Por Sammael F. H.
No es noticia nueva, sobre todo para quien ha ido leyendo una tras una TODAS las parrafadas escritas de mi puño y seso y que la gran REA Metal ha ido acogiendo una por una, que este humilde proyecto de escriba que de tanto en cuando os entretiene con sus obsesiones personales, más enfermizas que sanas por momentos, dependiendo de a según quien se le pregunte, tiene en su agenda personal una suerte de, digámoslo así, “artistas fetiche”. Tampoco es un hecho digno de sorpresa, hagamos hincapié en mi propio hecho personal o no. Todo el mundo, quien más y quien menos, se siente atraído o acaba gravitando con mas fuerza hacia seres o entidades concretas por diversos y numerosos motivos, desde los mas mundanos y peregrinos hasta motivos completamente metafísicos que van mas allá de la más pura y genuina afinidad.

Hoy os quiero brindar la reseña del último trabajo presentado por otro de mis “artistas fetiche” particulares. El cual se daba a conocer en su día, cuando empecé a indagar en toda su vasta obra, como “Kumulonimbus”, pero que a día de hoy resuena aún más en los templos y criptas del underground mas oscuro como Wagner Ödegård, del que ya comentamos alguno de sus lanzamientos, siendo sin duda el más conocido de sus nombres con diferencia. Y sí, este también es un pseudónimo por lo visto, ya que su identidad real obedece al nombre de Magnus Eriksson. Nuestro hombre comenzó su vasta trayectoria allá por 1999 a la tierna edad de 10 años, fundando junto a su buen amigo Andreas, más conocido como “Spitælsker”, Tomhet, un proyecto más que interesante que amalgamaba influencias tanto folk como punk condensadas en un Black Metal bien crudo y potente, a la par que original. Sin embargo dicho proyecto siempre vivió a la sombra, muy a mi pesar, de otros Tomhet que surgieron poco después en Canada y que poco o NADA tienen que ver.

De todos modos, mi interés recayó por completo en el primer proyecto en solitario de “Kumulonimbus” en aquel entonces, fundado 10 años después. Wulkanaz me voló la cabeza allá en un lejano 2012 desde el momento en el que, de pura casualidad, llegó a mis oídos su EP homónimo lanzado en el 2011. No sería ni la primera ni la última banda sueca que pergeñaba un Black Metal bastante crudo y primitivo, con influencias paganas y fuertemente basadas en creencias gnósticas… Arckanum existía desde mucho tiempo antes y, lo que sin duda fue una influencia, para cierta parte del público acabó derivando en una comparación tristemente odiosa. Pero para los que quedaron prendados, como un humilde servidor, desde aquel entonces había algo realmente único más allá de las letras escritas en lenguaje proto-germanico a medida que el propio “Kumulonimbus” se desenvolvía mejor con dicho lenguaje primitivo (Wulkanaz significa “nube” en dicho idioma a todo esto).

Y es que si me preguntáis, Wulkanaz ha tenido desde un principio un algo único. Empezando desde la técnica usada por Magnus para con la guitarra, la cual suena como más “suelta”, enfatizando una sensación de ser más percutida que rasgada sin perder en absoluto el filo que representa el rasgueo en si. Hasta hablar de los efectos y distorsiones en la propia música, la cual ayuda a enfatizar la trascendencia de criaturas de otras dimensiones tal y como muestran los intrincados y enrevesados artes, hechos a mano por él mismo, que adornan varias de las portadas de este y otros tantos proyectos en su haber, incluyendo también la de Luftuz. Último trabajo lanzado por Wulkanaz este mismo año 2025 del falso mesías hará menos de un mes cuando leas lineas, mi querido y ávido lector.

