Banda:SØLNEGRE Disco:»The Spiral Labyrinth». Sello:Meuse Music Recs / Tragedy Prods. Año:2023

Por Carlos Citoler

A principios de octubre, cuando el otoño ya empezaba a marcar territorio y pugnaba por acortar las eternas horas de sol de un verano interminable, veía la luz el debut de una banda envuelta en un halo de misterio y anonimato que no seremos nosotros quien venga a romper.

El colectivo Solnegre llevaba dando pistas, dejando un sendero de miguitas de pan, desde finales de 2022, concretamente desde las pasadas navidades, y ahora, con toda la información de la mano, no es de extrañar la elección de fechas,… Con un primer adelanto como fue el tema que abre este largo, Vessel Part I: The Night Whitin ya nos pusieron a salivar a los amantes de los sonidos más lentos, agónicos y melancólicos. Se venía, o eso creíamos, el nacimiento de un nuevo bastión que reforzarse la ya de por sí impresionante escena patria en el género. Ritmos lentos, decadentes, cuasi funerarios, adornados por unas certeras guitarras que traían algo de luz, nos presentaban el ABC del Doom – Death, nada nuevo, pero hecho con un gusto de la leche. Si a esto le añadimos el tremendo solo con aires blues que se marcaba el amigo Mike Le Rossetti, que conjugaba a las mil maravillas con el ambiente eclesiástico que le ofrecían los coros de fondo, la cosa no podía empezar mejor.

Solnegre sacaban la cabeza en una escena que en nuestro país no está demasiado superpoblada, y la reacción del respetable fue, como no podía ser de otra forma, de asombro y  aceptación. Como decíamos, contundencia propia del género, solemnidad y atrevimiento a la hora de incluir detalles que en principio podrían sonar a bizarrada, pero que no hacían más que engrandecer el resultado final, hacían que contásemos las horas para la siguiente prueba de vida del proyecto.

Esta llegó, cuando junio anunciaba el inicio de este eterno verano ya por fin superado, y lo hizo de la mano del tema que cierra el disco, algo que lógicamente entonces no sabíamos. Ethereal-A Song for Nel, y su contexto, rompió a este juntaletras por la mitad, tanto en lo musical como en la historia que rodea al mismo, y ya convirtió las futuras maniobras del colectivo en objetivo primordial a seguir. Algo más que música se estaba cociendo, y había que centrar los cinco sentidos en los movimientos de los isleños.

Como decíamos al principio, con la llegada de octubre, la banda librero completamente todos los temas de este The Spiral Labyrinth, de la mano de los especialistas belgas Meuse Music Records, en colaboración con Sergio González y su Tragedy Productions. 8 temas, incluyendo los dos adelantos comentados, y más de una hora de, no esperábamos otra cosa, Doom -Death bien hecho, delicado y abrasador cuando es menester, repleto de detalles (como me gusta cuando el bajo toma el protagonismo que merece en el sonido final de un trabajo, joder, tan difícil es admitir que también tiene derecho a lucir?), con multitud de calas en las que perderse escucha tras escuchar, y lo más importante, una carga de profundidad en el apartado letrístico que merece mención aparte.

Porque una buena producción, un buen sonido, dobles bombos por doquier y organillos de misa de doce se pueden conseguir en cualquier estudio de grabación que se precie. Sin ir más lejos, márcate un zapping televisivo y seguramente des con algún figura de los que están partiendo la pana en la música actual, y si puedes comprobar que a duras penas sabe vocalizar al hablar, puedes hacerte una idea de la magia que se despega en un estudio de grabación para que el amigo consiga acabar un tema de 4:40,…

Aquí hay algo más, tanto secretismo y deseos de anonimato tenían que llevar de la mano algo aparejado que todavía no llegábamos a comprender sin el trabajo completo en las manos, y sin alguna explicación de los implicados. Dejando atrás amarillismos y chismes, innecesarios a todas luces, se podría resumir, tras devorar varias entrevistas concedidas por parte del colectivo a medios amigos, diciendo que The Spiral Labyrinth como conjunto ha servido a Solnegre de liberación, terapia o puto géiser y válvula de escape personal. Punto, hasta ahí leeremos, porque a donde queríamos llegar con esto es que Solnegre es música, pero no sólo música. Y ahí radica lo bonito y peligroso del tema,…

