Por Carlos Citoler
Tiempo de reencuentros, de reuniones y entrañables jornadas rebosantes de felicidad recorriendo a última hora las galerías de abarrotados centros comerciales en busca del amigo invisible de turno,…
Tiempo también, a que negarlo, para recordar con añoranza cuando por estas mismas fechas, con el temido boletín de notas en la mano, regresabas del cole a casa, lanzabas tus libretas a un rincón de la habitación, entre el poster de Bon Jovi y de los Gunners, y te enfrentabas a pecho descubierto a dos semanas, si no eran más, de turrones a diestro y siniestro, preparado para quemar rueda, envuelto en aquella fría neblina invernal que todavía hoy corona tu pueblo durante estos días, la misma que hoy tortura tus rodillas, presto a recorrer las calles de tu localidad, que conocías al dedillo, sabiendo donde estaba cada uno de los baches que debías evitar a toda costa si no querías acabar con la llanta de tu bicicleta como un ocho.
Tiempo perfecto este recientemente pasado, pero hoy con más años y dolores, y menos pelo y sueños por cumplir, para refugiarse en el sofá de tu casa, a solas, prepararte un chocolate caliente y pinchar un áspero e hiriente álbum de Doom gótico que logre que esas lágrimas que pugnan por la libertad resbalen a gusto por tus mejillas,…
…Y UNA MIERDA!!!!

Pégale una patada en la entrepierna a tu yo de hoy, abre la jodida puerta del trastero, desempolva la bicicleta de uno de tus vástagos, no te digo que pilles el discman porque no sabrás ni por dónde empezar a buscarlo, conecta por una vez, y sin que sirva de precedente, el puto Spotify a tus cascos y sal a la calle con la misma energía y ganas que lo hacías treinta y pico años atrás,…porque November are back in Town.
Jeringuillazo en vena de bótox y ácido hialurónico de ese es lo que encontrarás en The Long Way Home, debut del super-grupo asturiano November, o como volver a tu tierna adolescencia, en la que el acné y el rocanrol eran tus únicas preocupaciones.
Dejando aparcada de momento la identidad de los integrantes, nos encontramos de cara, a pecho descubierto, con una jodida máquina del tiempo que nos devuelve los sonidos hard rockeros que tan fuerte pegaron, nos pegaron a algunos, a finales de los 80 y primeros 90s. Dani, Diego, Alex, Fer y Adrián, voz, guitarras, bajo y batería, y que empiece la fiesta. Fácil, sencillo, pero difícil de llevarlo a la practica tan bien como el quinteto lo ha hecho en su trabajo debut.
Desde los pegadizos riffs que abren Tear Down The Kings, con la característica voz de Dani invitándonos a alzar el puño al aire en un épico estribillo, te das cuenta de que los años de tu contador vital van descontando a la par que la aumentando la adrenalina, la misma que de sentías cuando recibías de tu colega la novedad musical del trimestre, grabada en una TDK (generación Alfa, entonces funcionaba así, 3 o 4 discos al año, novedades para ti, que llevaban editadas meses e incluso años, vilmente pirateadas, copiadas de una copia, de una copia, de una copia del cassette original,…).
Y mientras suena Never Lose Your Hopes, vuelves a imaginar, como lo hacías en aquellos años tumbado sobre la cama con el doble pletina atronando a todo lo que daba, que ambos temas habían sido paridos, este y el que abre el trabajo, para abrir los conciertos de la banda, tal como imaginabas que podían ser aquellos bolos que soñabas con poder disfrutar cuando fueses mayor (no perdáis nunca la esperanza, Alfas). En Never Lose Your Hopes colabora el hiperactivo Bumblefoot, que según he leído, entró en contacto con Dani por un asunto muy «picante»,… Creo recordar tambien que el bueno de Ron estuvo años atrás en una banda-empresa que también lo empezaba a petar aquellos años del doble pletina, y que hoy en día …, bueno, hoy en día no se que andarán haciendo, o mejor dicho, no quiero saberlo,…
Porque, no nos engañemos, este casi cincuentón cayó rendido a los pies del quinteto asturiano gracias a la venta perfecta que el compañero Sabino hizo en un REA Metal Magazine del tema When The Door is Closed, primer adelanto del trabajo, que con ese aire Gunner, esas guitarras que que quieren romper el tema tirando una para cada lado, esa voz poderosa y una base rítmica demoledora. Curiosamente, está fue la puerta que me abrió el mundo November de par en par, con el inestimable chivatazo del Maestro Sabino, y de ahí, a hacerme con el trabajo. Casi a ciegas, sin una avalancha previa de singles, que suelen acaban con mucha de la magia que envuelve el descubrimiento de una nueva banda para cualquier escuchante inquieto. Vamos, como se hacía antes, en los tiempos del doble pletina, yendo en procesión a los extintos Discos Nacho o al todavía existente Cocodisk, tienda de discos oscense.
