Crónica POUNDING METAL FEST XVIII (21.03.26, Sala Revi Live, Madrid)

Por César Ruiz «Scheitan» – Fotos Álvaro José

Todavía me zumban los oídos y el cuello me pide tregua, pero la resaca física es el precio justo a pagar cuando has sido testigo de una de esas noches que cimentan la leyenda de nuestra escena. El sábado 21 de marzo de 2026, la madrileña sala Revi Live no era un simple recinto de conciertos sino el refugio sagrado de una hermandad que no entiende de modas ni de concesiones comerciales. El Pounding Metal Fest XVIII volvió a demostrar por qué es el faro del Heavy Metal tradicional en el sur de Europa. Ver a gente desplazada desde todos los rincones de España, abrazándose en la puerta, compartiendo cervezas y luciendo parches de bandas que el mainstream ni sospecha que existen, me confirma que Pounding Metal Union es mucho más que la asociación más longeva de este país.

Con el sold out (una vez más sin promocionar el cartel en medios ni redes previamente) en todo lo alto, a pesar de un cartel que generaba ciertas dudas en mi círculo, llegaba a la sala con cierto apuro, perdiéndome el brindis de socios protocolario, pero con tiempo suficiente para el inicio del evento que con esa puntualidad marcial que caracteriza al festival. A las 17:00 Nacho tomó el micrófono para dar el pistoletazo de salida a una velada que prometía volver a ser histórica, presentando a los encargados de romper el hielo ante una sala a medias pero que ya bullía de expectación.

El inmenso reto de abrir fuego recaía en esta edición sobre los murcianos CHANTRICE, y vaya si lo asumieron. No estamos ante unos novatos, sino ante un combinado de talentos de la escena nacional (con miembros fogueados en WarDogs o Witchtower) que han decidido apostar por el intrincado y exigente US Power/Prog Metal. Salieron presentando bastante material nuevo, al menos para mí que solo había catado sus sencillos de 2022. La primera bofetada fue el sonido tan cristalino, rotundo y asombrosamente empastado. Los dos hachas estaban conjuntadísimos, escupiendo armonías que te teletransportaban a la época dorada de Queensrÿche o Fates Warning. Lo que allí se cocieron Eduardo y José (ojo al proyectazo Fable de este último con Miguel Moreno) fue toda una demostración de destreza y buen gusto. Mención especial merece tambien la base rítmica a modo reloj suizo propulsado por el batería sensacional (Josevi) y un Miguel Moreno que, con su inconfundible guante, le daba un empaque brutal a las composiciones. Todo sonaba muy americano, muy técnico. El único que parecía algo nervioso, o mejor dicho, especialmente emocionado, era Josedas (voz), pero tal y como explicó , era un momento muy especial para él tras tantos Poundings en el foso… Circunstancia que no evitó que llegase lo alto que exigen los temas de Chantrice además de evidenciar ser un frontman camino de la solidez, exhibiendo un aura teatral que le sienta como anillo al dedo a la propuesta de la banda. A mitad de su descarga, se atrevieron a bajar las revoluciones con un medio tiempo que sirvió para coger aire antes de volver a subir el pistón y repartir tralla de la buena cerrando con el aclamado «Anastasia». Dejaron el listón altísimo y el escenario caliente para el primer asalto internacional, los teutones Pyracanda, por primera vez en España!!