Si la primera parte de Vessel… nos sumergía en los oscuros abismos de la depresión, en la segunda parte del mismo nos metemos de lleno en la abominación del abuso a menores, en todas sus vertientes, con un juego de voces guturales, desgarradoras y semi-ceremoniales que hiela la sangre a cualquier padre de familia. Sobre una base de medio tiempo, que no llega a estallar hasta el tramo final, manteniendo los nervios en todo momento alerta, el juego de tonalidades vocales es lo que nos mantiene con el alma en un puño a lo largo de sus casi diez minutos de duración. Y no es fácil lograrlo, pero tocando la tecla adecuada, el cuarteto lo consigue. Aquí es Camilo Espina quien se marca un solo a las seis cuerdas que acaba por derribar todas tus defensas emocionales.

El uso de recursos vocales alcanza otro punto álgido en The End Of All Things Endless, donde el yogui indio Sadhguru aparece en la parte final del mismo, dotando a uno de los temas mas potentes del trabajo en lo musical de una mística especial. Si a esto le añadimos los continuos acelerones y cambios que surcan el tema de principio a fin, la agonía que  desprende una voz llena de reproches y una base rítmica demoledora, la perdición está servida. Perdición que se extiende a Yours is a Legacy Of Broken Glass and Poisoned Wells, tema continuación en el que no bajan el ritmo en lo musical, y que tras la agonía vocal final, un piano triste y melancólico pugna por rescatarnos de la tormenta.

Un inicio muy Funeral Doom nos da la bienvenida a September 6TH 1955, ese día en el que todo a nuestro alrededor se viene abajo. Angustia y desesperación envuelven una suite claustrofóbica, en la que vuelve a destacar un preciosista bajo con el que remarcar el dramatismo entre tanta triste melodía. La sensación de angustia, agobio constante y opresión en la que nos sume la certera pegada de una batería marcial domina un tema en el que Solnegre vuelve a recurrir al recurso de las voces en off, acertadamente. Ni siquiera las guitarras, amedrentadas por tal desolación, son capaces de traer algo de luz a este yermo páramo de soledad,…Una jodida delicia perderse en este fatídico día, pese al sufrimiento que acarrea su parto.

Y el sabor a funeral (propio) continúa con The Waning Glow y su monacal inicio, tornando a rabia y mala leche, narrando las maldiciones de un muerto en vida sometido a una relación toxica tácitamente aceptada, cual eterna condena. Aquí son las voces de aquel maldecido por algunos rock gótico de finales de los 80 las que toman protagonismo en su parte final, versos lanzados con desgana, logrando el efecto buscado por el protagonista de la letra, que nos abandonemos al nihilismo como única vía de escape. Detalles por doquier que, llegados a este punto, tal vez empiecen a saturar las mentes de los más cuerdos escuchantes,…

Recta final del mastodóntico debut de los baleares con la participación de Iban Arrieta a las voces en Song For The Inert Part I, que promete continuación, y que es una oda al vacío que nos rodea y que gobierna una sociedad hueca de contenido. Particular la voz de Iban, que rompe y nos pilla a pie cambiado, como si Mosen Ozzy nos arengase desde el oscuro púlpito de la catedral a toda la legión de cabezas vacías a cerrar los ojos y abrir la mente. Nunca es tarde para retomar la fe en algo.

Como comentábamos al principio de esta excesivamente extensa reseña (hemos dicho ya que el trabajo pasa sobradamente de la hora de duración,…? Que esperabas, compañer@, lo de sintetizar no es lo nuestro,…), Ethereal-A Song For Nel fue el segundo adelanto aparecido en redes y el que nos hizo focalizar toda la atención sobre el cuarteto balear. No entraremos en el capítulo de las letras, a cualquier padre/madre le parecería contra natura está aberración o capricho de Dios que llora el tema, es una oda al amor mas puro que pueda existir, y ahí dejaremos el tema. El preciosista piano de Sebastia Pujol y la etérea voz de Gadea Es Inesera se bastan y se sobran para partirnos el corazón en dos, aquí si que se ve empequeñecida la pegada que hasta este momento había venido marcando el ritmo de este The Spiral Labyrinth. Un rezo al viento gélido de este eterno invierno que se avecina susurrado por un alma en llamas consumida por el dolor,…

