Es día 8 de febrero, un sábado cálido y luminoso de los, cada vez más habituales, suaves inviernos madrileños. Hay que comenzar pronto a desperezarse. Hoy asistimos a una sesión matutina en el barrio de Vallecas, en la sala La Trinchera. Esto es una cosa poco habitual. Estamos más acostumbrados a los horarios de tarde/noche. Es cierto que cada vez parece que los conciertos empiezan más pronto. Aumenta el número de bandas y las salas ajustan el horario estipulado para preparar debidamente su sesión nocturna.

Tener que estar antes de las doce de la mañana en la sala es bastante extraordinario para mí. Lo que no significa que me desagrade. Tienen su punto estos conciertos a la hora del “aperitivo”. Más aún cuando la sala se encuentra en el interior del Mercado de Numancia. Lugar plagado de comercios de restauración y buen ambiente. Todo promete un post concierto interesante y divertido. Un momento ¿Estamos ya hablando del post concierto? Rebobinemos, porque todavía no he salido de casa, en las inmediaciones de la Sierra de Guadarrama, casualmente origen último de la banda que abrirá la matinal, de nombre AYAHUASCA.


Os ahorraré los detalles de la ruta hasta La Trinchera porque no son nada interesantes, pero sí dieron margen a ir comentando detalles y curiosidades propios de la previa a un concierto. A la llegada a nuestro destino, lo primero que sorprende es lo despierto que se ve al público. Los locales no tanto, ya que aún la mayoría se desperezan pesadamente y sólo muestran en el mejor de los casos un telón a media altura, señal de que si quieres tomar algo sólo un par de opciones se encuentran disponibles, al 100%. La sala, ya está preparada, con la prueba de sonido cumplimentada, a la espera de que empiece el show.

Si hablábamos anteriormente de sorpresa, la mayor que nos encontramos fue la edad media del público. Hay que decir que la parroquia respondió en buen número, aunque sin llenar la sala. Metal Legacy Alcorcón, inspiradores y organizadores del evento convocó a sus socios y respondieron con marcialidad. Muchos incondicionales de las bandas, amigos, familia y un buen montón de infantes que hacían raro el paisaje de la sala, más propio de un “parque de bolas” que de un “garito metalo-punkero”. No me atrevería a sentenciar si éstos tiernos retoños serán algún día, el relevo generacional de la escena, pero desde luego sí que confío en que representará un soplo de aire fresco en la financiación de nuestras pensiones ¡Gracias, chiquitines!


Entramos ya al turrón, que llevo cuatro párrafos y todavía ni una letra de música. Bueno, ahora que lo pienso, ni tan mal, porque si algo va a caracterizar la mañana es la falta de letras. Dos bandas progresivas, post, instrumentales, en las que las palabras están consideradas algo sobrevalorado. Es más lo que pueden transmitir a través del sentimiento, las sensaciones, el toque de los dedos en las cuerdas y las cuerdas en la aurícula derecha, de las manos en las baquetas y éstas golpeando la aurícula izquierda sin compasión. En definitiva. Esos impulsos que nos dan la vida y permiten a nuestro corazón seguir palpitando y a nuestros pulmones seguir respirando, a pesar del agobio existencial que representa la cotidianidad.


Salta AYAHUASCA pertrechados con sus coloridos pasamontañas. Se ha hecho un poco tarde y aunque el setlist es corto, ya sabemos que los desarrollos de sus temas llevan tiempo, con lo que 7 “cantecitos”, lo de “cantecitos” es un decir, dan para cubrir un set. La formación de AYAHUASCA ha sufrido drásticos cambios de formato. A nadie se le escapa el detalle de que en el escenario hay una batería y dos bajos, nada más. Si bien en sus orígenes contaba con un formato más convencional que se puede apreciar en los cortes de su primer LP. Trabajo homónimo, también conocido por su traducción libre como “La Soga de Los Muertos”, por los más trascendentes y/o versados en la materia.

