Crónica NOX AETERNA Jornada 2 – MORTA – NAKKIGA – EMPTY – CORPUS CHRISTII (05.10.2024 Lennon’s Club, Barcelona)

Por Nocturno / Fotos de SandraBlack

¡Oh noche! ¡Oh refrescantes tinieblas! ¡Sois para mí señal de fiesta interior, sois liberación de una angustia! ¡En la soledad de las llanuras, en los laberintos pedregosos de una capital, centelleo de estrellas, explosión de linternas, sois el fuego de artificio de la diosa Libertad! (El crepúsculo vespertino – Pequeños poemas en prosa, 1869, Charles Baudelaire, 1821-1867)

Tal vez el mejor de los poemas de Charles Baudelaire de aquella compilación, relata el ocaso del día, donde entidades sombrías ascienden y anuncian el advenimiento de la noche. Con ella, de la pérfida oscuridad, emergen extrañas e insólitas reflexiones, personajes fantasmagóricos, aflorando toda una amalgama de emociones y pensamientos que, fragmentados, permiten la liberación de nuestra más oscura psique en la lúgubre y gélida soledad del Tártaro. Tal fue la dimensión de aquella noche. La catártica segunda jornada del Nox Aeterna queda perfectamente reconocida cuando uno se detiene a leer la dorada pluma con la que estaba tocada uno de los “Hijos de Caín” y autor de esta pequeña estrofa extraída de su seminal obra. Y es que, con la noche, huyendo de lo mundano y evidente, llegamos a un mundo gobernado por la calma y la introspección, entramos en el reino de lo incierto, de lo que apenas se intuye, como tampoco llegábamos siquiera a intuir lo que nos tenía preparada la noche para esa gloriosa segunda jornada del Nox Aeterna. Si bien es cierto que el cartel hacía presagiar un bolo de antología, lo que acabó siendo, superó de largo cualquier expectativa que sobre el papel pudiéramos presuponer.

Se avecinaba tormenta, la oscuridad se cernía sobre L’Hospitalet y nosotros, como esos investigadores suicidas, esos científicos kamikazes ávidos de adrenalina que recorren lo que haga falta para encontrarse de bruces con la tormenta perfecta, acudíamos raudos y prestos a la nueva invocación de Quintessence Metal Club y Manguales EMU. Ya con los sellos estampados en nuestras muñecas, fuimos bajando de nuevo SandraBlack, con su arma de inmortalización masiva y un humilde servidor que arroja estas mortecinas letras, hacia el más blasfemo de los inframundos donde la negrísima maldad de MORTA, que venía presentando su oscuro LP “La España Negra” (2023), nos daba la bienvenida desde un púlpito adornado con velas y calaveras.

Un aura de malignidad tan espesa como la niebla impregnó los cimientos de la Sala Lennon’s, únicamente empañada, brevemente, por algún que otro “muteo” del micro de Kaiser, quien iba vomitando amargamente sus perversas y malvadas letanías. Enorme trabajo de Viktortured (Invernal) a la batería, machacando y triturando de manera impasible los tímpanos del público, que esta vez sí, había acudido en masa, elevando la temperatura de la sala por encima de lo humanamente tolerable, tanto, que ni las gélidas notas de Necroceron no hicieron otra cosa más que inflamar aún más si cabe la bola de malignidad infernal que, disfrazada de oscuro Black Metal añejo, lanzó sobre nuestras cabezas.

Tras la hecatombe sonora de MORTA, los tiempos apremiaban y los músicos se apresuraban en desmantelar sus instrumentos con concienzuda profesionalidad, como si limpiaran y borrasen las huellas de la escena de algún perverso crimen.

Con NAKKIGA ya sobre las tablas, poníamos rumbo hacia los verdes picos neblinosos y el frío invierno de las salvajes tierras vascas pero arropados bajo el tupido mantra de un Black Metal de corte clásico, pero con un toque muy personal, donde se funden elementos del folk, del thrash y hasta del punk y en donde el euskera, casa a la perfección con el estilo agreste y mitológico que practican.

NAKKIGA, que nació en 1999 gracias a Oindurth (batería) y a Arghura (guitarra, voz), venían cumpliendo 25 años, haciendo gala de una más que excelsa trayectoria, banda legendaria, con varios discazos en su haber como son el “Belebeltzeta” (2010), el “Amerasu” (2013), el “Amaieraren Hasiera” (2014) o su último trabajo “Barneko Beldurra” (2024). Los de Amurrio dieron un repaso a su legado y toda una lección magistral de buen hacer, de cómo hacernos sucumbir al gélido y oscuro ambiente que siembra su música, de cómo la crudeza de su estilo o cómo esa voz desgarradora nos transporta a la tundra helada en la que se resume su sonido. Especialmente destacable fue también la camaradería durante su actuación con el público presente, sinergia vascuence.

