Banda:MORDOR RUIDO Disco:MUNDO FUNESTO Sellos: Quintessence Metal Club/Potencial Hardcore/Ruido Noise/Dealer Records Gamonal. Año:2026

Por Scheitan

Si hace unos meses analizaba el Molestar General (2026) de Mamá Ladilla como ese espejo satírico que nos restriega las miserias cotidianas para hacernos reír por no llorar desde hace más de tres décadas, lo nuevo de Mordor Ruido es exactamente el reverso de la moneda. Aquí no hay risas que valgan, aunque coincidan en que ambas caras de la moneda forman ya parte de mi propia cotidianidad. Mientras unos tiran de sarcasmo para radiografiar la estupidez diaria, los orcos te revientan los tímpanos escupiéndote a la cara los horrores reales y sangrantes de este cochino mundo funesto…

Hablar de la escena extrema estatal sin cuadrarse ante Mordor Ruido es una falta de respeto intolerable. Mientras otras bandas se diluyen en el tiempo o ven cómo se desmorona su estructura prefabricada, el núcleo duro de la formación madrileña ha demostrado lo que significa mantener viva la llama del Crust y el Grindcore a base de puro esfuerzo, constancia y un par de cojones bien puestos. No es fácil cumplir 35 años escupiendo rabia de esta manera. El verdadero punto de inflexión en esta última etapa lo marcó aquel devastador Sin Salvación, publicado por Potencial Hardcore en 2023 y reseñado por aquí; un trabajo providencial donde Tachus y sus secuaces plantaron cara a las adversidades y definieron por fin las líneas maestras de su sonido contemporáneo. Hoy, tres años después de aquel zarpazo, entregan un Mundo Funesto que rezuma odio de clase, violencia sónica y una actitud antifascista inquebrantable.

Para lograr este impacto, la banda se encerró en La Puerta Negra Studios bajo la dirección de Jorge Matute, dejando la mezcla en manos de Dr. Weaver y una masterización final impoluta a cargo del infalible Javi Félez en Moontower Studios. Y el salto cualitativo es demencial. Por primera vez en sus tres décadas y media de historia, el bajo de Miguel adquiere un protagonismo gordo, sucio, metalico y afilado junto a la batería de Ramón, que no deja un solo segundo de tregua, mientras la guitarra de Manu vomita riffs a caballo entre lo clásico y lo puramente memorable. Sobre esta carnicería instrumental, el inconfundible gruntazo de Tachus sigue siendo el arma definitiva de la banda, intercalándolo con ese alarido sanguacero de tendencia KamLeesca cargado de puro odio callejero. ¡Menuda bestia!

Toda esta hostilidad sonora encuentra su reflejo perfecto en el impactante collage visual creado por Yolanda Vaquero para la portada, una radiografía grotesca del colapso capitalista de los últimos años donde conviven el rictus del fascista Donald Trump, la hipocresía de la iglesia, el consumismo devorador y un feto con cráneo animal que nace ya condenado en este vertedero humano en el que vivimos. Destaco sobremanera la brillante inclusión del clásico Alex DeLarge (secuestrado por el fascismo futbolero, ndr) como un aviso explícito de que la ultraviolencia ya no es una distopía cinematográfica, sino el telediario que nos tragamos cada día. Y es que el disco es todo un manifiesto en el que Mordor Ruido se muerde la lengua menos que nunca contra la escoria que nos rodea. Un impacto visual que, cómo no, se derrama directamente sobre las letras del álbum, firmadas bajo una bandera estrictamente radical.

El mejor ejemplo de ello es «Nazionalismos», un corte crustero con un gancho increíble que aporta un punto bailable y coreable de la vieja escuela, donde pisotean a la extrema derecha al grito de «trapos de colores invocando himnos que apestan a fascismo», a modo de invitación directa a armarse frente a la intolerancia de quienes quieren devolvernos a las cavernas. Bajo esa misma línea combativa se desarrolla un arsenal de proclamas sin contemplaciones, destacando la ya disfrutada en vivo «Lavativa Cerebral» como un ataque directo al imperialismo y al genocidio televisado. La banda no esquiva las realidades más incómodas de la sociedad moderna, disparando contra la alienación tecnológica en «Involución» o retratando la apatía burguesa capitalina, y ascenso del neofascismo en la aplastante «Karroña» («te han dicho que eres libre, tomas cañas en terrazas…»). Del mismo modo, cortes como «Guerra» o «Falsa vida» están diseñados exclusivamente para que el moshpit acabe convertido en un auténtico baño de sangre. También sacan a pasear una juguetona ironía punky en «Tiempos de Mierda» para ridiculizar a esta sociedad de piel fina, mientras que recuperan el pulso asfixiante de su anterior etapa en «EDS (Esclavos del Sistema)», donde los balidos de ovejas ilustran a la perfección a una clase trabajadora totalmente lobotomizada. Incluso hay espacio para la crítica social más sórdida en «La Jaula», una composición atípica en su trayectoria que relata con crudeza una historia de violencia intrafamiliar y que culmina en una necesaria justicia poética.

Musicalmente, todo el trabajo se despliega como un muestrario de violencia rítmica donde se dan la mano el Crust acelerado, el Grind y ligeras cadencias del Hardcore Punk más pesado. Desde la asfixiante intro «Pervitín», el disco transita por la velocidad terminal y el ritmo ametrallador durante los 14 cortes originales, cerrando con el broche de oro de la empática «No Puedo Más». Esta última pieza es una composición 100% odio bailable, frenética y cargada de hostilidad que se despide de nosotros lanzando un necesario e imperativo S.O.S. en código morse. La guinda de este pastel de escombros la ponen dos versiones que ya venían tocando en directo, demostrando un conocimiento enciclopédico adquirido en aquella «era del imperdible» del género extremo. Reinterpretan primero «Domestic Prison» de los legendarios Disrupt, rindiendo homenaje a la banda de Boston que en los 90 cimentó las bases del Crust Punk politizado, combativo y anticapitalista, convirtiéndose en la banda sonora de todo centro social okupado que se preciara. Por otro lado, su asalto a «Dead Shall Rise» de Terrorizer sirve de homenaje directo a una de las piedras angulares del Grindcore mundial, cuyo álbum World Downfall de 1989 reescribió las leyes de la velocidad extrema gracias al trabajo de genios como Oscar Garcia y Pete Sandoval. Los madrileños inyectan a ambos clásicos una producción mucho más densa y aniquiladora, demostrando que dominan y fagocitan la historia del género llevándola por completo a su terreno.

Mundo Funesto se erige como el manifiesto definitivo de unos supervivientes que se niegan a claudicar ante las modas o el paso del tiempo. Mordor Ruido ha facturado el álbum más cohesionado, profesional y devastador de toda su andadura, demostrando que tras 35 años en las trincheras del underground estatal siguen manteniendo intactos los principios del «sin costureo, ni egos, ni ostias«. Un trabajo imprescindible para cualquiera que entienda el género extremo no como un simple pasatiempo musical, sino como un arma de resistencia cultural contra este mundo funesto, ya herido de muerte.

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