En plena agonía de un moribundo año 2023, justo tras rebasar la mitad del último de sus meses, se nos presentaba la oportunidad de presenciar un evento de altos vuelos. Tres grandes bandas de nuestras tierras se presentaban en la Capital, mostrando tres maneras muy diferentes de aproximarse al género más negro y blasfemo, de lo que venimos a llamar “Metal Extremo”. Hablamos del “EVERLASTING SVN CORONATION”. Festival de una jornada que celebraron en la madrileña Sala Barracudas y en ese mismo orden, Regent Death, Fogos y Lóstregos. Los organizadores, Vertebrae, tuvieron buen tino y acertaron en prepararnos esta velada a la que REA (Rock Entre Amigos) no podía faltar.


Llegamos muy justitos por esas cosillas que tiene el moverse, con el coche, dentro de Madrid, en ciernes de las festividades navideñas. Aún así, conseguíamos adentrarnos en Barracudas a tiempo para escuchar el cañonazo de salida para la actuación de Regent Death, que rompían las hostilidades. Esta banda, que en algo más de un año de vida se ha mostrado muy activa moviendo su primer trabajo «Vacuum: chaos is the purpose«, volvía a los escenarios madrileños, a demostrar todo el poderío, la fuerza y el saber estar que han venido demostrando, bolo tras bolo.


…Y es que esta es la tercera vez que los veo y, qué queréis que os diga, no me canso. Representan una apuesta segura, a pesar de su reducido repertorio. Esto es, su EP, que ya nos es gratamente familiar. Además de algún cover con el que completan sus actuaciones y que lejos de parecer un “apaño” para robar minutos al cronómetro, considero que les engrandece por la calidad, la personalidad, el respeto y el cariño que ponen en las versiones que interpretan.

Una vez más, satisficieron las ansias de negro, misántropo y siniestro Black Metal de una sala que ya desde el mismo comienzo mostraba una asistencia de público más que respetable. Ello, a pesar de que en taquilla sólo se pudiera pagar en efectivo, lo que hizo desistir a unos cuantos fans de acceder al recinto. Teniendo en cuenta el escaso aforo de Barracudas, podríamos haber alcanzado el “Sold Out” sin grandes dificultades.


El único punto negativo, siempre visto desde mi humilde apreciación, es que el sonido no resultó aquel al que me tienen “mal” acostumbrado y es que cuando estos señores de lo oculto suenan, es que suenan de verdad. Con todo y con poca definición en el sonido de las guitarras, desarrollaron un espectáculo de altísimo nivel.


Tras una actuación sensiblemente corta, que dejaba con un regusto que pedía más y más, no tardaron mucho en personarse Fogos, ante la llamada imperativa del escenario. De nuevo correr por entre los asistentes, desenfundando la cámara, martillando el sensor, apuntando decidido, con firmeza pero con prisas, para estar a pie de escenario cuando estas criaturas de la oscuridad, maestros del Black Metal, que nos traen desde Cataluña su personal visión de lo que este negro sonido, procedente de los abismos insondables del infierno, hace retumbar en sus corazones, ennegrcidos por años rezumando underground por esos escenarios de “Nuestro Señor Satanás” ¡Fogos comenzaba la actuación! y ahí estábamos para registrarlo en imágenes y en palabras.

Otra banda de escaso recorrido como tal, pero integrada por músicos fogueados en mil batallas, al lado de las hordas satánicas más salvajes. Una batería y una línea de bajo impresionantes, secundados por dos guitarras machacantes y una voz rajada que demostraban la experiencia que les asiste y la calidad en las interpretaciones, a nivel individual. Así como la cohesión entre ellos, que como equipo rebosó una solvencia digna de encomio. Contaban con un Saten Haz Im Nu en el front, muy activo, regalando pose, actitud y tablas.