Desde luego, este “mediodía” (madrugada para los trasnochadores), todos los temas van a estar arreglados para bajo y percusión. Y así comienza el espectáculo con “Tiktikyaay”. Un arranque suave, para tomar contacto unos con otros, ellos con nosotros y nosotros con el Universo, despertarse y que el sonido se acople finalmente. ¡Y vaya si lo hizo! Ya durante el mismo “Tiktikyaay” el sonido se acopló. A pesar de lo pesado del mismo y los mandobles que recibían los parches, casi toda frecuencia proyectada quedaba encajada en los márgenes precisos. A lo largo de la actuación, alguna vez se salió algún bajo de madre pero nada excesivamente incordiante y rápidamente atajado.


Con “Jaguar” sacaron la mala leche e inauguraron el recorrido por su anterior entrega, “La Soga de los Muertos”, en esta sesión. Después tocarían también “Pachamanca”, para completar con representantes de su último “larga duración”, “Wañunakama”, entre los cuales hay que destacar el gran final con su “coplilla” estrella, “Cóndor”, reconocible y agradecida por el público. Parroquia en la que se adivinaba su conocimiento y fidelidad a la banda. Con esto se finiquitaba el pase. Para resumirlo, podríamos decir que fue una actuación diversa, en todos los sentidos.

Hubo simpáticos speechs, buen rollo general, caos (en el buen sentido), sensaciones, música absolutamente orgánica salida de los más recónditos pliegues del tejido estomacal de los artistas, diversión encima del escenario y atención al desarrollo, debajo. Un concierto muy interesante, más para alguien como yo, a quién los sonidos graves le llegan muy adentro. Como extra un “temita” nuevo aún no editado «Kausay«, adelanto de la inquietud creativa de los integrantes de AYAHUASCA. ¡Bien por mis “casi-vecinos”!


Rápido cambio de trastos. Los segundos y últimos del mañanero evento, SEKBA, suben al escenario. La formación, la habitual en este tipo de estilo, dos guitarras, bajo, batería y los micrófonos para decir, hola, adiós y gracias. Dejamos atrás los formatos imaginativos y volvemos al redil de la convención con los madrileños SEKBA. Lo que resulta de todo ello… Concentración máxima; Coordinación absoluta; perfectas interpretaciones; delicadas melodías que, sucedidas por rabiosas frases dan paso a sólidas líneas en las que se pierden, se gustan, las disfrutan, corretean por ellas como niños jugando y tardan, tardan en salir. También como a niños, a veces a uno le asalta la sensación de ausencia de esa mamá que les saque de tan profundo abismo.

Desplegaron un setlist basado en su último trabajo “Enjambre”, de principios del año pasado, incluyendo un par de cortes de “Ladrido de Corzo”: “Quebrantahuesos” y “Amalgama”. No pudo ser más porque el tiempo se echaba encima y sacaron de la lista el último tema previsto, “Flor de Piedra”, que apareciera editado en “Ladrido de Corzo”. Como consecuencia, remodelaron su final y concluyeron la cita con quizá, el tema que más me gustó de los que interpretaron, “Avispero”.

Ofrecen una propuesta escénica mucho más flemática y solemne que la de AYAHUASCA, si bien de estos últimos hay que imaginar las expresiones. Cero concesiones a la distracción, a la sorpresa. Invade al oyente una sensación de control, de solvencia que se exterioriza a través de los severos rostros que incitan a concentrarse en lo que sale de las manos de los miembros de SEKBA y a dejarse llevar por las ondas de su creación.

Solo me resta concluir con los agradecimientos. A Metal Legacy Alcorcón y a todos aquellos que han colaborado, el empeño y dedicación en organizar estas sesiones que bien siendo nocturnas o mañaneras, hacen falta y confío en que continúen repitiéndose. A las bandas por subirse al escenario, compartiendo con todos nosotros una mañana de sábado y conciliando en muchos casos su vida familiar con esto que tanto nos gusta. A la sala, por abrir tan pronto y facilitar un magnífico sonido, como es habitual. Al tiempo meteorológico por regalarnos una mañana y tarde espectaculares.
Texto y fotografías: Juan Carlos López Aguilar.