Muchas cosas han cambiado desde 2009 hasta 2025 incluso en el propio seno de Wulkanaz. El trabajo de Kumulonimbus, quien pasó a usar más globalmente el ya mencionado pseudónimo de Wagner Ödegård y, concretamente para la banda que nos ocupa, el nombre de la misma. Pasó de ser en solitario a ser compartido con un batería en formación, siendo el mismo Daniel Halén (ex-Craft) y, para este Luftuz, Calle Larson (Nigrum, ex-Sarea, ex-Death Wolf en vivo). El sonido de la banda en si ha pasado de una crudeza mas rudimentaria a un punto concreto en el que dicha crudeza se pernota nítidamente y sin tanta interferencia, y ante todo, con mucha mas violencia y ferocidad. …Hubo incluso ciertos parones en cuanto a actividad según Magnus derivó su proyecto bajo el nombre de Wagner Ödegård de un dark ambient tan místico y bucólico como opresivo y aterrador a sonidos mas similares a Wulkanaz. Pero otras con todo siguen ahí tal y como estaban desde entonces.




Porque, a titulo personal, como seguidor de las andanzas del protagonista de nuestra reseña desde hace ya tanto tiempo, lo primero que puedo percibir según “Hökvind”, el primero de 10 cortes de este trabajo, arranca con un breve pasaje introductorio para después desatar todo un soberbio caos. Son las mismas y exactas sensaciones que permearon desde la escucha de aquel EP de tan solo 2 temas, pasando por trabajos pasados mas que conocidos en sus círculos como HaglaNaudizEisaz, Ôganan Maistaz Managizô, Paúrpura Fræovíbôkôs y Paralys entre otros, siguiendo cierto orden cronológico en el proceso. Sin embargo, a pesar de la familiaridad tan palpable, hay una clara evolución. Dicha evolución se nota, ante todo, en lo comentado hace 2 párrafos con respecto a la nitidez en la que se escucha todo. Desde guitarras y baterías, hasta la voz de Magnus que, en sus últimas obras, también padeció cierta evolución manteniendo técnicas pasadas, siendo en este caso concreto el paso de proclamar letras en proto-germanico a desgarrar al aire con cánticos en sueco antiguo.
Y aún hay otros aspectos que aún no hemos tocado, como una variedad mas amplia de efectos que acompañan a guitarras por momentos, abren pasajes o crean otros mas dignos de otra dimensión, siendo ellos mismos el portal de entrada. Efectos que beben de bagaje pasado tanto de este como de otros proyectos nacidos de la misma mano que nos ocupa. Como pueden ser el ya varias veces mencionado Wagner Ödegård y Felon Wind. O incluso cosas de derrotero no-metal como Semilanceata, Draugsjukan y Dughpa, por mencionar tan solo algunos.
Sin embargo, aunque pueda ser solo cosa mía, ha habido un ligero cambio dentro de Wulkanaz. Cambio estrechamente relacionado con los previamente mencionados efectos. Y es que junto con las nuevas técnicas, también ha cambiado el enfoque o, más bien debería decir, la imagen proyectada gracias a ellos. Si antes he comentado que Wulkanaz, tanto por letras, como idiomas usados y atmósfera, se encuadraba con una gran fuerza dentro de un marco pagano gnóstico. Luftuz trasciende más allá y transmite una atmósfera mas propia de marcos hinduistas. Sospecharía que fuese simplemente mi impresión sin más hasta que vemos el 8º tema, “Bradhnavitni”. Título el cual, en base a un rastreo rápido, puedo asegurar al menos que suena más a sánscrito que a cualquier cosa medianamente nórdica.
Dicha ascensión entre dimensiones extra-terrenales se extiende a lo largo y ancho de los 10 cortes que conforman este LP de casi 35 minutos de duración. Cortes muy directos y contenidos en cuanto a duración que, siendo honestos, dejan ganas de que sean aún mas largos si cabe. Más aún a sabiendas de que al final espera un tema de algo más de 5 minutos ya que el mismo integra una outro en si que sería el verdadero cierre del trabajo que nos ocupa. En general tenemos un LP muy grato que sorprenderá para bien a los no iniciados en Wulkanaz y que satisfará gratamente a escuchas más veteranos como exactamente hizo con un humilde servidor, quedando por ver cual será el siguiente paso de Magnus sea en esta, otras bandas, o incluso otros géneros mas relacionados o menos con el metal extremo.


Un comentario sobre “Banda:WULKANAZ Disco:Luftuz Sello:Regain Recs. Año:2025”