Desde la Cripta – BLOODLORD: Piedra inquebrantable a caballo entre 2 eras.

Por Sammael F. H.


Como comenté en el capitulo anterior de Desde la Cripta, nuestra estancia en la región bávara será algo mas larga de lo habitual. A pesar de la longitud misma de los artículos expuestos de mi letra y puño, cuya extensión viene dada de por sí en base a la carrera de la banda tratada. Siendo el común denominador la grandeza de la misma, al menos a mi parecer personal, independientemente de cuanto abarque su propio legado. Esta vez trataremos una banda que, aunque es bien tenida en cuenta por quienes la recuerdan, pues su primera demo caló bastante hondo en su día hasta donde puedo controlar pero, tal y como les llegó dicho reconocimiento, también se evaporó a medida que los tiempos avanzaron inexorablemente. Y con ellos ciertas actitudes o dejes dentro de nuestras Artes Oscuras de las que acudís a leer los textos que este humilde escriba os presta a hacer gala.

La siguiente tumba que vamos a visitar procedente de dichas tierras teutonas es una que, en su día, cuando dicha banda estaba viva, gozó del reconocimiento debido dentro de la parte más subterranea, underground, de la escena. Tanto alemana como europea hasta cierto punto. Se trata nada más y nada menos que de Bloodlord, cuyo primer trabajo es mencionado por auténticos Conocedores incluso a día de hoy. Dicho nombre proviene de las oscuras profundidades de la densa foresta de la región de Hanau, en la parte sudeste del estado federado de Hesse, Alemania. Tomando forma en aquel 1998 en el que la 2ª ola del Black Metal empezaba a tornarse como algo ya más que manido. Al punto de verse dicha corriente sustituida por una nueva vertiente, independientemente de ser mejor o peor, en un futuro no muy lejano.

Desde un principio Bloodlord estuvo integrado por 4 miembros de los que tan solo se conoce poco más que sus pseudónimos o nombres de guerra. Siendo los mismos Battlefight en guitarras, Bloodwolf en teclados, Destroyer como vocalista y Moonchild aportando voces femeninas. Lo primero a destacar es la falta de batería fijo en la formación. Siendo dos nombres los que cubrirían dicha labor. Respondiendo el primero de ellos al evidente pseudónimo de Lord Ragnarok. Hay quien afirma que Andreas Gutjahr fue también parte de Bloodlord pero, mas allá de residir en Hesse, personalmente no le encuentro sentido alguno. No solo se me hace chocante que un miembro fijo de Tankard desde 1998, el año en el que empezó Bloodlord a expandir sus artes oscuras, quisiera dedicarse simultáneamente a un proyecto novel de un género más extremo sin duda. Es más, los primeros grupos en los que Gutjahr estuvo presente, siempre como guitarrista, fueron bandas de cariz cristiano dentro del Heavy y el Power como Creed, Lightmare y Seventh Avenue. Lo que hace que dicho argumento caiga por su propio peso. Aunque visto lo visto hasta ahora en esta sección tampoco descartaría del todo algún parentesco familiar.

Una vez establecida la formación, aún con algún miembro de cariz temporal contando el hecho de no ser incluido en el propio libreto a posteriori, Bloodlord comenzó a canalizar sus inquietudes y esencia para así, materializarlo mediante artes arcanas y mundanas en un artefacto de cinta magnética y cromo, enfundado en plástico. Serenaden der Wälder sería el nombre de dicha primera incantación inicial. Desarrollada y producida íntegramente por ellos mismos, como cabría esperar de una demo en aquel entonces, en un mes sin determinar que, intuyo personalmente, sería entre otoño e invierno de 1998. A nivel técnico estamos ante un trabajo con 6 temas, intro y outro incluidos en los mismos, de algo más de 27 minutos de duración. Pero lo técnico así dicho es básicamente un aspecto superficial a la hora de querer describir que brindó Bloodlord en aquel entonces para cualquiera que se atreva a mover la losa y desentrañar sus secretos más profundos.