El público, se mostraba un tanto “parado” y costó moverlo. Sólo delante, el movimiento era ostensible, pero el ánimo no decayó en el escenario. Lo estaban haciendo bien. Mostraban una manera diferente de entender este género y era de agradecer. La variedad en estos eventos es la sal que condimenta y saboriza una noche espectacular. De nuevo, el sonido pienso que no acompañó demasiado y las guitarras se amalgamaron un tanto. Esto deslució un el resultado final, pero dejaron buena muestra de lo que son capaces y en la próxima ocasión seguro que deslumbran como merecen.

Desgranaron todos y cada uno de los temas de su actual, primer y único larga duración, “Corpses and Ashes”, donde ofrecen un nivel compositivo e interpretativo que no deja lugar a dudas. Estamos ante un conjunto que da que hablar. La actuación, ya tuvo una duración más larga, acorde con lo esperado y dado que nos encontrábamos en el equinoccio de la noche, justo antes del plato fuerte, un cabeza de cartel, de contrastado nivel, Lóstregos. No tardaron mucho en preparar el escenario para el último “asalto” de la noche ¡Lóstregos entraba en escena! y entraba defendiendo su último trabajo, el larga duración “Onde Calan os Corazóns, Ruxen as Pedras”. Título en la lengua natal de estos gallegos. Quienes nos acercaron su cultura; folclore y alma perdida, en cualquier incursión de la “Santa Compaña”, por vete tú a saber qué bosque espeso, húmedo y exuberante de leyendas. Todo ello tamizado por el cedazo de su original Black Metal.


Si desde el primer momento, con Regent Death, el escenario lucía con unas luces rojas que hacían sentir que te encontrabas en la antesala del Infierno más apocalíptico y a pesar de que, con Fogos, la variedad de colores se hizo patente, con Lóstregos se dio una vuelta de tuerca a esta escenificación. Un rojo tórrido se apoderó del escenario, pero bajó la intensidad y una oscuridad inquietante, maquiavélica, desasosegante llenó de sombras todo cuanto se movía encima de la escena. No voy a negar que me complicó bastante la toma de instantáneas, pero no puedo tampoco negar que, en vivo, el resultado era espectacular y absolutamente acorde con los sonidos que profería una banda; que se vació y enganchó al público, a los más adeptos y a los más reacios.



Estábamos asistiendo a esa tercera forma de entender el “Black”. En este caso más ecléctica, con influencias que, sin duda, enriquecen su propuesta. Toques de “Pagan”; sonidos de cuerda más “heavies”; armonías entre las guitarras; un bajo que sentenciaba el ritmo; una batería que podía demoler muros de hormigón armado, como si fueran castillos de naipes y unas voces que, rasgadas, casi susurrantes y al tiempo quejumbrosas, agónicas. Todo ello cerró una actuación modélica. Tan sólo, en las fases más “blackers” de las guitarras, éstas se empastaron en un sonido menos definido, a pesar del aumento de volumen y de claridad general. Supongo que el estilo personal y más diverso del sonido de Lóstregos facilitó ese lucimiento sonoro, con momentos melódicos encomiables, altamente emocionales y emocionantes.




La cita no daba para más. Las horas animaban a unos a continuar la noche en los locales de “sospechosos habituales”, donde acabamos recogiéndonos muchos tras cualquier noche de concierto. A otros a recogerse en la intimidad del hogar, para regurgitar todo lo escuchado y vivido, que fue mucho. Algunos cerraban aquí, un año de “negro metal”. Otros aguardan a los últimos requiebros que permite este frío diciembre. Ni para unos ni para para otros, esto es un final, pues en unos días, tan pronto 2024 atisbe la primera luz de la mañana, se volverá a cubrir; con el abrigado manto del más pesado, denso y siniestro metal; las salas de Madrid. Hasta entonces, y si no nos vemos ni leemos antes ¡Feliz Yule! ¡Felices Saturnales! ¡Feliz lo que quiera que celebréis…!
Texto y fotografías: Juan Carlos López Aguilar.
