Cronica PAINSTORM + MORFINA + PEACE AFTER PAIN + UNDER COLD SUN (01.11.2025 Sala Silikona, Madrid)

Por Sammael F.H y S.

1 de Noviembre, algo mas allá de las 19:00 hora zulú. La noche cuasi cerrada me recibía según me dirigía, una vez más y con sentimiento, a la Sala Silikona d Madrid. Lugar que sin exageración es ya casi como una segunda casa, echando la vista atrás a la cantidad de eventos vividos que un humilde proyecto de escriba aquí os ha narrado. Y los que quedan. Siguiendo un poco mas allá con estas primeras lineas coyunturales, podría hablaros de Samhain o, como ahora se llama comercialmente, “Halloween”. Su posición como antesala al empacho navideño, que cada vez abarca más y más plazas en el calendario, ha hecho que a estas alturas no lo vea mas allá que poco más de lo mismo, cambiando al uso la imaginería y la gama cromática mostrada tanto en los escaparates como en los aderezos y capirotes que la inmensa mayoría del ganado lleva en nuestras calles.

Toda la bilis vertida anteriormente no tenía que ver en absoluto con aquello a lo que iba a acudir. Una más de las excelsas citas organizada por Quintessence Metal Club porque, si me preguntáis, una vez pruebas una, no puedes parar! Esta noche se juntaban cuatro bandas de un elenco bastante variado, siendo el común denominador su potencia y energías extremas. Desde Valencia provenían tanto Under Cold Sun como Morfina, encuadrándose los primeros bajo un Death/Thrash que junta características tanto de la vieja como de la nueva escuela y, los segundos, un Blackened Crust Black Metal del que es imposible no quedar enganchado. Entre medias entraría desde Barcelona Peace After Pain, encajando su Thrash con fuertes tintes Crossover y Hardcore Punk en un combo luchador. Los encargados de cerrar el telón serían Painstorm con sus “callos madrileños” Deathmetaleros, de los que sacian que da gusto. Todo ello no sin antes pasar ante mis queridos Hellmanos del alma, con quienes siempre es un placer y un gustazo compartir bolardos y experiencias. ¡Saludos!

Dicha ronda de saludos y tertulia mutua tuvo que ser algo más rauda de lo habitual con todo, pues a tan solo 10 minutos de la apertura de puertas Under Cold Sun ya estaba descargando a plena potencia. Más pronto de lo habitual en estos lares pero, dada la coyuntura, más que agradecido, puesto que con cuatro bandas pendientes de desatar toda su fuerza sobre las tablas, cualquier mínimo contratiempo podría crecer cual bola pequeña de nieve descendiendo por el monte, hasta convertirse en toda una catastrófica avalancha a evitar dejada a su aire. El conjunto integrado por Fernando, Diego Moreno, el mismo Pablo Gargallo quien haría doblete mas adelante y Pablo Prió precisamente brindó una avalancha tal cual. Pero una avalancha de buen rollo y pasión vertidas a partes iguales en este caso. Desde un primer momento hasta el final de su set. Como bien pudo comprobar casi media sala de aforo presente desde dicha primera hora.

Hablando del mismo set, “T Minus” sirvió de propia introducción para arrancar debidamente con “We Are The Demons”, declarando que no se iban a andar con pequeñeces precisamente. A partir de ahi, Under Cold Sun se marcaron íntegramente su ultimo LP White Silence. Punto por punto, coma por coma, hasta llegar al séptimo y penúltimo corte “Fearless”. Es en ese momento cuando hicieron un pequeño viaje en su trayectoria. Rescatando de épocas y trabajos pretéritos temas como “Cosmos”, proveniente de Devotion, y sendos “Such Cruelty” y “The Black Hole” de su segundo largo, Apocalyptic Destruction. Todo para coronarlo con un más que apropiadamente titulado “The End”, volviendo a lo que es el cierre mismo de White Silence. A la espera de más material con el cual agasajar, a sangre y fuego, nuestros oídos.

Con un tiempo mas propio de un cambio de ruedas y re-abastecimiento en el box de un equipo de competición automovilística entró Peace After Pain a continuación. El poker integrado por Oskar, Kiba, Mark y Arnau supusieron una explosión de carácter y actitud desmesuradas sobre el escenario. Agitando y removiendo así a su audiencia presente con una violencia in crescendo. Violencia plasmada tanto en la parte audial como en la platea de la Silikona, siendo ni más ni menos que la que uno esperaría en un bolardo de este calibre. Sin malos rollos, pero sin prisioneros. Desde un primer momento quedó claro que esa fusión de elementos, que P.A.P. lleva plasmando desde hace ya 8 años, es un combo potente que no deja a nadie apolillado. ¡Eso a no ser que usemos ese símil para describir como dichos insectos alados reaccionan ante la mas mínima fuente de luz, claro!

Su ultimísimo The Deadly Rave cayó íntegramente para un público algo más denso en términos demográficos y ya entrado en calor. Intercalado con sendos temas de su predecesor, The Essence of Insanity (“No Way to Back Down” y “Reveal Your Fears”), y con el orden un tanto alterado, porque el mismo no altera la calidad del producto y ¡porque ellos pueden y quieren! Esa actitud fue proyectada de una manera tan directa que no tardó en propagarse más allá del escenario, pues los pogos fueron cayendo uno por uno desatando así una vorágine que acabó con cualquier hielo aún presente, dejando esta vez si la Silikona a una temperatura lo suficientemente caldeada en el mejor de los sentidos posibles. Peace After Pain se sintieron realmente raudos y directos, como un combo de golpes bien repartido y ejecutado.

