Crónica MELENDI (22.06.24 Zaragoza) Aquí huele como que han fumao,…

Por Carlos Citoler

Que no hay huevos? Sujétame el cubata,…

Zaragoza, y en concreto, su poco aprovechado Recinto Expo, fue la sede el fin de semana del 21 y 22 de junio de, como pude escuchar esa misma mañana de sábado por la emisora de radio pública autonómica, la prueba piloto en la que se comprobaría si la capital maña se postulaba como alternativa a las dos grandes plazas españolas por todos conocidas a la hora de poder albergar macro-conciertos y grandes festivales en un futuro. Que digo yo, que necesidad había,…. En fin, prosigamos.

El viernes encendían la mecha de esta probatina  tan innecesaria como absurda los chavales de Operación Triunfo, que reunieron en la explanada de la Expo Zaragozana a 12000 almas sedientas de … de… bueno, de eso que los chavales de la Academia hacen. 12000 asistentes según la primera fuente que me ha lanzado San Google a la cara al consultarle sobre el dato. Si queréis saber cómo transcurrió la velada, haced como un servidor y tirar de buscador, ya que (una auténtica lástima, mira que me dolió) a este humilde junta-letras le fue imposible asistir,…

Al lío, sábado noche y 16000 personas volvieron a abarrotar la citada explanada maña, dejando claro que Zaragoza cuenta con una localización magnífica para la realización de grandes eventos musicales, no excesivamente alejada del núcleo urbano, muy bien comunicada y con un número de plazas de aparcamiento más que generoso. Si a eso añadimos que la capital maña se encuentra estratégicamente situada en el centro del triángulo que forman Madrid-Barcelona-Bilbao, pan sobre hojuelas,… Prueba superada. Zaragoza se postula como la alternativa de futuro a los macro-festivales patrios. Bien. Guay. «Semos» los mejores.

Ahora solo falta renombrar al recinto Expo cómo la Ciudad de la Cultura Aragonesa, volver a dar vida a la infinidad de macro-infraestructuras construidas para la efímera exposición de hace más de 15 años, y que a fecha de hoy están muriendo de desidia por su nulo uso e inmenso olvido, y convertir la ribera izquierda del Ebro en un foco de CULTURA del que sentirnos orgullosos, donde la música, la danza, el teatro, pintura, escultura y todas las artes que puedan venirte a la mente puedan contar con un lugar adecuado, público y honroso donde desarrollarse,… Porqué si a artistas como Madonna, Michael Jackson, Rolling Stones, o los propios Metallica, «grandes conciertos» que ya habían pasado por Zaragoza previamente a esta «prueba-piloto», les explicas que, rodeando la plaza donde ellos van a descargar, se ha articulado una serie de infraestructuras que han pasado del mas absoluto de los abandonos a llenarse de vida, de arte y de futuros grandes artistas, en forma de salas de ensayo, pequeños teatros, talleres de danza o escultura y demás propuestas culturales, a estos grandes monstruos se les saldrían los ojos de las órbitas solo de imaginarlo,…

Desvaríos a parte, ya sabemos que el poso económico que deja en una cuidad una macro-cita es mucho mayor, más rápido de cuantificar y más goloso que el esfuerzo de plantar, regar y cuidar cien esquejes de futuros artistas en ciernes, por mucho futuro y calidad que atesoren en sus jóvenes gargantas, manos y demás extremidades.

Esta ida de olla arquitectónica tal vez venga provocada por la resaca emocional y aromática provocada por la segunda macro-quedada que conformaba está prueba de fuego concertil en Zaragoza, ya que Melendi, el amigo Ramón, fue quién reunió a las 16000 almas antes comentadas, con la inestimable ayuda de un servidor, que preso de las imperfecciones de la Democracia, no le quedó otra que vaciar su casa y colaborar en que la cifra de asistentes aumentase.

Puntual como un reloj, y apuntalado en un montaje DE LA HOSTIA, Ramón y los suyos, una numerosa banda en la que llegué a contar, si no me equivoco, hasta 10 integrantes, garantía de que poco o nada era disparado desde mesa (toquecito a los metalheads,…), saltaban al enorme escenario zaragozano, haciendo que los 15996 asistentes que rodeaban a mi familia, y parte de la misma, empezasen a desempolvar recuerdos de 20 años de vida.

