banda de sus inicios.

Finalmente, los teclados y otros efectos venían pregrabados. Es algo que, como mínimo, diría que no me entusiasma, pero que ya hace años que el público hemos aceptado tácitamente, mientras no se abuse de este recurso a lo Rhapsody. El repertorio deambuló sobre todo por sus últimas entregas discográficas, particularmente en el disco “Anno 1696” que presentan en esta gira, aunque con especial foco también en el destacable “Above the Weeping World” de 2006, del que tocaron tres temas. Muchos echamos de menos algún recuerdo de su clásico moderno “Winter’s Gate” (2016), pero entendemos que quieran mantener su unidad conceptual tocándolo entero o no tocándolo, lo cual dignifica esa obra. Temas como “Pale Morning Star”, “Change of Heart”, “Song of the Dusk” o “While We Sleep” fueron calurosamente acogidos por la parroquia que, para ser lunes, se mostró razonablemente animosa, sobre todo en la parte delantera, donde me situaba.
Por lo demás, parecen buenos mozos (al menos el rato que pude hablar con ellos en aquel Rock Fest), los aceptaría gustosamente como yernos si no tuviese una edad similar a la de ellos y su propuesta – aunque dentro de los cánones del melodeath – me sigue pareciendo cautivadora, sobre todo en noches frías y lluviosas como esta en la que escribo. Por todo ello, les seguiremos deseando lo mejor en el futuro.

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