Banda:ALKALOID Disco:BACH OUT OF BOUNDS. Sello:Season Of Mist. Año:2026

Por Scheitan

Mi idilio con ciertos músicos es muy selecto, casi místico. Nada extraño para ninguno de los que leáis esto ya que es un toc muy común, a diferencia que mi pequeña selección personal se basa, además de tener que ser musicazos técnicamente hablando, en esos artistas sobre los que opino que consiguen trascender lo meramente sonoro y atraviesan un portal a otros mundos. Ahí están, por mencionar a los vivos, el putísimo Snowy, Andrómeda Anarchia o Jeff Becerra… Pues otro de ellos, o al menos cerca de esa marca, es Hannes Grossmann, el titán de la batería (con permiso de Flo) cuya precisión quirúrgica y complejidad rítmica me atrapó en el maravilloso Epitaph (Necrophagist 2004), donde sus polirritmias elevaban el tech death a una sinfonía de caos domado. Desde ahí la cosa fue imparable y salté a Obscura (que añadir ya de semejante bandaza) en lo que se convirtió en una persecución a escuchar todo lo que iba dejando a su paso el bueno de Hannes (desde su carrera en solitario a los cameos con Hate Eternal o Eternity’s End), pero pese a todo eso, se me grabó a fuego que era el batería y chispa de Alkaloid, el que considero su proyecto principal y donde brilla de una forma especial a base de estructuras imposibles que desafían las leyes del tempo.

Ahora bien, Alkaloid, esa bandota que algunos llaman, usando la odiosa etiqueta, «super grupo», reconozco que nunca me ha acabado de llenar del todo. Los tres o cuatro que me leéis sabéis que mi predilección por el Death, nunca mejor dicho, de corte técnico/prog sci-fi tira más a otras bandas como Gorguts, Atheist o mis favs o en mejor forma Revocation, sin desmerecer al otro bloque en el que estaría Alkaloid o Allegaeon que tiran más del carro progresivo e incluso experimental. Subnormalidades de mi mente… Por supuesto desde el máximo respeto, ya que gracias a mí marcaje en corto a Hannes me han llevado por un camino, dentro del metal extremo, a rincones deliciosos e inefables hasta el locurón de disco en directo que acaban de presentar…

Reconozco una vez más mi perspectiva de noob en estilos como el heavy metal en el que me siento feliz y del que algo voy pillando tras 30 años, por no hablar de todo lo *core (deathcore, metalcore, hardcore…), donde me siento como un explorador perdido aunque admiro su energía visceral, a pesar de no acabar de pillarlo ya que mi bagaje es más thrash y death old school. Esa distancia se acrecienta si entramos en jazz o clásica, géneros que me flipan en lo profundo y con los que no cejo en el empeño debido al fuerte retorno que recibo para el alma, pero a los que dedico solo un tiempo residual al año, como ritual de desconexión. Esos momentos fugaces donde apago el ruido del mundo y me sumerjo en improvisaciones libres o fugas polifónicas que elevan el espíritu, han encontrado su alquimia sonora con Bach Out of Bounds. Discazo tremendo que me ha fascinado, como ya hiciera aquel Die Lederpredigt de Folterkammer (reseña aquí) o La Suspendida de Kilter and friends (AOTY 2024 para un servidor) por mencionar ejemplos recientes, transportándome justo ahí, a ese sincretismo fecundo imposible (hace poco os hablaba de la falacia de la conexión absurda en la reseña de Tromort, pues aquí va otra ración), volviendo a recordarme fases experimentales de mi vida como técnico de sonido. Sobre todo, aquella participación en las producciones de Joan Valent, en su etapa madrileña con su gloriosa ARS Ensemble, donde la fusión multidisciplinar y la cámara clásica creaban atmósferas etéreas (como gocé y lo que aprendí de aquel Ars ; o la orquesta minimalista de Michael Nyman, con la que en cada concierto descubría nuevos sonidos o nuevas formas de conseguirlos. Por suerte o por desgracia, también he flashbackeado a bandas tristemente difuntas que admiro y que tuvieron el valor de apostar fuerte como Coure o Back To Rlyeh, de las que siempre quedarán sus discos, y que ahora Alkaloid rellena temporalmente su vacío con este Bach Out of Bounds.

Y es que este disco no es un mero directo grabado. Es el producto de esa alquimia metafísica que os hablaba, un puente entre el rigor barroco del siglo XVIII y la vorágine extrema del prog/tech death moderno. Grabado en tres actuaciones especiales en Países Bajos (Bachfestival Dordrecht, Paard van Troje en La Haya y November Music en Den Bosch), Alkaloid con su quinteto estelar (Morean en voces/guitarra, Hannes Grossmann en batería, Linus Klausenitzer en bajo, Justin Hombach y Max Blok en guitarras) invita a un ensemble clásico (sopranos Rianne Wilbers y Chrysa Tsaltampasi, violinistas Julija Hartig y Oene van Geel con su violín de 5 cuerdas, cellista Ketevan Roinishvili y acordeonista Marieke Hopman) para crear un todo de 62 minutos que trasciende géneros. Estos instrumentos de cámara se entretejen con distorsiones eléctricas, blasts y growls, evocando una fuga que danza con la cósmica Alkaloidiana.

