El pasado martes, 27 de junio, se nos presentaba un planazo en Madrid. En concreto, tenía lugar en la sala Silikona, que últimamente está albergando grandes bolos del sector extremo de este metal nuestro de cada día. Es cierto que el día de la semana no era el mejor para decidirse por la asistencia a conciertos de noche. No es de recibo que el caloraco de este final de mes veraniego, disuadía a “golpe de calor” a más de uno y de una de pensar en soltarse del pingüino y su frescorcillo. Es también verdad que, un concierto inmediatamente detrás de un Rock Imperium y con el Resu a puntito, a puntito de caer, se enfrenta a una competencia colosal, ¡pero qué demonios, los Mystifier estaban en la ciudad! Además, resulta notable la manera en que este evento ha logrado reunir a un público entusiasta. La sala Silikona ha sido testigo del crecimiento exponencial de conciertos de metal extremo a lo largo de los últimos meses. Esta tendencia parece no tener fin, ya que el ambiente y la energía de los asistentes hacen de cada concierto una experiencia inolvidable. ¡No se puede negar que la escena del metal en Madrid está más viva que nunca!

Nos encaminamos a la sala con una jornada de trabajo a la espalda contemplando el “satánico plan” de olvidarnos y disfrutar de lo que aconteciera en tan prometedor evento. De entrada, reconozcamos que no estoy muy acostumbrado a conciertos que carecen de teloneros. El grupo cabeza de cartel, se enfrenta solo, pero no desamparado a su parroquia, sin calentadores de ambiente. Otra cosa a la que no estoy acostumbrado es a que la actuación disponga de margen de tiempo, lo que le da un aire de relajación, imposible cuando son necesarios dos o más cambios de escenario o cuando es necesario coordinar varias bandas que suben y bajan, ponen y quitan… Os confieso que es muy refrescante, a pesar de la temperatura en la calle, a esas horas.


La experiencia, pues, por lo dicho en el párrafo anterior y, sobre todo, porque Mystifier dió una exhibición de Black Metal, que difícilmente olvidaré, fue muchísimo más que satisfactoria. En principio, parece ser que la parte negativa del evento que apunté en el primer párrafo, se impuso aplastantemente a la parte positiva que expongo en el segundo. La asistencia a la sala fue muy escasa. Comprensible, pero muy escasa. No llegábamos a 50 personas por más de un par de pies, lo que al principio inspiraba una cierta sensación de vacío deslavazado, pero creedme, Salvo para Kivents, los promotores, a los que no se les multiplican los ingresos, tan solo, por lo bien tocada que acabe la actuación, aquello no se nos antojó inconveniente desde el momento en que la banda se giraba, de cara al público y comenzaba a descerrajar acordes, mandobles de batería y gritos descarnados. Nos hipnotizaron y sentimos que la sala, sus asistentes y la banda éramos todo uno que crecía, se hinchaba y lo absorbía todo en una comunión diabólica que nos hizo verter babitas que si hubieran aprovechado los de la sala para pasarle un mocho al piso, no se nos seguirían quedando los pies pegados, frente al escenario, una y otra noche que caemos por allí.

Continuos eran los cruces de miradas entre unos y otros corroborando que lo que estaba sucediendo ante nuestros ojos y oídos se salía de la norma general. Una banda icónica de Black Metal, Mystifier, que ocupa puestos de honor en la escena mundial desde sus más “tiernos” inicios, ya con un primer álbum histórico e imprescindible como es Wicca al que siguió otra joya de igual o más quilates, Göetia. Ellos estaban machacando el escenario de la Silikona y nuestros cerebros con tal rabia, brutalidad, potencia, suficiencia exultante, calidad, precisión, sentimiento, coordinación, expresión, conexión y mil y un sustantivos más que ahora no me vienen al teclado, pero con los que quiero mostrar el nivel que alcanzó el espectáculo ¡Absolutamente soberbio!


La poderosa batería de Betto Apophis, que con maestría llevaba el ritmo haciendo temblar el suelo y nuestras cabezas. Diego Araújo, el hombre orquesta, cargado con su bajo flying, un minúsculo teclado y una desgarrada voz que acompañaba de una expresión impagable; rostros crispados, ojos en blanco; gritos y gruñidos furiosos; manos que rasgaban el aire dando más fuerza si cabe a la interpretación; implicación total, inmersión absoluta en lo que estaba taladrando nuestras cabezas. Una guitarra Fender Stratocaster blanca, con ese blanco viejuno que tanto llama la atención a los buenos degustadores de clásicos de las 6 cuerdas, en las manos de Adriano Caverna, lograba arrancar con sus dedos, unos sonidos ahora oscuros y descomunales, ahora agudos y punzantes, con unos desarrollos en los solos apasionantes, rápidos, a tiempo y exactos en momento y lugar ¡me erizaban los pelos de la barba! (que es dónde más hay, claro), seguidos por unas fases rítmicas que asentaban ese sonido grave siniestro y poderoso que nunca se salía de su justo punto y que me alisó la chiva durante todo el concierto, al tiempo que Armando Silva, auténtico totem magnífico de Mystifier y provisto de una Schecter de 7 cuerdas, modelo por el que yo tengo una especial filia, daba la réplica a las 6 cuerdas de Adriano.


Todos juntos creaban una atmósfera siniestra, satánica, maliciosa, llena de energía, sinceridad, honestidad, generosidad, y comunicación con los parroquianos; aprovechando las paradas “técnicas” para arengar, compartir y bromear con todos. Esto se transmitió y penetró con facilidad y rapidez en la gente que, no tardó en entablar diálogos disparatados y divertidos con los del escenario. Toda una fiesta diabólica que nos emocionó a todos, más cuando al acabar, la presencia de la banda en la sala, su ir y venir, charlando, disponiendo de una sonrisa y un abrazo para todos, los hizo más cercanos aún y más idolatrados.


Del set que presentaron… Para quienes no pudieron asistir, haceos una idea. Machacaron las dos mayores “joyas de la corona”, los referidos anteriormente, Wicca y Göetia, si bien arrancaron con el último LP Protogoni Mavri Magiki Dynasteia, que saliera en 2019, defendido desde entonces y como han podido, por las razones que todos recordáis y que yo prefiero obviar, porque ya huele… Hubo tiempo en una hora y bastante, que duró el concierto, para montar un cover del Nightmare de Sarcófago. Unas elecciones, en general, magistrales que conformaron una propuesta impresionante de una banda antológica que se crece en el directo, porque lo que se escucha en los medios físicos no le hace justicia a un directo apabullante, total, inmersivo, poderoso y definitivo.


Resumiendo, porque ya me voy alargando en demasía. Disfruté como un chiquillo de estos señores de lo oscuro provenientes de Brasil. Nos trajeron un diabólico resumen de su excelsa existencia en este valle de lamentaciones e hipotecas. Gracias por dejaros la piel, por vuestra profesionalidad, presencia, amabilidad, jovialidad y maravilloso hacer tanto sobre el escenario como al descender de él. Las grandes bandas y las grandes personas lo son en lo más alto y cuando se precipitan al abismo de los mortales. No lo dudéis, Mystifier son muy grandes. Si no pudisteis verlos, os recomiendo encarecidamente que no os los perdáis la próxima vez que arriben a vuestra ciudad o cerca ¡No os arrepentiréis!
Texto y fotografías: Juan Carlos López Aguilar.