Pero no es esencia Gunner todo lo que reluce en November, ni mucho menos. Y me atrevería a decir, que mucho mejor así. Porque la mezcla de sabores, de recuerdos, ese déjà vu constante de creer que esa melodía, ese riff, los has vivido antes, mucho antes, con más pelo y menos problemas.
Himnos como Skyfall, All I Need is You o Never Said Farewell abrirían la cara A de cualquier cinta de cassette de aquellas que grababas pensando en la chica que te hacía suspirar, y que muchas veces se quedaban sin entregar. Temazos directos, de estribillo pegajoso, que a primera escucha se te clava en el subconsciente y tienes cantilena para rato. Mucho sabor americano, épica y estribillos muy coreables puño en alto, muy Bonjovieros, si se me permite el adjetivo. En mi cabeza de quinceañero, singles perfectos para dar el pelotazo, hablando incluso a nivel mainstream. Idea que enseguida se me quita de la cabeza de mi yo cincuentón, sabiendo lo dados que somos los rockeros y metaleros a poner la cruz a una banda que, de primeras, nos puede parecer la típica «moja bragas» si el quinteto hubiese apostado por darse a conocer con cualquiera de estos tres temazos.


Peligroso el término antes utilizado de humedece ropa interior, ahora que pienso, y es que «la gente mayor» que seguramente estemos leyendo está reseña se nos clave el término en el cerebro, como lo hacen los temas de November en este si debut, y nos venga a la mente el porqué abandonamos en su día la escucha del hard rock, para adentrarnos en otros caminos tal vez más duros. Para nada empequeñecen los temas tras las varias, muchas, vueltas que el CD ha dado en el reproductor, al contrario. Ese poso de calidad, de elegancia, que grandes bandas nos descubrieron en nuestros años mozos, donde nos demostraron que tras un vistoso videoclip lanzado por la MTV de turno tenía que residir un buen tema, de calidad, o su paso por nuestra memoria sería efímero, se encuentra muy presente en temas como Egomaniac, un ejercicio de buen gusto en toda regla.
Y si no te va el tema «gominístico» la dupla formada por One of a Kind y Don´t Pray For Me te sacará a empujones de tu negatividad, como si unos AC/DC en sus buenos tiempos se hubiesen corrido una buena juerga con los más sórdidos Mötley Crüe.
Mención aparte merece ese bajo de Fer abriendo The Long Way Home, por el amor de dios, puto salto en el tiempo en toda regla!!!!
Para cerrar el trabajo, la banda se guarda en la manga el as de una colaboración de auténtico lujo, como es la de Gus G. en el tema Shot Fron The Heart. Así, como quien no quiere la cosa, sacada de chorra en toda regla, en otro de los temas que bien podría haber sido single presentación de este The Long Way Home, que condensa la fiesta y calidad que la banda presenta en este trabajo, pero que seguro los que pintamos canas hubiésemos tachado de querer aprovechar el tirón de una colaboración con un reconocido guitarrista mundial para hacerse un hueco en la escena. Somos así los abueletes, no me lo neguéis, ahora que he vuelto a mis añorados 15 años lo veo con otra perspectiva, y somos lo peor,…
Grabado en los estudios Dynamita, propiedad del propio Dani, si hay que ser totalmente sincero, sí que echo de menos en la producción final dotar de más importancia y volumen a los coros en algún que otro tema. Aunque, tal vez el problema esté en mi reproductor musical, que tras tantos años bramando tristes y lúgubres melodías doomers no habrá sabido dar salida a semejante subidón de adrenalina, y de ahí mi percepción de que se le habría podido sacar más jugo a los mismos.
Subidón y, como decía, salto en el tiempo para este servidor, que dejó olvidado en un cajón esos sonidos hard rockeros que le mostraron en su día el camino a seguir, y que gracias a November, ha recordado que cualquier senda vale la pena ser recorrida si la BSO merece la pena. Y November, hazme caso, la vale.
Pd.: Releyendo la reseña me doy cuenta que tan apenas hemos nombrado a los integrantes de la banda, a los artífices de este salto en el tiempo que supone para un servidor The Long Way Home, y eso está mal, muy mal. Feo, feo, después del trabajazo que se ha marcado el combo asturiano. Hay tantas cosas a saber, tantos proyectos de los que forman y han formado parte, tantas preguntas por hacerles que …, que…, joder, les voy a tirar la caña a ver si quieren pasarse por REA a echar una charleta,…😜😜😜A ver si está vez no se la lío con el código postal,…