Sin embargo, quienes se llevaron el récord fueron Morfina, entrando en un visto y no visto que dejó a media audiencia e incluso a un humilde servidor con el culo al aire si me permitís la vulgaridad! A los primeros compases quedó claro lo que pasó, había hambre de tablas, MUCHA. Pero no seré yo quien lo narre, pues desde este punto cederé la batuta a nuestro compañero S. Quien nos mostrará sus impresiones con respecto a lo que aconteció a posteriori.

Seguidamente hacía acto de presencia la que, probablemente, era la banda más esperada de la noche. Los castellonenses Morfina, doblete mediante de Pablo y su guitarra, se subieron al escenario de la Silikona como cuarteto, sin la presencia de su segunda guitarra Eva. Su propuesta era por todos conocida: Black Metal frío y oscuro de corte clásico con reminiscencias crust que entonaba perfectamente con el hilo musical que llevábamos hasta el momento. Personalmente, tras haber estado de cuerpo presente un año atrás en la intimidad de La Trinchera, disfruté de más de su show esta vez, en un local más amplio y con sonido más nítido y envolvente.

Sin más preámbulos. El setlist de Morfina inició con «Arder entre Llamas», un corte de Black Metal de manual que homenajea a sus inicios, pues con él nos remontamos a las primeras notas de su EP Violence, editado allá por 2023. Un tremolo picking gélido anunciaba el advenimiento de su ya clásico «Black Metal Cocaine», enlistado en su más reciente y brutal Consume Your Existence (2024); para enlazar con esa melodía inicial, lenta y farragosa de «Esclavos de la Enfermedad», quizás una de las más reconocibles de la banda. Seguidamente, para alcanzar el ecuador del recital, la desgarradora y violenta «Heaven’s Death» hacía de su aire frío y misántropo una de mis delicias personales (y me consta que de las de más de uno allí presentes), pues es de mis favoritas. Retrotrayéndose de nuevo a su EP, el medio tiempo de «Beast of No Nation» marcaba firmemente la segunda parte del bolo de los de Castellón; preámbulo perfecto para la machacona y “mardukiana” «Guerra Criminal» (no en vano, mencionar que el Consume Your Existence fue masterizado por el propio Devo Andersson). Nos encaminábamos hacia el final con la desoladora y oscura «Cenizas del Futuro», donde Andreas se mostró especialmente pasional en el aspecto vocal, para llegar a uno de los puntos álgidos del concierto: la homónima «Consume Your Existence», el corte que condensa la actitud de la banda, su síntesis estilística; la demostración de que, pese a ser una banda joven, cuenta con músicos de enormes tablas y actitud capaces de elevar a Morfina como una de las habituales en el ideario de bandas de Metal extremo nacional.

El testigo esa noche pasaría por última vez a los locales Painstorm, todo ello en un ambiente de disfrute y camaradería marcado por una puntualidad rigurosa. Pocas bandas se antojan más idóneas para el que escribe estas líneas que los madrileños, pues sus versos sobre el horror y la muerte suscitaron una perfecta alabanza en vísperas del día de los difuntos.

Con un setlist prácticamente a medias entre sus dos LPs, «D.H.C.» dió el pistoletazo de salida a modo de declaración de intenciones: el público entendimos que había que prepararse para lo que vendría. «Fun and Violence» hizo las veces de carta de presentación de su reciente LP del mismo nombre, un tema marcado por las atronadoras líneas de bajo de Frank; para conectar con la thrashera «Plainflield’s Butcher» y animar el cotarro a base de mosh pit. La oda a la muerte continuó con el homenaje al «Dr. Shiro», un tema militaroide que recoge las fechorías de uno de los personajes más execrables de la historia y que bien podría sonar en los altavoces del centro de operaciones del sádico escuadrón 731. Se nos venía encima una buena dosis de Fun and Violence con la asfixiante y penetrante «Scaphism», digna reseña al infame método persa de tortura, que precedió a dos temas con aroma añejo y noventero, podrido: «Cavemen Riot» y «Anthropophagus».

El show se adentraba en su segunda mitad dirigido por los ánimos e invitaciones de Álvaro al caos, vocalista de la banda, situación que con cada tema generaban de manera amistosa los integrantes de las primeras filas. Fue el momento de las abrasivas notas de «Silently Dead» para dar paso a «Zombiefication», durante la que reparé especialmente en la técnica pulida y buen feeling de Thomas y Xabi, guitarras de la agrupación. Ya en el último tercio, la vertiginosa «Gutted» sirvió de nueva provocación para dar rienda suelta a la violencia en el foso, mientras que los riffs groovys con reminiscencias blackers de «Synodus Horrenda» nos anunciaban el epílogo. A modo de conclusión, «Sleepless Night», lejos de recordarnos a la emblemática canción de King Diamond, supuso un cierre frenético que nos dejó a los allí presentes con la adrenalina por las cejas.

Bandas, todas con bagaje, que se dieron a conocer por primera vez para varios de los allí presentes, otras que se reafirmaron; clima de amistad y caras conocidas en la que, por méritos propios, se está convirtiendo en la sala referente del Metal extremo en la capital. Una ejecución excelente por parte la caterva de músicos, así como de la organización en lo que respecta a logística, tiempos, sonido… Por último, mención especial a Quintessence Metal Club, artífices de la velada y uno de los responsables directos de mantener con buena salud la escena extrema en la capital gracias a su constancia y criterio; un trabajo que va mucho más allá de programar conciertos: crean comunidad, cuidan los detalles y promueven la diversidad dentro del Metal extremo con total respeto y entrega por las bandas y el público. Solo queda desear que el Samhain del año que viene sea, como mínimo, parecido a este.

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