Por exigencias del guion y los habituales corrillos en estos saraos, entré a la pista unos minutos tarde cuando los alemanes ya estaban repartiendo estopa con «Don’t Wait For», perdiéndome la emotiva presentación que hizo Nacho recordando a los Pounders caídos (DEP) según me contaron. Eran el plato fuerte en cuanto a caldear el pit se refiere y empezaban su hora con todo. Sonaron jodidamente clásicos!! Mucho pelo de punta en las primeras filas, y es que no era para menos. Dieron un repaso muy elaborado a sus tres largos con especial énfasis al clásico Two Sides of a Coín (1990). De repente soltaban «Delírium Tremens» y enlazaban con «Spoke in the Wheel» de aquel Losing Faith (2024), con el que regresaron al candelero tras 30 añazos, para saltar a Thorns (1992) con «The Dragon’s Cult» y así una y otra vez. El contraste visual también fue impagable la verdad, pero lejos del cuero y las tachuelas, los de Koblenz lucían unas pintas que recordaban más a unos alemanes veraneando en Mallorca que a unas leyendas del Thrash teutón de 1990, pero amigos, cuando pisaron el acelerador, la indumentaria dejó de importar. Con «Get Infected» aquello se puso a todo rabo, desatando la locura nuevamente en el foso, al igual que con otros himnos como «Democratic Terror» que presentaron como su tema flamenco jeje. La entrega fue tan absoluta que, a mitad del set, el vocalista Hansi Nefen y el bajo Dieter, en el centro del escenario, mostraban evidentes síntomas de agotamiento físico jejeje. Estaban fundidos, pero se estaban dejando el alma en cada tema con una sonrisa nerviosa perpetua. Tuvieron el detallazo de dedicar «Welcome to Crablouse City» a los Pounders a petición de estos. Un auténtico cañonazo que fue coreado a muerte y que no tocaban desde 1992. Cuando desde la organización les dieron el toque de que el tiempo se agotaba, tiraron una vez más de nostalgia para interpretar «Challenge Cup», la primera canción que escribieron en su carrera, para rematar la faena con el emblemático «Top Gun» que cerró un concierto orgánico, sudoroso y letal. Una experiencia inolvidable si sumamos el rato posterior charlando con ellos… Que tíos más majetes copón. Y otra demostración de lo que es un festival de club, confirmando que no es necesario traer bandas presentando un disco recién sacado ni ningún otro tipo de estrategia comercial, haciendo que el bolo de PYRACANDA fuese cantado y gozado de principio a fin al tener tan interiorizado ya Losing Faith. Algo que volvería a pasar con Wolf y con los siguientes en saltar a escena, PHANTOM SPELL.

Llegó entonces el momento de responsabilidad al militar en PMU y estar al servicio activo del underground, mi ineludible turno en la taquilla. En ese paso de turno, ahora puedo confesar que observaba a mis compañerxs mover los labios y señalar un A3 plagado de números tachados mientras mi mente y oídos escuchaban de fondo las primeras notas del delicioso Mellotron adictivo de «The Autumn Citadel». Ante el poco movimiento por la taquilla y en un ejercicio de escapismo profesional consentido (gracias Gema!), logré colarme en la sala para presenciar las enlazadas «Down of Wind» y «Seven Sided Mirror» del magistral debut Immortal’s Requiem (2022), que tocaron completo, además del apoteósico y sorpresivo final del show que fue pura hechicería. Es necesario recalcar que estábamos ante el debut absoluto de la banda en Madrid, un hito que muchos esperábamos tras caer rendidos a su propuesta en estudio con el reciente Heather & Hearth (2025).  Kyle McNeill es un artistazo con mayúsculas, un músico tocado por una varita mágica que ha conseguido escapar de la alargada sombra de su propia genialidad con Seven Sisters para dar vida a un alter ego musical fascinante. Su propuesta es un oasis de esoterismo progresivo donde los teclados analógicos y, muy especialmente, ese M4000, no son simples acompañamientos, sino los auténticos arquitectos de una atmósfera melancólica y envolvente con personalidad descomunal. Ese sonido de flautas y cuerdas procesadas nos teletransportó de golpe a la época dorada de Camel o los Genesis más pastorales en clave metalera. Pero la magia no fue solo individual al verle respaldado con una solvencia pasmosa por la columna vertebral de Chantrice, paparajote & chips, reforzando esa sensación de comunidad inquebrantable que respira este festival. Como decía, pude regresar a la escucha activa cuando sonaba «Blood Becomes Sand» con el que parecían despedirse tras la foto protocolaria desde el escenario, para sorpresivamente volver a salir y deleitarnos con su aclamado «Palantiri», que ahora sí (algún día contaré esta anécdota), completaba la hora larga de un debut soñado en la capital que dejó a todos enamorados y su puesto de merch tiritando.

