Por Scheitan / Fotos de Kulture Wakeup
No tenía intención de escribir esto. De verdad. A veces, cuando estás en el ajo de la organización, prefieres vivir el caos desde dentro y dejar que los amplificadores hablen por sí solos. Pero lo vivido el pasado 28 de febrero en la Sala Silikona fue demasiado grande para enterrarlo en el silencio. En una noche donde Madrid escupía conciertos por cada esquina, el underground más crudo y honesto reclamó lo suyo. Y allí estaba yo, dividido, sin medios acreditados para que contasen la carnicería sonora vivida, que me devuelve la fe en la escena extrema nacional más subterránea.

Lo que comenzó como una «loable propuesta que amenaza con perpetuarse» allá por el Vol. II (crónica aquí), se ha convertido en un ritual de ruido obligatorio para la parroquia extrema con Quintessence Metal Club ya como parte de la organización del Vol.III (crónica aquí). Ver la sala tan llena en esta cuarta edición, que sobre el papel podía pecar de demasiado local, me provocó una emoción que te cagas. La verdad es que la cosa fue coser y cantar gracias a la predisposición de las bandas y a esa unión del underground madrileño como claves, que diría Ferreras, sumado a una pluralidad en el público donde heavys, hardcoretas, punkis y metaleros de todas las edades se fundieron en un pogo fraternal.
Y la otra clave, con nombre y apellido, fue Simón Da Silva como arquitecto del caos. Hay que hablar siempre del sonido, y en Silikona más todavía. Lo que volvió a conseguir este tío fue descomunal, con un sonidazo nítido, pesado y cortante. Gracias a su trabajo, la peña pudo olvidarse de si el bombo sonaba o no para centrarse exclusivamente en administrar sus fuerzas y no morir en el intento de sobrevivir en el pit.





Abrir fuego nunca es fácil, y menos con la presión de traer a un batería de reemplazo. Pero MØTH jugaba con red con Unai (Hydra) a las baquetas. Un nombre de plenas garantías en la escena joven, que fue el motor perfecto. Pese a la inquietud inicial, el quinteto despachó su EP The Nature of Hate completo con una agresividad y solvencia que dejaron a las más de 100 personas presentes con ganas de mucho más (literalmente, ¡no tenían más temas en la recámara!). Rompieron corazones a base de tralla y recibieron elogios de todo tipo, especialmente su guitarrista Entero, que con una técnica y un sentimiento brutal dejó a la peña boquiabierta. Deseando estoy de escuchar ese nuevo trabajo que se traen entre manos. Hay relevo generacional, y tiene forma de polilla…





Había mucha hambre de HINDRANCE tras un tiempo en barbecho, y la respuesta fue un foso hirviendo para recibir a estos veteranos que bien podrían haber sido el plato principal. Lo que vimos sobre las tablas fue una lección de ética underground. Su guitarrista, Alfredo, salió a tocar con un dedo roto, demostrando un esfuerzo y una devoción que solo se ven en el extremo más auténtico. Repasaron su discografía con 16 cortes demoledores que arrancaron con la dupla que abre su espectacular When You Least Expect It (2024) «Wet Dreams, Wet Floor», *»Darkness Comes for Everyone» , «Retarded Bastards» y «Terror Come From The North» o la técnica «Insalobrious Surgery» de aquel Death Beyond Sadistic Behaviour. Tras el vendaval de «Spittle» de Rebirth, se marcaron una versión de los suecos Entombed («Carnal Leftovers») que puso la sala patas arriba además de tocar un par de temas nuevos antes de encarar el final con «Gordas Sin Tetas». Un Ernesto espectacular a la guitarra y su gruntazo que nos quemó literalmente la cejas a las primeras filas. Cada vez que cogía aire todos a temblar!! Death Grind de primerísimo nivel!! La conexión aquí era total, y más con lo que se venía, ya que son bandas colegas con más de tres décadas a sus espaldas. El propio Makoko, actual batería de Hindrance, militó en su día en las filas de Mordor Ruido, cerrando un círculo de hermandad que es el verdadero pegamento de nuestra escena.




Y llegó el momento de la cita anual con los maestros del ruido, que este año celebran nada menos que su 35º aniversario, tal y como ya esperábamos con ansia desde la edición anterior. Con la sala al borde del sold out y una temperatura de fundición, MORDOR RUIDO tomó el escenario. Personalmente, es en las pocas fechas al año en la que me permito perder los papeles en el pit y darlo todo. Con los primeros misiles cayendo sobre Teherán esa misma jornada, la atmósfera estaba cargada de una electricidad sombría y cabreada. Al poco de arrancar, con la presentación de «No Pasarán» le planté a Tachus una pegatina antifascista que lució con orgullo durante todo el show, recordando que aquí el lema «Grind is protest, Crust is fight» se lleva por bandera.
Tachus demostró un nivel de técnica y concentración estratosférico, guiándonos por un setlist de infarto que nos hizo sentir el genuino Crust por las venas. Abrieron fuego con la nueva «Pervitín», y entre clásicos como «Sal del gueto», «Kaos» u «Ruido de Orkos», nos ametrallaron con más material nuevo de su inminente disco Mundo Funesto como «Lavativa Cerebral», «La Jaula» y «Falsa Vida». El bloque final con «El Temblor» (himno coreadísimo) o la cover de «Bullshit Propaganda» fue la locura total, pero aún quedaba el golpe de gracia ya que contaron con el tiempo «donado» por MØTH. Una versión de los míticos Disrupt («Domestic Prison»), seguida de «Instintos Homicidas» y el cierre definitivo con «El Exterminador». La banda estuvo de 10 con Manu, el nuevo guitarrista, que se salió conectando con el público increiblemente en su segundo bolo, mientras que la base rítmica de Miguel y Ramón Mur fue un cañón de artillería pesada durante todo el show.

La cuarta entrega de Extreme Lobotomy Party no solo ha revalidado su estatus como una de las citas imprescindibles del calendario subterráneo madrileño, sino que ha trascendido para convertirse en una celebración de la resistencia cultural. Salimos de la Sala Silikona con los oídos pitando, los músculos doloridos y el alma recargada, sabiendo que, mientras existan bandas con esta integridad y un público con esta pasión, el underground es invencible. La quinta edición ya se gesta en las sombras. Si estuviste allí, sabes que Madrid volvió a ser la capital del ruido. Si no, al menos, siempre te quedará leerlo por aquí.

Julio, el primer bajista de Mordor, también fue bajista de Hindrance varios años. El undeground es una gran telaraña…
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