Y es que Ramón, permítanme la cercanía con el artista, se encuentra alargando su gira de celebración de 20 años sobre las tablas. Vamos, como mis adorados Gunners, que nos llevan engañando décadas presentando como primicias «junglas» y «dulces chicas» a precio de oro año tras año. Aunque, pensándolo bien, vistos sus últimos partos, tal vez eso sea lo mejor que puedan seguir haciendo mientras sean capaces de mantenerse sobre los escenarios,…

Echando cuentas, si el susodicho Ramón es de la quinta de este que suscribe, año arriba, año abajo, y ninguno de los dos vamos a cumplir los cuarenta, es fácil comprender que la música de Melendi haya acompañado a este humilde junta-letras, consciente o inconscientemente, durante toda la post-adolescencia, proto-madurez y los duros años de pagos e hipotecas. Si a esto le añadimos que la Joya de la Casa, el pilar y quién pone la cordura en esta loca vida mía, adora la música de Ramón y los suyos y hace propias sus letras más almidonadas, el resultado es más que obvio: no te digo yo que me sabía todos los temas, pero no me eran ni mucho menos desconocidos.

Y es que el amigo Melendi, precisamente a través de sus letras, ha sabido conquistar a toda una cohorte de damas, que en todas sus facetas, románticas, desengañadas o golpeadas por la dura vida que les ha tocado vivir, se ven reflejadas en unas líricas en las que el ovetense les hace un traje a medida a cada una de ellas si osan acercarse a su propuesta musical. Eso sí que hay que reconocérselo al poeta macarra por excelencia, con permiso de Don Robe Iniesta, que tal vez se dedicaba a asuntos más etílicos y menos carnales en sus líricas. En contraposición, la habilidad de Ramón de colocar a estas guerreras frente al espejo que suele ser un hombre que de eso, de hombre, solo tiene lo que le cuelga en la entrepierna, hace que su grandeza y poderío se vean reflejados y aumentados por mil. Tal vez hoy, donde el empoderamiento está en boca de todos, sea un asunto menor, pero fue curioso, curioso y gratificante, observar el desfile de damas de toda índole y pelaje, cruzando la ciudad dirección al recinto Expo, ataviadas con sus mejores galas, muchas de ellas tapando con esos ropajes las miles de heridas recibidas, con la esperanza de encontrarse bajo el escenario con su yo de hace 20 años, y poder avisarle a tiempo de que lo que está por venir no es el viaje soñado,….

Vamos, como nosotros los metaleros cuando asistimos a un tributo o a la enésima gira de despedida de nuestro grupo de cabecera cuando empezábamos en el rollo, no nos vengamos arriba.

Y es que, como dice, el refrán, «mal de muchos, consuelo de tontos». Certifico, sin necesidad de notario, que el complejo de Peter Pan no es exclusivo de la parroquia metalera, ni mucho menos. Que toda una generación, del «Baby Boom», los únicos, por cierto, que seguimos asistiendo asiduamente a espectáculos donde una cuadrilla de seres vivos, con cara y ojos, se dedican sobre un escenario a sacar sonidos de unos extraños instrumentos sin tener que recurrir a grabaciones previas que se lanzan desde una mesa de mezclas (hostia, quita esto, César, que vamos a quedar retratados,…). Retomando, que toda una generación, sin importar gustos musicales, «unders» y «mainstreamers», poperos, rockeros, «jeavilongos» y demás, sigamos prefiriendo revivir en directo la seguridad de los temas y grupos que nos recuerdan a nuestro «yo» de hace tanto tiempo que no sabemos ni en qué cajón de casa lo tenemos guardado, al cosquilleo de toparte en una cita a ciegas una propuesta desconocida, de una banda novel, o que lleva siglos peleando en las sombras sin que su música haya podido salir de su local de ensayo, es para hacérnoslo mirar. Pero TODOS, ya te digo, uno y otro bando, porque me da la impresión de que, entre tanto Peter Pan empeñado en no crecer, despistado buscando a su «yo» pasado, al final, entre todos, dejaremos morir a la pequeña Campanilla por falta de atención,…