Una hora larga, como decíamos, caro capricho en estos tiempos en los que apearse del mundo y darse de baja de la vida por unos momentos cotizan al alza en la loca bolsa en la que todos malvivimos. Tal vez demasiada información de golpe, excesivos pliegues en los que esconderse en unos tiempos en los que prima llevar la camisa bien planchadita para salir mon@ en la foto. Por lo poco que se, este proyecto liberador para el colectivo no tiene visos de convertirse en una banda tradicional, o lo que podríamos entender los más viejos del lugar como tradicional, es decir disco-gira-disco-gira. Ha sido más bien un parto, un grito al cielo para soltar lastre y seguir sorteando tormentas en el inmenso mar que nos rodea a cada uno. De ahí que a unos pocos, náufragos también, está hora larga de travesía se nos haga hasta corta, y pidamos más, siempre más; y es que navegar acompañado por penas amigas consuela.

Decíamos antes que la propuesta de Solnegre es música, pero no sólo música, y tras el paseo por este extenso The Spiral Labyrinth pocas dudas nos quedan ya. Aquí hay mucha carga de profundidad, demasiada tela que cortar para reducirse todo a siete notas. Por supuesto, y teniendo en cuenta que los cuarenta un servidor ya nos los cumplirá, había que hacerse con ese bote salvavidas en físico, al que agarrarse y guarecerse en él durante las futuras tormentas que seguro llegarán. Llega un día en el que de vez en cuando hay que pulsar el botón rojo de desconexión, refugiarte en tu casa, filar anclas sobre el viejo sillón familiar y darle al play del equipo de música que acumula polvo en el salón. Con los altavoces atronando y el mundo tras la ventana ardiendo el llamas o pereciendo tras el temporal, eso ya a ti te da igual, poder llorar, reír o soñar ajeno por unas horas al fin de los días que acontece tras el cristal, a salvo, si tienes entre tus brazos el bote salvavidas en físico que acompaña a la sinfonía de dolor que pone banda sonora a la soñada extinción. Por desgracia, la tormenta de Solnegre fue tal que los restos del naufragio se reducen a diminutas tablas, poco auxilio al que aferrarse,…

… O dicho de otra forma, menos poética y espero entendida por el respetable, me falló el físico, compañero,…

Y es que, sin intención de hacer está reseña más extensa de lo que ya es, no quería dejar pasar la oportunidad de comentar algo que ya se está volviendo tendencia, y jode, la verdad.

Poniéndolo todo en contexto, con los cuarenta ya casi olvidados, repito, al abajo firmante se le presentaba la oportunidad de recibir en casa un tesoro oculto, desconocido (a ver, que Spotify está al alcance de todos, y quien era el guapo que se resistía a no catar este The Spiral Labyrinth hasta que lo tuviese entre las manos, claro que lo quemé en redes hasta poder palparlo, nos ha jodido,…), lleno de oscurantismo y anonimato, era una ocasión única, como las que paladeaba de niño, atento a lo poco de calidad que las emisoras de radio podían ofrecer. Con más años y menos pelo, adquirir casi a ciegas un álbum por un flechazo inesperado, esperar que llegase a casa pacientemente desde los brazos de la Discoplay (en la España vaciada, tiendas de discos a mano, como que no,…), y zambullirse en un libreto repleto de arte, letras, fotografías de la banda,… Que se yo, cosas de viejos.

En estos días, con la música e información a un click, el factor sorpresa es casi nulo, y lo de abrazar llorando una carátula de CD mientras los altavoces atruenan libres y en la calle no deja de llover, de moñas trasnochados. Sin embargo, ESTE era el trabajo que si o si necesitaba una edición en físico a full, con imágenes que mostrasen esa angustia y con detalles a los que agarrarse como bote en la tempestad. Pero no nos engañemos, NADIE consume físico, los teléfonos contienen más música que contactos y no se le puede pedir a una banda novel que hipoteque su futuro por un deseo de viejo prematuro. El mundo se mueve a una velocidad de vértigo, y con el la forma de consumir.

Aún así, este, ESTE, era el trabajo que necesitaba, yo necesitaba, poder coger entre mis brazos mientras observo cómo fuera, el resto del mundo naufraga,…

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