
Crónica de Alberto Monreal.
Con la totalidad de las entradas vendidas desde hacia semanas, con un público muy devoto y fiel, la diosa CHELSEA WOLFE ejecutó un sortilegio capaz de hechizar al público congregado, y posiblemente con el poder suficiente de haber captado a muchos más fieles, certificando una vez más el grave problema que tiene Madrid con las salas de aforo medio, un mal endémico de la capital al que pongo al mismo nivel que el tráfico infernal o la corrupción política.
Pero antes de la ceremonia de la Wolfe tuvimos una buena sesión de perfomance gimnástica musical a cargo de la también norteamericana MARY JANE DUMPHE, una artista de avant garde corporal y expresividad teatral que pareció no encontrarse muy cómoda en el escenario, en parte también porque no se lo pusieron fácil. Pidió más oscuridad en las luces, cambios en el sonido, e incluso pidió una botella de agua, y ni eso le dieron, terminando la actuación un tanto ofuscada y sedienta, lo cual influyó notablemente en el resultado final. Buena voz, alguna canción con guitarra acústica, y bases pregrabadas para una música sincera y emocional a medio caballo entre el minimal pop y el country, un cocktail que resultó quizá muy desequilibrado y que no termino de contactar con una sala ya llena a reventar desde el principio.


Lo primero que voy a subrayar de la aparición mariana que fue ver a CHELSEA WOLFE en el concierto es el impresionante juego de luces. La base del ambiente sobre el escenario es la sugerente oscuridad, desvelando siluetas ensoñadoras, ocultando tanto como enseñando, ofreciendo perfiles de claroscuros y resaltando la ya de por si fantasmal presencia de la diva. La colocación de los tenues focos de luz fueron muy sencillos pero tremendamente efectivos, por encima, a los lados, pero a la misma altura del rostro de los músicos, por detrás también, realzando ese outfit de institutriz decimonónica de la cantante. Junto a la aparición de humo en el escenario, este parecía un espacio entre la vida y la muerte, un Hades personal en el que Chelsea se encuentra muy a gusto. Su voz, tímida, quebrada, acompañaba sus suaves movimientos, construyendo una presencia de otro mundo, un ánima casi irreal, una artista de otro tiempo y de todos los tiempos a la vez.


Claro, ante una puesta en escena así, con tan solo el grave y pesado bombo de bienvenida de “Whispers in the Echo Chamber” el respetable público estaba ya entregado a sus pies. Hacia tiempo que no veía tal pasión de un público por una artista. Miraba al público de reojo y me parecía estar en un evento religioso más que musical, con rostros cercanos al trance y al viaje astral. Con los ojos y corazones saliendo de sus recipientes, el sortilegio se mantuvo durante toda la noche, en la que una banda muy trabajada y eficaz, fue pasando hojas en la discografía de CHELSEA WOLFE, especialmente a su estupendo último álbum, “She Reache Out to She Reaches Out To She”, del que cayeron todas las canciones. No se dejó ni una en el tintero.Es por eso que al final echamos muchas canciones de menos, y con una escasa hora y media de concierto pues nos quedamos con ganas de mucho más. Cayeron “16 Psyche”, que fue el momento más eléctrico y tormentoso del cancionero, un recuerdo de ferocidad para un concierto en general muy intimo y pausado. También estuvo presente el folk country de “Flatlands”, con el que recordamos al desaparecido Mark Lanegan, “Feral Love”, su inolvidable primer éxito de su primer disco, dejando para el final un solo tema a modo de bis, “Carrion Flowers”, el que pueda ser considerado el tema más celebre de la artista.En ”Tunnel Lights” Chelsea se atrevió con un breve pero enérgico encore del tema de los Cramberries, “Zombie”, toda una sorpresa coreada por un público que enseguida se puso a cantar con ella. En el tema “Unseen World” sacó un collar y lo puso a bailar bajo su mano, subrayando el lado místico y mágico de Chelsea, a la que no le es ajeno el camino de la brujería. Algunos fans entre el público también sacaron su collar para moverlo como ella. La foto no le hubiera gustado a los lectores del ABC, desde luego.

El resultado final fue desde luego un concierto inolvidable, con una artista en plenitud, con una voz envidiable, con una actitud de las más misteriosas del mundo de la música, y con una banda muy preparada y capaz para acompañarla. En su debe quizá hubiera elegido menos temas de su último disco, más industrial y tranquilo, y hubiera añadido alguna canción más fuertes para hacer el concierto más variado. Esas guitarras doom, torturadas y profundas, apenas aparecieron esta noche. No obstante, el resultado es increíblemente satisfactorio y placentero, y la música de CHELSEA WOLFE es tan variada que algunas veces el equilibrio puede caer hacia alguna de sus aristas. Sin duda alguna, una de las mejores artistas que han pasado durante este 2024 por Madrid. Un concierto para recordar durante mucho tiempo.
