30 años cruzando el charco con el corazón intacto
Por LWA (Metal VR 360)

La noche valenciana fue testigo de una fiesta inolvidable. La Vela Puerca celebró sus 30 años de historia con un concierto que fue mucho más que música: fue un reencuentro con la memoria, la identidad y la pasión de una comunidad que cruzó el océano pero nunca se fue del todo.
El público, mayormente uruguayo, con una fuerte presencia argentina y también muchos españoles que hace años siguen a la banda, vivió el show con el alma en la mano. Desde los primeros acordes de «El Viejo» hasta el emotivo cierre con «José Sabía», la conexión entre banda y público fue visceral. No faltaron camisetas y banderas de Peñarol, de Aguada, ni las lágrimas contenidas al recordar aquellos años adolescentes en los que ver a La Vela era parte del paisaje montevideano, como cuando tocaban gratis en Defensor Sporting.


El setlist fue un viaje por toda su discografía, una montaña rusa de emociones: «Soldado de Plomo», «Para no verme más», «Zafar», «Va a escampar», «Mi semilla»… cada canción fue coreada como si fuera la última, con abrazos entre desconocidos que compartían el mismo pedazo de tierra en el corazón. Temas como «Clarobscuro», «Va a escampar» y «Colabore» directamente la rompieron, desatando la euforia del público.

Un apartado especial merece la impecable organización del evento a cargo de Ara Músic Group. El sonido fue simplemente espectacular: cada instrumento se escuchó con una nitidez impecable, sin saturaciones ni interferencias, logrando ese equilibrio difícil entre potencia y claridad que potenció cada momento del show. La producción estuvo a la altura de una banda con tres décadas de historia y una legión de seguidores que no se conforma con poco.
Hubo pogo, hubo risas, y hubo nostalgia. Pero, sobre todo, hubo celebración: de la música, de la resistencia cultural para aquellos que aún disfrutamos de la música en directo, y de ese vínculo invisible que une a los que se fueron con los que siguen cantando allá.
La Vela no solo demostró que sigue más viva que nunca, sino que logró algo aún más grande: hacer sentir en casa a los que están lejos, aunque sea por un par de horas.

