Baest + Aephanemer + Blast Open. Sala Silikona (Madrid, 25/03/2023)

Texto y fotografías: Juan Carlos López Aguilar

Hacía bastante tiempo que no pasaba por la Sala Silikona. Las últimas experiencias audiovisuales no habían sido muy satisfactorias. Entre tanto se comentaba, en los mentideros habituales, que se le había dado una vuelta a este asunto y las cosas habían mejorado. Con dudas; ya que entre los comentarios de la gente, durante este personal impás, había de todo, como en botica;  me encaminé hacia allí, dispuesto a disfrutar de un bolo que presentaba un cartel a la vez extremo y extremadamente atractivo.

Se juntaban Baest y Aephanemer. Les acompañaban unos, reconozco que desconocidos para mí, Blast Open. La propuesta no podía pintar mejor. Si la velada sonaba bien y alumbraban los focos con un poquito de gracia ¡genial!. A primera hora la sala pintaba solitaria. casi parecía que los pocos asistentes jugábamos a las 4 esquinas. Dio tiempo a comprobar la dirección de deslumbre de los set de focos rojos y colocarse tranquilamente, con comodidad a pie de escenario y sin competencia por el mejor disparo (fotográfico).

No tardaron en subir los Blast Open y disponerse a descargar su Thrash Metal ácido y contundente. Vienen con su último trabajo, Spitting Blood, por bandera. De hecho, prácticamente lo clavan, dejando fuera sólo dos temas e incluyendo Blinded, de su anterior larga duración, They Destroy Our World. Lo tocan justo antes de acabar, a lo grande, con el que fue single de Spitting Blood, Trying To Escape. Puedo decir que me sorprendió la fuerza, el arrojo y la calidad de Blast Open. Sus composiciones se hacían interesantes y te atrapaban, con frecuentes cambios de ritmos, paradas, arranques, perfectamente orquestados.

Son los Blast Open, posiblemente de los mejores primeros teloneros que he escuchado últimamente. Hubo poco tiempo para disfrutarlos pero en el que estuvieron ahí subidos, hubo de todo. Sacaron riffs abrasadores, un machaque de batería demoledor, solos muy bien encajados y desarrollados, hasta se descolgaron con algunas armonías entre ambos guitarristas, que se paladearon muy bien. A las voces Nefta, comanda la faena con arte. Para colmo, el sonido, muy bien. No podía empezar mejor la noche.  A mí, puedo confesar, que con esta banda ya me había justificado el viaje. El tema que más me llegó, Pool of Blood.

Al comenzar la primera actuación, conté en torno a 50 personas, que ya no cabían en las 4 esquinitas del principio, pero aún así, se me antojaba poco para lo que se preveía. Tras el descanso de rigor y el impepinable cambio de escenario, subían a las tablas l@s franceses Aephanemer. Con una paridad de género, exacta, Aephanemer  disfrutaba al comienzo de su actuación de cosa así cómo del doble de esos 50 iniciales, pero ya se percibía un cierto chorreo de parroquianos, que iban llegando poco a poco.

Comenzó su turno Aephanemer liberando una base sinfónica que resultaría omnipresente a lo largo de toda la actuación; quizá demasiado omnipresente para mi gusto, más cuando el hecho era que las guitarras quedaban un poco enmascaradas dentro del conjunto. Esto sería así hasta el penúltimo tema en que, ¡por fin! la guitarra lead adquirió ese punto de volumen necesario para que todo sonara redondo. Ojo, cuando sonó, sonó a gloria con un tono cremoso que despedía la preciosa Warrior (tengo una fijación con esa forma de guitarra…) de Martin Hamiche y que a mí me resultó primorosa.

La pieza con la que iniciaron su intervención fue el tema que da título a su anterior álbum, Prokopton. De hecho, casi toda la representación versó en torno a este disco, desarrollando hasta 6 temas de los 9 totales de que constaba su set. A Prokopton le seguía el muy sinfónico The Sovereign. Fuera del asunto de la guitarra, sonaron bien, incluso más rudos de lo que puedan sonar enlatados. Realmente, me gustaron. Tienen una calidad excelente, con  Marion Bascoul haciendo un trabajo excelente a las voces y la banda arropando con solvencia.

Tras recorrer dos “cantecitos” de Prokopton, rompieron con Unstoppable y Le Radeau de la meduse. Al fin había llegado el momento de hacer un guiño a su último LP a través de su flamante single. La tónica fue, 2 temas de Prokopton, separados por uno o dos de otras entregas. El dueto Prokopton volvía de la mano de Dissonance Within y Back Again. Magníficos de nuevo, como durante toda la actuación. Es momento para recordar Memento Mori de su homónimo y del que ya habían tocado Unstoppable.

Encaramos la recta final. que como corresponde según el patrón, está basada en Prokopton. Son If I Should Die y Bloodline. Dos temazos en los que la banda se salió, con la guitarra recuperada para la causa, el sonido de Aephanemer se redondeó de la manera que debía haberse redondeado a lo largo de las 7 anteriores canciones. Dicen que bien está lo que bien acaba y acabaron a lo grande. Para entonces, había una entrada aceptable, pero aún quedaban bastantes huecos, lo que hacía muy cómodo el trabajo de éste, que escribe.