Tras el vendaval sonoro norteño, la noche iba cayendo, el camino se tornaba tortuoso y dejamos los verdes acantilados atrás para adentrarnos en un gris camposanto. Un paraje que versa sobre la naturaleza impostergable de la muerte; caminando de la mano del pesimismo y la resignación y envuelto en un halo sombrío, el hedor del ocaso, la podredumbre y la pérdida de toda esperanza, proyectando una especie de nostalgia, de melancolía hacia los amaneceres y crepúsculos que ya no veremos, nos vemos presos silenciosos de un destino con forma de ataúd: definitivo e inexorable, así se manifiesta el negro arte de EMPTY.

El declive, la decadencia hecha música. Silencio sepulcral. La expectación era máxima. Cuatro lóbregas figuras aparecieron sobre el escenario trayendo a rebufo consigo el gélido y trágico aliento de la oscuridad. La legendaria banda, tras algunos ajustes de sonido iniciales que se resolvieron a la perfección, se dispuso, por fin, a oficiar la esperada misa de la decrepitud bajo un más que caluroso recibimiento de los allí presentes. He de decir que el sonido fue excelente, elevando la propuesta artística de la banda a niveles dramáticamente épicos. De los mejores bolos que he tenido el honor de presenciar y de disfrutar en la Ciudad Condal en lo que llevamos de año. La entrega, la actitud y la veteranía de estos cuatro músicos, sobre las tablas hacen de EMPTY una experiencia única que trasciende los límites más allá de lo tangible. Orgall (guitarra), Khloros (batería), Nemac (bajista) y Drizzt (voz, guitarra) se complementan a la perfección ejecutando con maestría cada uno de los himnos mortuorios que nos tuvieron preparados de obras tan consagradas y de capital relevancia dentro del Black Metal como son “The House of Funerary Hymns” (2009), “A Source of Hollow Essence” (2002) o su última obra maestra, “Omnia Amet Lorem” (2022).

Abriendo con “Funeral Prelude” fuimos descendiendo hacia su lúgubre mundo para estallar en absoluta oscuridad con “The Sense of No Being”, “How Far I am from All”, “Alone in the Darkness…» «My Eternal Rest”, «The House of Funerary Hymns” o “Regret from Nothing in itself”. “The Vision That Ruined a Man” puso punto final a un bolo épico y espectacular. El dramatismo espectral casi agónico de Drizzt a las voces, la pegada precisa de Khloros a la batería, la concentración imperturbable de Nemac al bajo y la clase de Orgall a la guitarra, conforman un viaje amargo e introspectivo en toda regla, música oscura que hurga en lo más profundo de nuestro ser y en donde nuestra desolada alma queda presta para recibir su funesta sepultura. Nada más que añadir de una banda que siente profundo fervor por los sonidos más oscuros y decadentes y que lo demuestra con total honestidad y pasión.

Habiendo paseado con la muerte de la mano de EMPTY, fuimos arrojados al incandescente averno siendo recogidos por los lusos CORPUS CHRISTII para machacar lo poco que quedaba ya de nosotros a ritmo de un puro Black Metal de la vieja escuela como sólo una banda de este calibre es capaz de ofrecer. Blasfemias que llevan profiriendo desde hace ya más de 25 años y que no nos cansamos de escuchar desde que Nocturnus Horrendus (voz) e Ignis Nox conjurasen “The Fire God” (2001). Para la ocasión, Andrecadente (batería), Diogo Santana (guitarra) y Koraxid (bajista) acompañaron en esta pérfida cruzada a Nocturnus Horrendus, para erigirse como baluarte del auténtico Black Metal, sin adornos ni florituras. Pura ira, velocidad y oscuridad old school repartida a mamporros, siendo su última obra publicada en 2022, “The Bitter End of Old” la que recibiría especial atención para ir destripando después varios temas de su arsenal personal como son los álbumes “Delusion” (2017), el “PaleMoon” (2015) o el anteriormente mencionado “The Fire God”.

Bolazo por todo lo alto con un público totalmente desatado, coreando el “Hail Satan!” del himno “Become The Wolf”. CORPUS CHRISTII incendió y redujo a cenizas el Lennon’s con un sonido demoledor, demostrando una absoluta devoción y respeto hacia este antiguo culto.

Nuestras caras de satisfacción no podían ser más elocuentes y descriptivas de lo vivido durante esta segunda jornada. Finalizado el festival, sólo cabe felicitar y agradecer a los organizadores de este NOX AETERNA, a Manguales EMU por hacerlo posible en Barcelona y, en especial, a Quintessence Metal Club por montarlo, contando para ello con bandas reconocidas de un excelente nivel tanto nacionales como internacionales. Mi más sincera enhorabuena. Esperemos que esto sólo sea una primera edición de muchas más.

Deja un comentario