Previa – LUCIFER + VIADUCTO (Sala El Sol 26.08.26, Madrid)

Por Elros Alcarín

Cuando las influencias dejan de importar

Llevo tiempo siguiendo a Lucifer, aunque todavía tengo una cuenta pendiente con ellos: nunca los he visto en directo. El próximo 26 de agosto tendré la oportunidad de solucionarlo en la Sala El Sol de Madrid, junto a los madrileños Viaducto. Mientras recuperaba estos días sus discos, me he dado cuenta de algo que explica bastante bien por qué tengo tantas ganas de verlos.

Al principio era inevitable reconocer sus influencias. Black Sabbath, Blue Öyster Cult, Pentagram… forman parte de un paisaje musical que Lucifer nunca ha tenido demasiado interés en esconder. Johanna Platow ha hablado abiertamente de algunas de ellas y basta recorrer sus cinco discos para encontrar doom, hard rock de los setenta, psicodelia y esa oscuridad que acompaña al grupo desde sus comienzos. Según avanzan las escuchas de sus trabajos las referencias se diluyen y escuchas una banda con personalidad propia. Lucifer.

Conseguir alejarse de sonidos tan reconocibles tiene bastante mérito cuando trabajas con materiales que conocemos desde hace medio siglo. El hard rock lleva toda su historia alimentándose de sí mismo y tampoco veo ningún problema en ello. Me gusta precisamente esa música que conserva algo del pasado cuando detrás existen canciones y alguien capaz de hacerlas propias. Lucifer ha sabido hacerlo. Su primer álbum tenía un peso doom mucho más acusado. Después llegó Nicke Andersson y la música fue abriéndose hacia melodías más inmediatas y una concepción más amplia del hard rock. Escuchar hoy Lucifer I y Lucifer V permite reconocer ese recorrido sin necesidad de estudiar demasiado la discografía. El grupo ha cambiado y, al mismo tiempo, sigue resultando familiar. Lucifer V, publicado en 2024, probablemente sea el punto donde mejor conviven todas esas facetas.

En medio de esos cambios siempre ha estado Johanna Platow. Nicke Andersson lo explicaba de manera bastante sencilla en una entrevista de 2024: Lucifer es la banda de Johanna. Después de cinco discos resulta difícil discutirlo. Su voz es una parte esencial, aunque su presencia va bastante más allá. Interviene en el imaginario visual del grupo y ha descrito la discografía como capítulos de la vida de la banda y de la suya propia. Esa implicación ayuda a entender por qué Lucifer ha mantenido un carácter reconocible incluso después de atravesar distintas formaciones. Y precisamente ahí aparece una de las razones que más curiosidad me despiertan ante el concierto de Madrid. La banda que acompañó a Johanna durante los últimos discos quedó atrás y en 2026 estamos viendo otra encarnación del grupo. Su concierto de abril en la Sala Upload de Barcelona fue una de las primeras oportunidades para verla en acción. Las impresiones fueron curiosamente distintas: mientras algunas crónicas encontraron una formación renovada y convincente, otras percibieron todavía falta de rodaje y compenetración. Lejos de quitarme las ganas, eso hace el concierto más interesante.

Quedan unos días hasta el 26 de agosto y prefiero llegar a la Sala El Sol sin consultar repertorios recientes. Después de tanto tiempo escuchándolos, parte de la gracia estará en reconocer las primeras notas de la siguiente canción. También quiero descubrir como suena Lucifer a pocos metros, como funciona Johana fuera del estudio, no solo en el aspecto vocal, también en cuanto a imagen y show. Tengo ganas de ver que ocurre con esas canciones cuando dejan los surcos y se apoderan de las tablas. Supongo que esa curiosidad es una de las razones por las que seguimos yendo a conciertos aunque conozcamos perfectamente la música que vamos a escuchar. Yo llevo tiempo (bastante) esperando este.

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