Nuevo descanso y a la vuelta, parecía que me había cambiado de día y/o de evento ¡Me esperaba una sala hasta arriba! Sufrí algunos problemas para ganar el escenario y posicionarme en lugar ventajoso para poder captar lo que sucedía arriba. Hay que tener en cuenta que, como es “poco arriba” (el escenario es un escalón altito), si no te colocas muy bien o llevas zancos, no pillas una foto en condiciones.

Me gustaría comentar esto tan curioso de llegar al final y en tal número. Una pena para las bandas que se dejan la piel, hacen un gran trabajo y son apreciadas por tan solo unos cuantos. Veo menos de afición y más de postureo, en esta práctica demasiado extendida en el mundillo del Metal Extremo al que tanta falta le hace el apoyo de todos. Pero bueno, cada uno con su ticket… Eso sí, cuando las bandas no puedan tocar, sólo quedarán reguetoneros y triunfitos, entonces, ¡no lloréis!

Sea como sea, el acontecimiento de la noche se cernía sobre la escena de la Sala Silkona. Baest saltaban al “ruedo” y la locura saltaba a sus pies. Fue demencial. Desde el segundo 0, Baest se ganó a un público al que no hacía falta calentar. Pogo, tras pogo los asistentes disfrutaban de cada tema. Subían al escenario, saltaban a la masa que los recogía como podía. Les metían los móviles en las narices, los cuernos, donde podían. Yo, reconozco que me llevé algún melenazo de Lasse Revsbech y suerte tuve de no llevarme un pedazo de la pala de su guitarra ni de la de Svend Karlsson entre los dientes, pero es que la sala se quedaba pequeña y la emoción rebosaba la pista y ascendía como olas “surferas” a la palestra, donde Baest hacían lo que querían con nosotros.

Simpatía, conexión, buen hacer, fuerza, camaradería… Simon Olsen además de cantar como Satanás en un buen día, ejerció de “sacerdote pagano” en una eucaristía de metal, y sudor como pocos. Fue un bolo indescriptible. Si te lo has perdido, espero poder transmitirte, aunque sea, tan solo una migaja de lo que se vivió la noche del sábado en la Sala Silikona. Un “no parar” de canciones que no dieron descanso en una recalentada sala.

Pero hablemos de lo que sonó aquella noche. El set recorrió su no muy extensa pero imparable carrera.  Es cierto que de Necro Sapiens cayeron 5 temas, pero es que es una joya, no sólo dentro de su discografía, sino que yo me atrevería a decir que en lo que atañe al Death Metal contemporáneo. El resto de la lista está muy equilibrado. De su último trabajo, Justitia; siendo este, un EP cargado de colaboraciones y con cover incluido; hubo 3 temas; resultaban imprescindibles, dado que salió el año pasado y ¡hay que moverlo!

El resto de sus álbumes tuvieron su correspondiente representación. No es extraño que con 4 trabajos en el mercado, de la calidad que atesoran,  tengan material de sobra donde elegir. Estos señores del averno son tan buenos que repartieron bien la carga entre todos sus trabajos y quedó una escaleta cojonuda.

Comenzaron la fiesta con As Above So Below. Perfecto para iniciar una sesión de Death Metal como ellos saben hacer. Guturales profundos, unas guitarras muy técnicas y en general un tema con muchos registros que hizo entrar en “más” calor a la velocidad de una olla express. De Venenum cayeron, además, GULA y Sodomize. A continuación era ya el momento de visitar su obra top, Necro Sapiens. del que se tocarían Abattoir, Meathook Massacre, Genesis y Goregasm. Danse Macabre, como primer larga duración, fue recordado a través de Ego Te Absolvo y Crosswhore. Finalmente, su última entrega, Justitia, estuvo presente con CreatureEcclesia y Gargoyles.

En todo lo que tocaron esta noche se pudo echar en falta éste o aquel temazo que te pone los pelos como escarpias, pero desde luego no sobró absolutamente nada. La sala se volvió loca y por fin, en la Silikona, pude ver un metalero, procedente del escenario, navegando por encima de las cabezas, a pesar de la escasa altura con la que cuenta. Los pogos no cesaron y creo que una fantástica locura se apoderó de todos y cada uno de nosotros.

Fue una velada exultante de fuerza, de metal, de técnica, de pasión y de buen rollo. Los Baest, brutales;  Aephanemer pusieron la nota más relajada de la noche y Blast Open, un feliz descubrimiento que dejó el listón muy alto desde el mismísimo principio; un sonido muy aceptable y luces que podían mejorarse pero dejaban un paisaje cuco… Siguiente mejora, la máquina de tabaco que no acepta billetes y tenía casi todos los productos agotados. Me costó un triunfo conseguir un paquete de “trujas”. Pero vamos, con lo vivido el sábado, y los tercios a 3,50… ¡Evento redondo!

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