Banda:MAMÁ LADILLA Disco:MOLESTAR GENERAL Sello:Lemuria Music Año:2026

Por Scheitan

Hay bandas que forman parte de tu discografía y bandas que forman parte de tu biografía. Mamá Ladilla pertenece, por derecho propio y trienios, a la segunda categoría. Para un servidor, que ha perdido la cuenta de las veces que ha visto a Juan Abarca sudar la camiseta en garitos de mala muerte, su primer concierto en Radio 3, el brillante musical y algún que otro festival, hablar de los Ladilla es hablar como de la familia. Esa familia disfuncional, cínica y brillante que siempre tiene la frase exacta para el momento preciso. Me río yo de esa especie de leyenda urbana que dice «Eso ya lo predijeron Los Simpsons«, quizás porque nunca les presté atención. Olvidaos. En esta casa, la sentencia firme ante cualquier giro del destino es «Eso ya lo dijo Mamá Ladilla». «Cosas que joden», «Aparta papá», «Atente a tu atenta tarea», «La paja», «Hoy», «Acoso sexual», «Me aburro», «Hijoputa», «Todo a sien», «Soy un fumador» o «Se dice Heavy Metal», por nombrar algunas, rondan cada día en el ambiente como respuesta a situaciones cotidianas. Por no hablar de temporadas estivales o fiestas de guardar, donde hay un temarral ladilla para cada momento como notarios de mi existencia.

La trayectoria de la banda es una lección de integridad, van por 32 años ya, y han llegado a este último trabajo en un estado de forma insultante. La formación actual, ya más que consolidada con Juan Abarca, Sergio Legazpi y Abel del Fresno es, posiblemente, la más compacta y técnica de su historia. Además de sus discos clásicos, patrimonio del punk-rock en español, en sus últimos años ya venían por la buena senda marcada en Exhuma y sigue (2021) y el descomunal Quién pudriera (2018), y ahora este Molestar General, su decimoprimer largo, continúa esa estirpe de excelencia demostrando que estamos de nuevo ante unos musicazos haciéndose los tontos. Una mezcla de virtuosismo progresivo y urgencia punk, un Zappa meets Eskorbuto que casi nunca nadie destaca… Menos yo, pero no descarto que sea por puro amor jeje.

Donde el disco alcanza el nivel de joyita, una vez más, es en su logopedia destructiva. Juan Abarca como profeta con guitarra que maneja la gramática parda como nadie, recordándome inevitablemente al dios Millán Salcedo, vuele a sobrarse con su capacidad de retorcer el castellano hasta que el absurdo cobra un sentido aplastante. Juega con la polisemia como quien juega con dinamita, logrando de nuevo una descripción de la miseria humana con gracia y hasta elegancia.

Por no hacer un desglose y hablar de cada frase y cada riff de cada tema de Molestar general, cosa que haría encantado, diré que el álbum contiene desde la inicial «Barbacoa en la morgue», (que arranca donde lo dejaban con aquella mosca fugaz (ojo a la portada) del himno/alegato «Subdesarrollo Insostenible» (2018)), mucho realismo rancio, casquería, poderío y cachondeo como base, y una serie de píldoras deliciosamente desagradables e incómodas. Unas píldoras, hasta 7, de entre 1 y 2 minutos de duración a modo de sketch o cortinillas, más interpretables y dedicables que nunca, destacando «¡Stop porculización!» como nuevo gran lema del que ya ando pintando pancarta, o «El gen especial» como cabecera de la nueva de serie animada para adultos… Destacan también los temarrales «Viva las vergas», un zoom out sonoro en honor a la «gran diosa sagrada» devolviéndonos el infalible concepto del «caca-culo-pedo-pis». O las historias, desternillantes y delirantes sobre los limites de la estupidez humana, contadas en «Líbranos del bien» y «Parecéis tontos» que contienen ese aroma familiar y que en los últimos años han metido a los Ladilla dentro de ese mal llamado metal friki, cuando la peña no entiende que estos juegan en otra liga, la liga de «no dejarse llevar por los malos jamás». Rechaza imitaciones! El que siga pensando que esto va de tres graciosillos anda muy desubicado. El cierre puede que sea lo poco que me chirría, ya que después de navegar por 28 minutos de poesía en clave punk, rock, funk, prog y metal, y acostumbrado a cierres antológicos (que míticos esos imitados Mix), rematan con «¡Que extraño!» Una pieza «medio sería», que a pesar de buenas fases, contiene un tufillo indie que hace que se me acabe haciendo largo el final. Un final digno, en un disco de mucho contraste pero muy reconocible, y es que este Molestar General es como que te atropelle un camión de la basura conducido por Quevedo.

En definitiva, un discazo Ladilla en el que de nuevo el trío se saca la chorra, sin respetar a nada ni nadie (sigo alegrándome que aquel «Naces…» (1998, RCA) no alcanzase las ventas esperadas) y en el que Juan Abarca vuelve a demostrar que nadie, absolutamente nadie, conjuga verbos tan desagradables con tanta belleza, siendo capaz de rimar conceptos metafísicos con fluidos corporales y que suene a poesía del Siglo de Oro. Puro arte. Larga vida, ayer, hoy y siempre Mamá Ladilla!!

P.D: El otro día en el curro, finde de enamorados me llega un compañero y me dice: «Toma, quieres una piruleta de estas de corazón?» Y yo le contesté: «mira, mira, mira que piruleta!!».

Deja un comentario