Tras la propia intro, que acompaña dicho calificativo con el titulo “A Rising Star”, íntegramente realizada con teclados de la época y con un corte tremendamente épico, re-estallan los primeros compases de “Final Sunset”, tema que te agarra y atrapa a través de riffs tan potentes y melódicos como épicos, llevándote a las profundidades de los bosques germanos, mostrando imágenes en una sucesión rápida hasta llegar a un claro, a eso del minuto 5 del tema. Es ahí donde entra un pasaje más acústico, donde se celebra una ceremonia de corte más pagano auspiciada por la voz de Moonchild, entrando a posteriori con fuerzas renovadas hacia la noche eterna precedida por esa puesta de sol final. Todo un himno para conocedores tanto entonces como ahora a día de hoy. Acto seguido “Soul of the Tyrant” procede con la fuerza aplastante de ya mentado tirano con una duración algo más contenida. En un tema de corte algo más clásico pero sin escatimar posteriores variaciones de ritmo y timbre vocal, cortesía de sendos Battlefight y Moonchild, aportando un nivel de riqueza increíble para una demo inicial. Detalle a mencionar es como se suceden los cortes con una naturalidad increíble, perfectamente entrelazados hasta llegar al corte establecido por el propio “Serenaden der Wälden”. Este tema supone una ruptura con lo mostrado hasta ahora, entrando en un deje más ambiental, con un poso mas melódico y profundo. Dando un protagonismo tremendo a las artes de Bloodwolf mientras Moonchild y Battlefight realizan conjuraciones que desatan la fuerza de las profundidades mas insondables de la densa foresta, en pos de aplastar la podredumbre en la que nos vemos inmersos día a día, queriéndolo o no. Auténtica magia oscura desatada compás a compás. Saliendo de dicho trance parcialmente, pero aún inmersos en todo el ritual, tanto espiritual como físicamente. “She” arranca con unos gemidos sugerentes para estallar en un arranque súbito de fuerza, aunando tanto timbres acústicos como distorsionados en una oda hacia cierta fuerza femenina a la que rendir culto tanto físico como espiritual mas que merecido.

Bajo la fuerza restante de las Luces Extinguidas, cae el cierre a modo de outro bajo ese titulo tal cual (“Extinguished Lights”), suponiendo así un cierre a lo que sería con todo una primera etapa de Bloodlord. Es muy curioso que diga esto de una banda con tan solo 2 trabajos pero, siendo honestos, su trabajo posterior supuso cambios tan abruptos como los que vivió la escena en sí. Comenzaré por lo que supuso 1999, no solo fue un año eufórico en términos generales, a los pies del comienzo de un nuevo siglo y milenio. Dicha euforia supuso una serie de cambios aún mas profundos dentro de las lindes de las Artes Oscuras del Black Metal, hasta el punto de considerarse los mismos para según que Estudiosos como el germen de una 3ª Ola. Tanto a nivel global pero, sobre todo, en los EE.UU. A raíz de dichos cambios ciertas convenciones hasta la fecha comenzaron a ser consideradas como obsoletas y, ya fuese por innovación o por mero aburrimiento, la experimentación derivó en sonidos más secos, más agresivos y en algunos casos, hasta completamente rupturistas con lo que se consideraba Black Metal.

Es en dicha coyuntura cuando Bloodlord prepararía y lanzaría As the Dragon Dances, un EP que vio la luz, una vez más, en una fecha sin determinar del año 2000 y, como no, lanzado por su cuenta y riesgo. Siendo esta vez un trabajo distribuido de manera privada que, me imagino dada la coyuntura, acabó siendo filtrado en la vorágine que supusieron las primeras redes online P2P de aquel entonces. Entrando en detalles más internos como la formación de la misma, se da a entender que dentro de Bloodlord en si también hubo un carácter tumultuoso, puesto que el único miembro que aparece en créditos es un nuevo batería, Graf Nomod. Pseudónimo por el cual responde Tony DeSimone y quien también acabo siendo batería de otras bandas de la escena extrema germana como Discreation, Skidbladnir, Apsis y, a día de hoy, Journey of D. C..