Tras ese oasis de esoterismo progresivo, me aposté al fondo de la sala, cerveza en mano, para paladear con perspectiva el concierto de BLAZE. Los japoneses venían a España por primera vez precedidos de una exclusividad casi mítica, y no defraudaron en absoluto. Hay que poner en contexto que estamos hablando de una auténtica institución del underground nipón. Una banda nacida en Osaka a finales de los 90 que, tras volar cabezas con su debut homónimo en 2007, nos ha hecho esperar casi dos décadas para parir su flamante nuevo largo. Pero lo que realmente hace grande a esta gente va más allá de lo musical y hay que destacar la total humildad y la absoluta predisposición para todo que mostraron con la organización y el público. Estaban visiblemente emocionados, viviendo cada minuto del festival con una ilusión contagiosa, casi como fans de primera fila que no se creían estar tocando en Madrid. Ya sobre las tablas, contemplar a los de Osaka con su perfeccionismo samurái y su devoción inquebrantable por el Hard Rock y la sagrada NWOBHM fue un auténtico gustazo. Los grandísimos Wataru y Hishashi (& co) centraron su primera parte del repertorio en dar un buen y necesario repaso a Out Through The Door (2025), arrancando con la dupla «Let the Right One in» y «Man in White Boots«. Sonaron elegantes, precisos y maravillosamente analógicos, encadenando otros cargados de rollo y melodía como «Rock’n’ Roll Man« o la grandísima «Picture on the Wall«. La banda venía ensayadísima y, además de poses para el recuerdo, destacó especialmente a nivel técnico, clavando cada pasaje en temas vibrantes como «Thrilled to Pieces«, o en temazos de su debut como «Right in White Light« o la genial «Wiseacre in the Land«. Como suele pasar en este tipo de eventos, la dictadura del reloj hizo de las suyas y echaban el cierre por todo lo alto con «Underground Heroes«, un trallazo final cuyo título bien podría servir como el lema oficial de esta edición del Pounding. Una de esas oportunidades que se dan una vez en la vida y que justifican por sí solas el precio de la entrada, confirmando que la espera por su nuevo material y por verles en nuestro país ha valido cada maldito segundo. Acabábamos de ver un unicornio en la Revi…

Para poner el broche de oro a la jornada, irrumpieron en el escenario los suecos WOLF, los guardianes incombustibles del acero tradicional que casi todo el mundo, a priori, quería ver en la Revi Live esa noche. Sensación que había ido cambiando según pasaban los minutos. A pesar de que este ha sido mi quinto Pounding Metal Fest, siempre me quedará la espinita clavada de no haber estado presente en aquella mítica edición de 2010 que los propios Wolf recuerdan en sus entrevistas como uno de los mejores conciertos de su vida… Niklas Stålvind trajo a Madrid una auténtica formación estelar flanqueado por la técnica elegante e impecable de Simon Johansson a la guitarra (actualmente en Soilwork y con Tiamat en vivo) y respaldado por una base rítmica que es pura aristocracia metálica europea, con el maestro Pontus Egberg destrozando el bajo (actual bajista de King Diamond) y el metrónomo humano Johan Kollberg a la batería.

Wolf, defensores del metal clásico desde Örebro en 1995, empezaron con todo, sin miramientos. Fue una descarga implacable, saliendo con «Shoot to Kill» para ejecutar un repertorio perfectamente equilibrado con el que dieron un repaso a su extensa carrera de 30 años. En un principio la cosa pintaba a presentación del brillante Shadowland (2024), del que solo tocaron 3 temas, y acabó en recital de hitazos sin pausa. Pasaron por «Shark Attack», la onanista «Hail Ceasar» o la primigenia «Evil Star» hasta llegar a un ecuador en el cambiaron el aura, que dicen los chavales ahora, a modo «jugamos de nuevo en casa». Que puesta en escena tan cojonuda, sobria pero amenazante, acentuada por el toque macarra de ver a Simon Johansson y a Pontus Egberg destrozando una guitarra y un bajo de un pulcro color negro mate. Aunque mis obligaciones me reclamaron de nuevo momentáneamente, el rato que estuve frente a ellos fue avasallador. Me volaron la cabeza con la oscuridad envolvente de «Voodoo» y la velocidad cortacuellos de la épica «The Raven». Se despidieron reventando con un brutal «Skull Crusher», para salir al bis con «Speed On», firmando un súper cierre para otra velada mágica de delicioso metal underground en Madrid. Despedirse de la peña, por segundo año consecutivo con una banda sueca, con ese sabor ferroso de la sangre y el aroma de victoria y revancha han hecho de esta edición otro evento inolvidable, al menos para mí.

El Pounding Metal Fest XVIII ya es historia, pero no se puede echar el telón a esta crónica sin rendir un merecido homenaje a quienes hacen posible esta locura año tras año. Hay que aplaudir la enorme labor y el curro incansable de todos los voluntarios de PMU, así como ese ambiente inigualable de pura hermandad y buen rollo que convierte al festival en una zona libre de egos. Mención de honor, por supuesto, para el técnico de sonido/Pounder (¡¡bravo Ferrero!!), que estuvo sencillamente increíble a los mandos logrando que cada banda sonara como un auténtico cañón. Toda esa pasión, el sudor y la camaradería vivida el pasado sábado en Madrid dejan una cosa muy clara, mientras sigan existiendo zumbaos dispuestos a dejarse el cuello por defender el Heavy Metal verdadero, el acero nunca se oxidará. ¡¡A por el XIX!!

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