El concepto es puro ingenio en el que reina una máxima, no versionar a Bach sino transmutarlo. Usan su contrapunto y motivos entrelazados en desarrollos melódicos para reestructurar su propio catálogo, infundiéndolo de una disciplina que eleva el caos hacia lo divino. El disco, que en vivo tuvo que ser antológico, se compone de 8 cortes, divido en dos movimientos clásicos de Bach justo al inicio (más tres inéditas y tres adaptaciones). Un allegro vivace donde la distorsión y virtuosismo (oído con ese acordeón!), como era de esperar, de apariencia inicial a lo que otros metaleros han hecho con la influencia del genio alemán, presentan a la banda y lo que se nos viene encima. Y un adagio cantado donde acaban de presentar las armas vocales que van a brillar también en esta increíble historia lovecraftiana. Un inicio, digamos durete, que ya puede tirar atrás a más de uno, pero que enlaza con un «Beneath The Sea», compuesto para la ocasión, y última prueba de fuego para caer en las redes del disco en clave canto de sirena o diálogo de cuerdas. A partir de aquí, comienza la fase accesible con la primera de las adaptaciones con su clasicazo «Cthulhu». Reimaginación directa del tema original de The Malkuth Grimoire (2015), que ya en su versión de estudio era un himno lovecraftiano puro y de evocación directa al Gran Antiguo, aquí se vuelve todavía más técnico y agresivo gracias a las capas de cuerdas y acordeón, creando una tensión cinematográfica descomunal con aire divino-maligno que suena inmenso.

Clásico que da paso al temazo inédito del disco, «Hunter of The Void», descrito por Morean como «un sueño hecho realidad». Argumento que le compro como oyente y seguidor. Punto álgido indudable del álbum en esos 10 minutos que dura el tema, donde encuentras la hiperconcentración de una ópera en tres actos, donde cada nota brilla y donde el rigor matemático del contrapunto del siglo XVIII choca con la violencia cósmica del siglo XXI generando algo mágico que trasciende. Te deja con esa sensación inefable de haber tocado lo inmenso, un horror terrorífico y sublime a la vez. A la última banda que recuerdo haberme dejado esa sensación fue a Wilderun en su fabuloso Veil of Imagination (2019) o a Kilter con el comentado La Suspendida. Ya que estoy, y aunque hasta aquí tendríamos un EP grandioso, el disco sigue con otro par de reimaginaciones de Numen (2023), su último largo en estudio que me dejó un poco frio y que aquí se superan con «A Fool’s Desire», que en su día fue un meh de manual a pesar de su punto jazzy pero que aquí se contagia de la corriente obsesiva del disco ganando en colorido, pasando de un tema a caballo entre Yes/Sabbath/Death a un progresivo de cámara melancólico y reflexivo, como una fuga moderna, que lo achaco a las dobles voces y el golpeo espectacular de Hannes.

Y el otro es el cierre con «The Fungi From Yuggoth», que si ya era lo mejor de Numen, aqui se convierte en el grand finale. Una apoteosis lovecraftiana en clave death tech del bueno adornado por las delicias de un violín de 5 cuerdas ultraefectivo y con Grossman en su prime absoluto. El propio Morean lo describe como «el alma del proyecto» y no es para menos ya que aquí vas a encontrar una colección de solos insólita y flipante. Puro virtuosismo!! Free classic Jazz del abismo. Que puta locura!! Venga, que solo falta por mencionar el tema por el que Bach seguiría cobrando derechos y obra cumbre del barroco. Reconozco que me ha dejado un poco descolocado este «Agnus Dei», pero entiendo que tenía que aparecer en este álbum con Bach de coprotagonista. Cuando pulsé play pensé «verás que sacada de chorra de Alkaloid«. Pues nada de eso. Tema plano y respetuoso con lo sacro. Un aria más dentro de las miles que existen y que me hizo reproducir de nuevo la versión de Dødsengel… No podía ser el álbum perfecto. Ahora quizás se entiendan mejor mis argumentos previos, no sé…

Ha sido inútil buscar paralelismos o precedentes en esto del metal extremo (no vale bucear el avantgarde o el prog más pureta) con este Bach Out of Bounds y concluyo que pocas bandas han osado tanto. Sí, Ne Obliviscaris integra elementos clásicos en su black/prog, o Fleshgod Apocalypse, entre otros, fusionan death con sinfónicas a alta velocidad, pero más operística tradicional que contrapuntística. O Therion, entre otros, con un sinfónico conceptual épico ligeramente superior a lo habitual, pero sin llegar tampoco a esto. Alkaloid ha ido más allá con este diálogo a través de los siglos que me ha obligado a confrontar de nuevo la eternidad del arte dentro de la fugacidad del mundo de mierda en el que vivimos. Solo espero que Bach out of Bounds no contenga truqueles como los que relató el maestro KikeMaiden aquí y sea uno de los mejores directos de la historia.

PD: Ya que alcanzo, por fin, una reseña nivel mago Citoler (en extensión ya que en calidad imposible), un último recadito. Parafraseando a Elsolodeltransyl, aquí dejo caer aunque dudo que lo lea Hannes. Deja de hacerme ghosting y concédeme esa entrevista 🙏🏽🙏🏽

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