Respira tranquilo porque no tengo intención de repasar tema a tema el concierto del colega Ramón y los suyos, más que nada, lo confieso, porque estuve más pendiente en algunos tramos del mismo de disfrutar de la felicidad que irradiaban mis acompañantes, cantando a gritos pelado tema tras tema, que de las propias andanzas de Melendi sobre las tablas. Lo siento, Ramón, pero tú, teniendo retoños a tu cargo, habrías hecho lo mismo, tío. Eso sí, lo gozaron como hacia días que no les veía disfrutar tanto. Te debo una, agradecido en el alma, tío.

Sí que hay que decir, como ya lo comentamos en la reseña del concierto de la amiga Aitana a finales del año pasado (Joder, César, estoy hecho un cabronazo de cojones, tío, en cuatro días perdemos la credibilidad como página web entre los metaleros que tantos años te ha costado ganar,… «Lo siento mucho, tío, me he equivocado, no volverá a ocurrir», que decía el otro,..), que bien se folla con buena polla, joder.

Ya lo hemos comentado al inicio, pero es justo recalcar que la producción con la que Ramón se pasea por el estado, celebrando 20 años sin noticias, es para caerse de culo. No tanto por el tamaño, no seamos básicos, sino por lo de la calidad. Pantallazo sobre el escenario en el que los sufridos asistentes de «pago normal» podíamos seguir las peripecias de la banda sobre las tablas, mezclando imágenes animadas con tomas en directo. Aprovechando, Ramón, si lees esto, coméntale al compañero al que le toque, las dos pantallas laterales un pelín más altas, chato, que 16000 personas, con la buena alimentación mediterránea de la que gozamos en el país, es mucha la altura que guardamos en nuestros adentros, y en Zaragoza ambas pantallas laterales quedaban un pelín bajas. Por aportar a una futura mejora, equipo, sin acritud,…

Los temas fueron cayendo, mis acompañantes camino directo al Nirvana tema tras tema, y yo personalmente descubrí la maravillosa sensación de disfrutar del concierto desde múltiples puntos de vista, algo muy novedoso para este inculto redactor. Además de las tres pantallas gigantes comentadas, y algún vistazo entre las cabezas del escenario en si, poder ponerse en el lugar del asistente que tienes a dos metros de distancia, delante de ti, y ver, desenfocado y en continuo movimiento, las andanzas de la banda sobre el escenario, a través de la pantalla de su móvil, es espectacular. Tenéis que vivir esa experiencia, si no lo habéis hecho ya, que lo dudo: la de cagarte en todo cuando todo el personal saca sus móviles para grabar con ellos los mismos vídeos que en su vida van a volver a ver, si no es para subirlos a las «stories» y bobadas similares, en lugar de grabar en su retina y memoria el bonito momento que están viviendo junto a su artista favorito,… De locos, tontos los hay de todos los colores, en todos los lugares y escuchan todo tipo de música, y casualmente, todos tienen móviles,…

Amago de emergencia sanitaria incluido, durante la interpretación de La Promesa, en la que varias parejas asistentes al concierto aprovecharon para pedir la mano de sus amadas (os lo juro, literal, durante los cuatro minutos y pico de tema se hincaron más rodillas a tierra que en la entrega de Grabada a los Reyes Católicos), el concierto se fue transcurriendo sin muchas novedades, según el guion que mi hija, muy aplicada ella, había memorizado gracias a que Tik Tok ofrece un curso rápido de «momentos top» en los conciertos de tus artistas favoritos, para que ninguna sorpresa pueda arruinar una experiencia planeada al detalle.

Hasta aquí, la crónica más fiel y surrealista que este humilde junta-letras ha podido obtener de un concierto al que prestó menos atención que al hermoso espectáculo que durante aquellas dos horas le rodeaba.

