Banda:LIVGONE Disco:Almost There Sello:Svart Recs Año:2024

Por Carlos Citoler

UNA Y NO (O SÍ?) MÁS…

Abran sus mentes, señoras y señores, porque estamos a punto de sumergirnos en el pantanoso universo Livgone,…y nunca mejor dicho.
El plurinacional trio empezó a gestarse en plena pandemia mundial, y transpira la soledad y angustia que campaban a sus anchas por las vacías calles durante la misma, toda vez que las débiles puertas que las habían mantenido ocultas cedieron. Porque no nos engañemos, Livgone no deja de ser la voz oculta tras capas y capas de fingidas apariencias y ansias de encajar donde no tenemos cabida, o no deseamos estar.

Por eso, acercarse a Almost There, debut del proyecto, guiado por el resplandor que el nombre de sus integrantes emite, sería un error.
No nos dejemos deslumbrar por el echo de que Emil Svensson, actual batería de Watain, se encuentre marcando el endemoniado ritmo que esperamos encontrar en el trabajo; no demos rienda a nuestros prejuicios si descubrimos que Michal «Neitham» Kielbasa, colaborador habitual de los suecos, de Mayhem, de Mgla (y así podríamos seguir hasta aburrirte) también se encuentra tras el proyecto;  dejemos a un lado que Elise Aranguren, voz de la formación y también metida hasta el cuello en la escena extrema, cierre el círculo. NO vamos a adentrarnos en una vorágine de blastbeat, de trémolos por doquier ni de agónicas voces que nos sumerjan en las tinieblas. Eso sí, pocos trabajos más oscuros y aterradores que Almost There podrás echarte a los oídos, compañer@…

Desde la enigmática Walk to Derealization, etérea intro que abre el trabajo, vas a tener la sensación de las arenas movedizas que sirven de base a la propuesta de Livgone son una trampa de la que ya es tarde para escapar.
Como decíamos, no esperes poder aferrarte a conocidos clichés de la música extrema para intentar huir de su propuesta porque, cuanto más te resistas, más acabarás hundiéndote. La voz de Elise es todo lo opuesto a la rabia y desesperación que escupen los vocalistas que asiduamente pululan por tu reproductor de música, pero encierra la mas honda de las tristezas entre los delicados pliegues de unas estrofas que hieren. Silverstone fue el adelanto del trabajo que nos puso en alerta de que bajo la propuesta del trio había algo escondido, que una vez quemado este Almost There, tal vez hubiésemos deseado dejar oculto eternamente. Lo fácil hubiese sido, llegados a este punto todavía de retorno, haber aparcado el disco a un lado y volver a tierras conocidas, donde los riffs campen a sus anchas y las baterías nos golpeen el pecho a ritmos endiablados, dejar a un lado está senda incómoda que transita por el ambient, el Doom más etéreo a ratos e incluso tontea con el Pop y el atmosférico. Y a otra cosa, que el mundo está lleno de música segura por la que transitar,…

Pero resuenan por los altavoces el inicio de Hypoesthesia y ya hemos cruzado el punto de no retorno. Cuando crees que la pegada de Emil se va a desatar, cuando el amigo Neitham empieza a mostrar sus afilados riffs, te ves envuelto en el torbellino y la locura que da forma a una suite de diez minutos largos que late a mitad del trabajo, y que es, después de haber intentado descifrar su oscuro secreto sin éxito, la que le da sentido al mismo. Un torbellino de sonidos ambientales, alargados hasta el extremo, que, no me preguntes por qué, pero hace que te sea imposible localizar la tecla del stop en tu reproductor.
Tal vez sea ese regusto francés en el acento de Elise, el mismo que te embauca como a un niño cuando la bruja mala le ofrece un dulce, la llamada de lo oculto a la que quieres resistirte sin éxito, como ocurre en Watching Them Feel. O esas olvidadas cantinelas de la niñez, oscuras, melancólicas y repetitivas, que te hacen recordar momentos oscuros de una época que hoy, cuando ya peinas camas, tienes idealizada, y que tal vez no fue tan plácida como quieres recordar. No, no te sientes cómodo escuchando Dance so I Can, ese sonido histriónico de misterioso joyero antiguo que desenmascara la sospecha de que tal vez tú adorada niñez esconde monstruos que tú mente ha querido que permanezcan ocultos,… hasta ahora. No, no te sientes cómodo pero eres incapaz de detener la tétrica sinfonía, mitad infantil, mitad macabra, todo oscuridad. Su voz te hipnotiza, los arranques de furia de Emil y de Neitham te tienen atemorizado, conocedor de su rabia, y tu eres incapaz de despegar tu oído de los altavoces.

El trabajo entra en su recta final con J’s Suis Presque, donde Elise, entre reproches y súplicas, cambia de registro vocal para hacerse mas dura si cabe, tras un angustioso inicio de tema que acaba por sacarnos más si cabe de nuestras casillas. Y para acabar desquiciado completamente, sin ganas de volver a pasar por este duro trance, There remata el carrusel de locura en un tema instrumental que perfora lo que te queda de sensatez.

No, no quiero volver a pasar por este trance, dame puntos de apoyo seguros, riffs gruesos, doble bombo al que agarrarme y rabia en las voces, no me la quieras jugar con oscuras triquiñuelas que me rompan los esquemas. Dame lo que estoy acostumbrado a escuchar y déjate de inventos. No, ni una escucha más a un disco que me ha descolocado, que me ha hecho darle una y mil vueltas para poder encontrar la forma de poder transcribirlo a palabras, sin éxito. No, ni una escucha más, tal vez es cierto el dicho de que hay sensaciones que no pueden explicarse, sino vivirse, y escucharse,…
No, ni una escucha más,…  Bueno, tal vez una y lo dejo, puedo hacerlo cuando pueda, yo controlo,…

…o no,…

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