Lo primero que uno escucha cuando la inmensa “The Dragon’s Flight” arranca de súbito, es una producción mas “limpia”, “profesional”, hasta aséptica en comparación con Serenade der Wälden. También se percibe un sonido más agresivo, más directo y, físico si se me permite decir. Perdiendo de vista por completo elementos épicos, etéreos y ambientales en todo el proceso. Parte de ello se debe a la completa falta de teclados como más adelante podremos comprobar a lo largo y ancho de los 3 temas de dicho EP. Lo cual evidencia que Bloodwolf no está presente, siendo con Lord Ragnarok las probables dos primeras bajas y, hasta cierto punto, un presagio de cosas por llegar. …Pero no adelantemos acontecimientos pues aún hay bastante que desgranar.

A lo largo y ancho de los casi 10 minutos de este tema inicial nos vemos sacudidos por demasiados cambios en comparación. Aparte de los ya mencionados tambien puede oírse la voz de Moonchild pero, no como cabría esperar. La evocadora voz, que por momentos era más propia de una Maestra Sacerdotisa o incluso de una deidad de la naturaleza, ahora se reduce a soltar versos, a modo proclama o como versos adicionales, a través de la distorsión de un megáfono cada tanto en cuando. Supongo en pos de encajar con la nueva vertiente más agresiva que encarna Bloodlord en si, aunque no deja de ser una lastima visto el tremendo potencial vertido en dicho 1er Eon. Dicha labor también la oiremos en los temas posteriores “Christian Blood” y “Antichrist”, que bajo nombres bastante convencionales para con el género proveen la otra mitad de unos 20 minutos de duración en total. Siendo al menos mi conclusión personal que se trata de un trabajo convincente, sobre todo en cuanto a variación dentro de cada tema, tanto en parte instrumental como en ritmos y labores de Battlefight. Pero a pesar de todo lo bueno que se pueda decir, sin duda no es para nada realmente excepcional. Cayendo fácilmente como otro producto más de la época aún sin entrar en comparaciones odiosas con hitos por desgracia ya pasados para Bloodlord.

Este EP nacido a través de un cauce tan agitado imagino, no trajo precisamente más que eso mismo, pues poco después en el 2001 Bloodlord dejaría de existir, sin dejar rastro alguno más allá de lo poco que se puede recabar aquí y allá. Su legado más reconocible es la propia demo Serenade der Wälden por motivos más que obvios, siendo la escucha del posterior As the Dragon Rises un trabajo más digno de arqueología audial, incluso dadas las facilidades propias de esta era de la des-información. Todo hasta el punto de que Serenade… fue re-editado en sendas ocasiones. La primera de una manera tan cuestionable como lo es el propio sello Medieval Werewolf Antiquarium de Albania en el 2018, con una tirada de tan solo 10 copias en CD-R’s como venían a ser la mayoría de sus ediciones. Y algo más adelante en Marzo del 2020 de una manera mucho más apropiada por el conocido entre entendidos de la materia Livor Mortis, suponiendo a su vez su salto a vinilo. Cosa que sin duda muchos Eruditos de estas Artes Oscuras agradecieron como es debido, sobre todo por el hecho de tratar una vez más con una edición limitada bien cotizada cada vez que alguien se ve en la necesidad de deshacerse de su ejemplar, por el motivo que sea.


Con poco más que añadir, este humilde escriba se despide no por mucho tiempo una vez más. Dos han sido las gemas soterradas por el polvo y las cenizas, amen de otras fuerzas telúricas y el olvido colectivo, tratadas hasta ahora. Prometí una tercera y siempre cumplo con mi palabra a menos que haya un mínimo interés genuino en la misma. Es muy probable que esta sea sorpresa total para propios y extraños tal y como lo fue para mi en el momento de desenterrarla por muy cuenta y riesgo. Cosa que no sucedió hace mucho tiempo, contando desde entonces a esta parte. Esto sin duda sirve de adelanto, sin demasiada intención de crear expectación con todo, para la última pero no por ello menos interesante a mi juicio parte de este pequeño viaje por tierras germanas.

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