Una crónica que estuvo a punto de quedarse entre los varios borradores sin acabar que los redactores de la web llevamos a medias, si no hubiese suido por cinco importantes razones:

-La primera y segunda, por el gustazo que me estoy dando al imaginarte a ti, sufrido lector, maldiciendo mi nombre y preguntándote porqué no sigue este peñazo que acabas de leer entre mis asuntos pendientes, y porque César me dio en su día las llaves de la web, y tengo opción de colgar borradores a voluntad. Jefe, si insistes, te las devuelvo, pero que sepas que he hecho varias copias de las mismas,…

-La tercera razón la olvidé mientras preparaba la crónica, pero la cuarta sí que la recuerdo bien. Dos semanas después de la descarga de Melendi en Zaragoza, tuve el «placer» de asistir a un concierto en el que un tributo al ovetense era el mayor reclamo del cartel. Sí, lo sé, dos ostias bien dadas no me las quita nadie, y bien merecidas las tendría, pero el hecho de asistir a la «tributada» me dejó claras un par de cosas: que poco me parecieron los 40€ largos por barba que costaron las entradas del original tras «disfrutar» del tributo, y que el juego de la oferta y la demanda es lo que acabará por matar a la música: el cuarteto tributo, del que preferiría obviar el nombre, me dio toda la impresión de que se trataba de un grupo de amigos, todos ellos bastante diestros en sus instrumentos, apasionados por el funk y derivados, que han de ganarse el pan «obligados» a vender su tributo, cuando lo que desearían es verse sobre las tablas del mismo escenario que aquella noche les cobijaba, dando rienda suelta a sus gustos y dejando a un lado los temas del amigo Ramón. Lo digo porque, aparte de dos o tres intros con mucho sabor, saliéndose del repertorio del ovetense, en las que sí se les veía disfrutar sobre el escenario y dándose un gustazo a sí mismos, tanto el sonido como la iluminación de la velada fue un auténtico desastre. Y solo en esos contados momentos de escape, en los que los músicos se olvidaban del repertorio que desde el otro lado de las vallas se les estaba pidiendo, fue cuando pude ver a los cuatro chavales disfrutar, gustarse y, cosas de la vida, soñar como un jodido cañón. Pero, claro, la demanda de entradas no hubiese sido la misma si la oferta anunciada hubiese sido «cuarteto de funk desconocido a 8€». En cambio, «Tributo a Melendi por menos de 10€» tiene más gancho comercial,… Puta micro-economía.

Quinta y última razón, y ya te dejo tranquilo, fue el hecho de que volviendo para casa tras el concierto del «original», con lo más preciado que tengo en la vida llenando el asiento trasero y el del copiloto de mi coche, las dos anchas que me mantienen a flote andaban discutiendo el porqué el ovetense no había incluido en su repertorio aquella noche el mejor de sus temas, Saraluna. La cosa no habría pasado a mayores si no hubiese sido por el hecho de que caí en la tentación y pregunté de que canción se trataba, ya que, a mi modesto conocer del repertorio de Ramón, no había echado ningún tema en falta. La magia del Bluetooth y el móvil de mi hija mayor hizo el resto, y como tiene conexión directa con el equipo de música del coche, desbancó a Rock FM, que en aquel momento sonaba por los altavoces (dime una emisora comercial «menos mala» y apta para todos los públicos, y te juro que la sintonizo ipsofacto en la memoria del coche para viajes familiares,…), y por los altavoces del vehículo familiar empezó a sonar el tema. Como ya te he comentado al principio, la música y letras del amigo Melendi, por edad, han acompañado, aunque sea de fondo, el camino recorrido por este que firma el tostón resultante, y, efectivamente, este tema tampoco me era desconocido. Archivado, relegado a un rincón de la memoria, tal vez, por lo jodido de la prosa, pero no olvidado.
Y que quieres que te diga, compañer@, que tus dos hijos coincidan en que la letra del tema les emociona, les une, y lo prefieren a correspondencias de Holanda y demás paseos por la vida, te hace sentir que tan mal no lo habrás hecho, que aunque el maestro tenga limitaciones, los alumnos han entendido y asimilado la lección, y que ya puedes morirte tranquilo (preferiría hacerlo, si se puede elegir, escuchando buen Gótico y aferrado a un par de CDs a los que les tengo mucho aprecio), porque, como dijo el dichoso Darwin, quien te precede siempre será una versión mejorada de ti,…

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