Grupo: Sad Whisperings. Disco:The Hermit. Sello:Vidar Records. Año:2026.

Reseña de Elsolotransyl

“¡Hostia, paraparaparapara! ¡Deja la crema que estás elaborando, lávate las manos y corre a ver qué coño es lo que está sonando por el altavoz porque suena de puta madre!” Mucha veces me ha pasado esto en mi espacio de trabajo. Mientras mis compañeras están atendiendo al público con Shakira, Camilo, Amaral en el hilo musical, yo tengo la gran suerte de estar aislado, como un ermitaño, en el laboratorio poniendo la música que me sale del pepino.

Así es como conocí a la banda holandesa de death/doom metal Sad Whisperings, por casualidad, en ese océano inabarcable de bandas que es, hoy por hoy, el de las plataformas digitales.

Desde ese «descubrimiento» rodeado de probetas, matraces aforados, espátulas, vasos de precipitados, vidrios de reloj, morteros, principios activos y excipientes, The Hermit, publicado el 19 de enero del presente, es de largo, el disco que más he escuchado en el inicio de 2026.

En la escucha activa me encantan, voy descubriendo nuevos matices, nuevos detalles que quizás se me han escapado en la escucha pasiva donde me han acompañado y relajado, mientras terminaba un jarabe, una crema o unas cápsulas de minoxidil, tan prescritas para la caída del pelo. Porque no, no aceptamos el paso de los años, no aceptamos que el pelo caiga, como caen las hojas en otoño.

Perdonadme esta sensibilidad por el otoño, pero es su trabajo del año 1993 Sensitive to the Autmn, el que pone a Sad Whisperings en el candelero del underground, convirtiéndose en disco de culto del género. En 2004, tras varios cambios de formación, se disuelven.

En 2022 algún lumbrera del sello Vic Records se acordó de Sad Whisperings. Gracias a Vic Records reeditan Sensitive to the Autumn así como recopilan las demos entre el 93-98 a las que bautizan con el original nombre Return to the Autumn.

Pero volvamos a mi lugar de trabajo, al laboratorio que es mi ermita particular (en castellano, por cierto, se escribe sin h, la razón la buscáis en chatgpt) donde cada día desde que los encontré vuelvo a The Hermit. 41 minutos de duración, divididos en 8 cortes, que completan un trabajo sobrio, para nada pretencioso, ya que Sad Whisperings no buscan sentar cátedra de nada. Asimismo, es un disco elegante, por la presencia de los teclados, la calma con la que empiezan algunos temas…Ese inicio relajado sirve de gancho para que la canción me atrape, como pasa en «Heart of Darkness», «Universe 25» o «Mystique», por poner ejemplos, y se complementan con cambios de ritmo, cañeros, necesarios y enriquecedores.

Leyendo su biografía comentan que están influenciados por My Dying Bride y Paradise Lost. No lo pongo en duda. En momentos puntuales, me han recordado a los Moonspell del Irreligious, como por ejemplo en su tercer corte «Shadow work» con esos coros oníricos y susurro hacia el final del mismo, que lo convierten en un temazo. O los teclados en «The Angry Hermit» me llevan hacia los Cradle of Filth del Cruelty and the Beast, con esas voces limpias que aparecen hacia el 1.15 que se hacen poderosas en el último tercio de la canción con ese grito «I am the Angry Hermit», es otro temón.

Son los detalles, los cambios de ritmo, el teclado, como están estructurados los temas, y el disco en conjunto lo que me envuelve, lo que me atrapa y provoca que vuelva cada día a él.

Ahora solo queda recibir el salario que me he ganado en el laboratorio para que The Hermit llegue al ermitaño, vía Vidar Récords, y que algún promotor traiga a Sad Whisperings a la Península y es que tras una búsqueda rápida en Google, tenemos nada más y nada menos que 12300 ermitas (sin h) repartidas por todo el territorio.

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